No hay nada más divertido que ver como, al final, para algunos todos son fachas. Das una patada a una piedra y aparecen mil fachas. Buscas en internet y, hasta hay algunos capaces de llamar a Stalin facha por, supuestamente, llevar bigote y estar en contra del colectivo homosexual. No olvidemos que las grandes razzias contra determinados colectivos se ha realizado por parte de unos y otros. Los regímenes totalitarios, encubiertos o no bajo monarquías parlamentarias o supuestas votaciones que siempre acaban perpetuando a alguien que, por ejemplo puede llamarse Castro, tienen sus curiosas e idénticas maneras de funcionar. Es el yo te doy cremita, tú me das cremita, un chaletito, un sueldito público y una maravillosa puerta giratoria. Algo que saben bien todos los partidos de nuestro país. Sí, he dicho todos. Otra cuestión es que hay personas honradas en todos que miren por el procomún.

Joder, ya me he otorgado el rol de facha por decir que no vivimos en democracia. Va, si a lo anterior añado que los tipos de supuesta izquierda que gestionan este país son unos aprovechategui, ya he añadido varios puntos más a lo anterior. Es que, al final, lo de facha es como el machismo. Todos lo somos por el hecho de haber nacido o haber nacido, por desgracia, con un determinado sexo equivalente al género. Por cierto, lo de la teoría de género es una estupidez. Y si uno mata, da igual que lo haga por uno u otro motivo más o menos justificable: es un asesinato. Tanto o más deleznable cuando se da en personas que tienen menos capacidad de protegerse que otras. Y creo que es fácil de entender.

Si cuestiono la existencia del Ministerio de Igualdad (por hemerotecas o, por considerarlo un Ministerio para dar un carguito con dinero público con múltiples asesores añadidos), a la Ministra por querer hacer una ley de género que atenta contra las mujeres o, simplemente, las declaraciones de su marido acerca de haberse guardado una tarjeta de memoria con fotos subidas de tono porque consideró que una mujer de veintipocos años no era adulta, también se me puede llamar facha. Hasta soy facha por creer que lo de Greta Thunberg como experta en coronavirus es vergonzoso. Bueno, ahí me pueden llamar desde facha hasta tener poco respeto por una persona que tiene un determinado transtorno diagnosticado. Es que, por lo visto, hay cosas que permiten que uno pueda justificarlo todo (su color de pelo, su raza, su sexo, su cuenta corriente, etc.).

El otro día, incluso, vi que llamaron facha a alguien que estaba en contra de la monarquía. Ahora estar en contra de la monarquía es facha. Al igual que estarlo contra Podemos, IU e incluso el PSOE. Fachas everywhere. El detector de fachas está permanentemente activado para algunos. Hasta es facha entrar en el mar sin notar el frío del mismo (antes de la hora sopa caldosa). Hay más fachas en nuestro país que personas porque, al final, para algunos todos son fachas menos ellos.

Cuestionar a Fernando Simón es ser facha. Cuestionar que haya miles de muertos en las residencias es facha. Y ya lo de ver incoherente que pueda irse por la playa sin mascarilla y, en cambio en calles vacías deba llevarse una, es de superfachorrón. No entro ya en lo facha que es uno por decirle a un propietario de un lindo can que recoja las necesidades de su mascota.

Ya sé que no haber escrito este post en lenguaje inclusivo me hace aún más facha. ¿Hay gradación de facherío? Creo que nos merecemos una Gestapo para detectar fachas porque, a ver si va a ser que empezamos a eliminar a todos los fachas que, como yo, pululan por las calles o por las redes sociales. Quizás la realidad sea mucho más simple y descubramos que los que llevan la palabra facha en la boca, lo hacen porque no tienen otros argumentos. A ver si va a ser eso…

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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