Entre brasileñas y tangas, al final me he decantado por los Chromebooks

Lo he estado meditando en profundidad mientras, en parte de mi neurona tenía superpuesta la imagen de unas bragas brasileñas y en la misma (sí, no es cuestión de abusar del espacio) el formato tanga. Y me he puesto a fabular acerca de qué tipo de artículo me saldría con esa inspiración. Lamentablemente, como me sucede habitualmente cuando voy a escribir de cosas chulas, se ha apropiado de la parte neuronal no usada el tema de los Chromebooks. Por democracia y esas cosas, ha acabado por votación popular de mi única neurona (bueno, de los clanes en los que se ha independizado), siendo el tema elegido el hablar de Chromebooks. Mierda de democracia diréis algunos. Pues va a ser que, en algunos casos como éste, para alguno seguro que lo es 😉

Además, me encanta trasladar un hilo tuitero a formato post porque, como digo siempre, Twitter es demasiado efímero para ser útil como moleskine de aprendizaje. Por eso, a algunos que nos gusta poder acudir pasado el tiempo a leer los despropósitos que hemos escrito y, así poder saber qué ingenuos éramos o, ya directamente, qué gilipolleces estábamos diciendo hace unos años, seguimos usando el formato blog como bitácora. Así también permito que todo el mundo rebusque más fácilmente entre mis desacatos en forma de artículo para cuando, de una vez, decidan nombrarme Ministro del ramo. O del ramillete. Ya veis que me conformo con facilidad.

Vamos a ver si me centro. Ahora los clanes de la ropa interior femenina están dando la tabarra de forma barriobajera, renegando de la democracia, para que escriba sobre esa ropa añadiendo el tema de los sueños humedos y/o pegajosos al asunto. Pues va a ser que no. Soy persona de firmes y hondas convicciones. Hostia, cómo ha quedado esto. Nada, para la posteridad.

Voy a intentar reflexionar again (ya veis que soy bilingual too much) acerca del uso de Chromebooks en educación. Y todo gracias a un “vendedor” del asunto, al que siguen muchos docentes y al que respeto como vendedor, que ha publicado el siguiente tuit.

Fuente: Twitter

La misma multinacional que garantizó que Google + lo iba a petar y que no nos preocupáramos jamás de los datos que teníamos ahí, está garantizando por ocho años las actualizaciones de sus Chromebooks. Equipos que, sin conexión a internet, son bastante inservibles y que tienen una doble característica frente a los que montan otro tipo de sistemas operativos: dependen del software de Google (sí, se pueden instalar otras cosas pero, por desgracia, de forma muy difícil y obligan a unos conocimientos técnicos a los que no todos están avezados -estoy hablando de alternativas a sus productos star-) y, por desgracia, no permiten fácilmente ser reaprovechados para meterles otro sistema operativo dual en el arranque. Se puede. Claro que se puede. Se han filtrado 70.000 fotos de usuarios de Tinder. Cómo no se va a poder. Pero, al igual que no todos pueden ligar (es el eufemismo del horario infantil) en Tinder salvo que mientan en la foto, tampoco todos pueden reconvertir un Chromebook en otra cosa.

Además, ¿por qué apostar por un equipo que garantiza solo ocho años (va, nos vamos a creer su publicidad) cuando tenemos software que funciona más allá de esa fecha y no depende de las multinacionales? Es que hay cientos de distribuciones Linux que, para lo que necesitan los alumnos y docentes, hay más que suficiente. Le pones un Mint y vuelan. Incluso poniéndoles una distribución educativa lo hacen. Y los problemas de configuración con diferentes periféricos los tienes más con el Chromebook que con otros sistemas operativos. Va, reto a que un Chromebook se pueda conectar a mi impresora (que, por cierto, aún no tiene ocho años).

Otra cuestión es el precio. Joder, si la máxima de un equipo informático es que sea BBBQS (bueno, bonito, barato y que sirva). Hay cientos de equipos a precio más reducido que los Chromebooks, con mayores especificaciones a nivel técnico (componentes más modernos, más capacidad de almacenaje, mejor procesador, etc.) mucho más baratos. Y también podemos encontrarlos igual de delgados que los Chromebook. Y del mismo color gris que a algunos mola mazo. Un detalle, en Formación Profesional, hay unas necesidades específicas de programas que solo funcionan bajo Windows. Ya si eso hablamos del uso que van a dar esos alumnos, a los que se ha obligado a comprar esa máquina tan actualizable, si estudian FP o alguna carrera universitaria. Sí, al trash. Directamente al trash. Buscad en el traductor de Google (sí, de Google) porque hoy me he venido arriba con el inglés.

Ya si queréis también hablamos de los datos de los alumnos porque, curiosamente, para que un Chromebook funcione, necesita un correo electrónico que va a estar asociado a una ID concreta. Algo que permite a la multinacional identificar quién está haciendo qué en qué momento. No, no me vale decir que ya tienen móvil con Android. Es que se ha de ser muy torticero para argumentar demagógicamente con un contraejemplo o derivando la conversación de los productos lácteos hacia, por ejemplo, el comunismo. Hablando de comunismo, seguro que alguno habla de que los que defendemos la privacidad de los datos de los alumnos y les quitamos la libertad de que los regalen, somos progres, barbudos y no nos duchamos. Bueno, algunos no gastamos mucho en colonia como otros. Es que, por más colonia que algunos se pongan, no dejan de heder. No, ya me he ido del tema Chromebooks, pero vuelvo para una traca final.

No veo las maravillas de los Chromebooks. Tampoco entiendo a aquellos docentes que hacen retuit del tuit que se muestra en este post. Creo que ya he dejado de intentar entender que les dan las multinacionales tecnológicas a algunos docentes porque, entre difundir o vender informes falsos/sesgados que publica la multinacional X en las que dice “que los alumnos que usan X aprenden más”, avalar los certificados y sentirse orgulloso de que les pongan un sello al rojo vivo entre nalga y nalga para indicar el nivel de experto en el uso de herramientas de Apple, Google, Microsoft, etc. o, simplemente, obviar los inconvenientes que supone venderse a una empresa que, cada día que sale en los medios, es para decir que se han filtrado datos, ha cerrado un servicio o, simplemente, está siendo denunciada por monopolio, es muy ilógico. Eso sí, tengo claro que si lo hacen es porque creen que han visto la luz. Hay tantas luces que todos hemos visto en educación que se han demostrado que, al dejar de pagar el recibo, se apagaban… que allá cada cual.

Estoy de vacaciones y, haciendo una breve concesión a mis clanes favorables a la redacción de un post acerca de ropa interior (que puede ser tanto masculina, como femenina), voy a usar una imagen destacada de un producto “hermano” muy TIC.

Si te apetece colaborar en mantener el blog o en los proyectos que tengo en mente…
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