Evolución

Debo reconocer que, conforme va pasando el tiempo, estoy renegando de algunas ideas educativas que tenía hace unos años, adaptando otras y, finalmente, comprando otros discursos que no hubiera comprado, tan solo un lustro atrás, ni en pintura. Es lo que tiene, como sucede en cualquier ámbito de la vida, ir evolucionando conforme se van conociendo más las cosas, viendo cómo derivan algunas o, simplemente, pensando más allá del puro ombligo. Y ahora me encuentro releyendo cosas que escribí antaño que nada tienen que ver con mi manera actual de ver las cosas.

Fuente: Flickr CC

Tengo artículos en este blog defendiendo a capa y espada el uso de las extintas comunidades de Google, uso de Edmodo, críticas feroces a Moodle, amén de otras consideraciones acerca de lo necesario que sería demoler el sistema educativo para empezar de cero. Algo que no tiene nada que ver con mis planteamientos en la actualidad. Más que nada porque, al igual que el camino que algunos han hecho en sentido contrario, mi visión, sesgada como la de cualquiera, hace que vea ciertas cosas tras supuestas maravillas, me plantee muchos peros y, finalmente, tenga una concepción de la educación que va más allá del presente o del simple hecho del proceso educativo como tal. No sé si me explico pero, como digo siempre, esto es mi moleskine particular que tan solo sirve para que, en ocasiones, pueda reflexionar en voz alta.

He de confesaros que también tengo una ventaja para poder evolucionar: el no necesitar venderme y el no tener cortapisas de nadie porque, por suerte, soy uno de los privilegiados que pueden hablar libremente en este país sin miedo a represalias laborales. Algo que, mientras haga bien mi trabajo, sé que jamás voy a tener. Es positivo poder decir lo que uno piensa sin pensar en qué me pueden hacer o qué implica para mi cartera decir tal o cual cosa. No tengo necesidad de venderme ni sumarme al espectáculo educativo. Por suerte mis gustos son baratos y mis necesidades -y las de mi familia- están cubiertas con lo que gano haciendo mi trabajo. Un trabajo que estos dos últimos años me ha permitido conocer algo que me está sorprendiendo: el otro lado de la administración. Sorprendiendo, por cierto, para bien aunque, como siempre digo, hay cosas que mejorar en muchos lugares.

Me he hecho mucho más radical contra la irrupción de determinadas multinacionales en educación, contra determinados personajes que están vendiendo ciertas cosas, contra determinadas metodologías que se basan en complicar la vida al docente para obtener nulos resultados en el aprendizaje de los alumnos, …, contra muchas cosas. Curiosamente, también me estoy posicionando a favor del uso de determinadas herramientas “libres”, reducción del currículum, mejora de la formación artística y humanista, de la inclusión sin inclusividad y, mucho más permisivo en el uso de determinadas herramientas que, sigo considerando desprofesionalizadoras (como el libro de texto), pero que entiendo que, para el alumno es bueno tener una guía porque, por mucho que nos guste o no, si no la tiene se acaba perdiendo.

Tengo más utopías que nunca. Creo en un futuro sin segregación escolar, en una escuela pública de calidad para todos, una sociedad multiétnica y multicultural en la que los lastres culturales se vayan eliminando (sí, hay lastres culturales en todas las culturas), en una sociedad no controlada por los medios de opinión ni los intereses de determinadas multinacionales, en un aprendizaje en el que no importe si uno viene de una familia u otra y dote de las mismas oportunidades. No creo en la idea de educar para una profesión. Creo en la idea de educar para una sociedad. Para crear una nueva sociedad porque, al final, ¿no debería ser ese el objetivo básico de toda sociedad y las herramientas -entre ellas las educativas- de las que dispone? Crear una nueva sociedad, mejor que la que existe.

Sueño demasiado. Me encanta pensar a lo grande. Eso sí, para pensar a lo grande uno debe ir haciendo cosas pequeñas y, al final, cada decisión que uno toma forma parte de un todo que lleva a unos resultados determinados. Mi evolución quizás me ha llevado a creer más en ciertas cosas y menos en otras. Quizás me he pasado evolucionando en los últimos años. Quién sabe. A lo mejor dentro de un tiempo evoluciono de nuevo porque he visto que me he equivocado. O quizás no. No adelantemos acontecimientos.

Evolucionar siempre es positivo. El problema es cuando dicha evolución personal y/o profesional afecta a terceros de forma negativa. Y no me estoy refiriendo a debates más o menos encendidos acerca de si usar o no Google en el aula. Voy a lo que subyace tras determinados posicionamientos porque, al final, toda evolución nos lleva a un determinado lugar (a nivel ideológico) que, a pesar de ser único, tiene mucho de ubicarse en la defensa de un modelo social u otro. Las decisiones que tomamos nunca son neutras.

No me hagáis mucho caso porque hoy, al igual que me sucede habitualmente, he dormido bastante mal. Además, como ya sabéis, tengo la mala costumbre de reflexionar en voz alta por encima de mis posibilidades.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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