Guays en las redes, no tan guays en su trabajo

Aprovechando que la semana pasada recibí un mail de una compañera, que se halla en un centro educativo, antaño dirigido por un personaje con mucha actividad en las redes sociales y con don de la ubicuidad (por la gran cantidad de cursos de formación que imparte y lugares a los que va a evangelizar), me apetece reflexionar acerca de las redes sociales y el trampantojo que suponen las mismas para poder discriminar a los buenos de los malos profesionales.

Fuente: Facebook

En el mail me comentaba que esa persona, aparte de brillar por su falta de empatía con el Claustro y la mano dura que ejercía frente a alumnado y resto de compañeros, resultaba curioso ver cómo se transformaba cuando hablaba en las redes sociales de sus alumnos y compañeros. Dice que, incluso en la actualidad, cuando muestra valoraciones en abierto de sus alumnos, las mismas no están basadas en la realidad. Una realidad que dista mucho de ser la que lleva mostrando desde hace tiempo y que, por lo que se ve, muchos están comprando. A mí me ha sorprendido porque, sinceramente, también pensaba en la bondad de esta persona y en su profesionalidad pero, debe ser que la imagen que me había formado de ella era totalmente falsa. Es lo que tienen las redes. Uno puede ser y parecer lo que no es. Y no se trata de un caso aislado.

Ello me lleva a reflexionar acerca de la necesidad de poner en barbecho a todo el personal que pulula en las redes sociales. Sí, también quiero poner en barbecho a aquellos que hablan bien de sus alumnos y te enteras de que, curiosamente, han dejado de asistir un porrón de días a su trabajo para irse a dar ponencias, certificarse por Google (resulta curioso que para certificarte como innovador por la multinacional debas acudir tres días lectivos a Madrid) o, simplemente, sean de esos que actúan como tiranos con sus compañeros y alumnado. Y sucede. Las redes son usadas por demasiados para difuminar ciertas cosas, dotar de imaginación a su realidad o, simplemente, intentar mostrar lo que no son.

Ir de guays en las redes sociales mola pero, sinceramente, mola mucho más ser guay en el trabajo.  Y que conste que no estoy criticando la necesidad imperiosa de hacer dinero de algunos, de aumentar el ego o, simplemente, de intentar venderse como marca personal. Eso sí, al igual que las relaciones intrapersonales se demuestran en espacios pequeños, la realidad de una profesión no se demuestra ante un auditorio al que ya se le ha vendido que uno es de una manera. Menos aún inventándose anécdotas de alumnos que no existen.

Un detalle, el que escribe estas líneas lo único que tiene claro es que es un profesional como tantos (ni mejor ni peor), que tiene un blog, una cuenta de Twitter y cuya profesionalidad solo puede juzgarse, este año desde el lugar de la deserción y antaño desde los centros educativos en los que he trabajado. Y, a veces he caído bien, a veces mal, a veces la he cagado, unas pocas ocasiones lo he acertado,… pero, ni he sido guay dentro ni lo soy fuera. Soy, como digo siempre, un docente no vocacional, actualmente desertor de la tiza, que intenta hacerlo lo mejor posible en su trabajo, con vida fuera de él y una gran familia.

Las redes no siempre dicen la verdad 😉

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