Entornado por vacaciones

Ayer me autoconvencí para dejar de escribir en el blog hasta la última semana de agosto o la primera de septiembre. Tengo un montón de proyectos, relacionados con mi profesión, que de forma más o menos relajada estoy haciendo a lo largo de este verano. Y, sinceramente, para dar argumentos a los cuatro “inclusivos” de guardia o repetir, de forma ya cansina, lo mismo que digo siempre cuando hablo sobre educación, no vale la pena.

Eso sí, a diferencia de otros años, este hablo de dejar la puerta entornada. Ventajas de tener un blog en el cual no debo justificarme ante nadie si escribo o no. Al igual que tampoco me justifico acerca de qué escribo o cómo escribo porque, por suerte, no dependo de nadie para ganarme mi sueldo. Bueno, de mí y de hacer profesionalmente el trabajo por el que me pagan.

Ahora estoy viendo la playa, como estoy haciendo desde principios de julio, y no puedo menos que sentirme afortunado por poder despertarme con estas vistas. Con tener a la familia bien, después de algún sustillo y, por suerte, disponer de ese tiempo tan preciado que, por desgracia, se limita en mucho a lo largo del período laboral de uno.

Seguiré, como he dicho, dando las últimas pinceladas a algunas cosas que se verán en septiembre, rechazando propuestas que no me aportan, o que implican más tiempo del que puedo o me apetece dedicar y, aprovechando hasta el último almuerzo, la última gota de horchata o el último capítulo del libro antes de empezar el siguiente. El tiempo es lo más preciado que tenemos. Y tenemos que estrujarlo al máximo.

No es que necesite descansar de escribir por aquí. Es que tengo que obligarme a no hacerlo porque, aunque sea un vicio sano, no deja de ser un vicio. Vicios que deben autorregularse y controlarse por uno porque, al final, por sanos que sean, generan una especie de obligación autoimpuesta.

Seguiré en las redes, donde es más fácil articular no-debates desde la silla reclinable y, como siempre, disponible para que me enviéis correos o me escribáis cosas por las redes sociales (ahorraos, por favor, los insultos, que ya he llegado al cupo de buenas obras). Intentaré, como estoy haciendo, ponerme al día de esas cosas que os he dicho que tengo apalabradas. Especialmente porque ese “ponerme al día” es lo que me permite ese tiempo de que dispongo ahora.

Eso sí, como ya sabéis que lo hago todo por la pasta, acordaos de que, tal y como os he machacado insistentemente, en los últimos artículos, podéis donar para mantener este blog y permitir nuevos proyectos. Sabed bien, también, que ya me he forrado con los libros que he escrito, como dicen algunos y que todo lo hago por pasta. Bueno, va a ser que no. Pero así no les quito la ilusión.

Disfrutad de cada segundo. Vale la pena.

Lo más importante del blog es que os paséis por aquí, pero si queréis colaborar en su mantenimiento o haceros mecenas del mismo…

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