Escuchemos a Victoria

No he podido resistir el impulso de contraponer al encumbrado a los altares Mark Prensky, acuñador del que se ha demostrado falso concepto de nativo digital, a Victoria. Victoria es docente. Docente con veinte años de profesión (y profesionalidad) a cuestas. Docente que lleva un bagaje real de aula superior a cualquiera de esos Prenskys, Gardners, Robinsons, etc. que son tan manidos de traer para que den una conferencia a un auditorio entre bobalicón y plagado de fanboys. Artistas de la conferencia y especuladores del aula. Maravillosos ponentes de palabras grandilocuentes y de frases cuyo calado lleva a que sean reproducidas en multitud de medios. Lamentablemente no son como mi Victoria. Una Victoria que comente grandes errores (y aciertos). Una Victoria que acaba cansada de su quehacer diario. Una Victoria que, como Alicia, Juan, Carmen y muchos más, pisa la realidad. Pisa y conoce problemas. Resuelve situaciones, se enfrenta con la tarea más difícil: la de la gestión de un aula plagada de niños o adolescentes.

Fuente: http://www.asexoria.net

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Yo quiero escuchar a Victoria. Me interesa bastante más oírla que visualizar un vídeo animado maravilloso, realizado con la tecnología más potente, que nos hable de cómo mejorar el sistema educativo. Quiero verdades, no quiero utopías fantásticas. Quiero problemas, quiero soluciones pero, especialmente, quiero errores. Hablar tiene una ventaja… siempre se puede manipular y adaptar lo que uno dijo. Actuar, lamentablemente, no tiene esa bula. Actuar es infinitamente más complicado que gestionar intervenciones ante un auditorio rendido de antemano.

Hay mucho docente al que se debería dar voz para hablar de problemas. Sin saber los problemas no hay base sobre la que ponerse a trabajar. Sin bases no hay estructura que aguante. Sin estructura imposible colocar un tejado que aísle las inclemencias meteorológicas porque, a la postre si llueve y no hay tejado, uno se moja. Y, en este caso, se mojan bastantes.

Necesito a Victoria. Necesito su sabiduría. Necesito saber qué hace y cómo lo hace. Necesito, en definitiva, a alguien humano que trabaje con humanidad. Necesito realidades y no ficciones. Necesito comida y no anuncios de restaurantes. Necesito escuchar algo que, quizás no sea tan bueno ni proceda de un fantástico orador, con suerte, me llene. Cada vez tengo más hambre y menos comida que llevarme a la boca. Cada vez escucho a menos agricultores y a más ingenieros. Sí, los ingenieros venden bien y quizás saben mucho pero el agricultor es quien da cariño a sus productos. Productos que son lo verdaderamente importante. Productos cuya cosecha depende de demasiados factores para poder ser controlados desde fuera del campo.

Si algún día se escucharan más a las Victorias y menos a los Prenskys quizás, y sólo quizás, habría posibilidades reales de mejorar la educación.

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