El potorro marental

Ya sé que si uno tiene interés por estas cosas y cree aún en la necesidad de que haya un organismo que regule, con mayor o menor fortuna, una determinada lengua, habrá acudido de forma rauda y veloz a buscar la palabra “potorro” en el diccionario. Bueno, algunos de mente muy sucia, habrán imaginado ya un determinado lugar, del que echan a todo el mundo cuando nace y que, para algunas personas es un lugar al que apetece regresar de forma reiterada. Pues no, la definición de la RAE del asunto es que el “potorro” es un simple salero. Chupaos esa. Bueno, he de reconocer que yo supe la definición correcta de casualidad hace un par de años. Es lo que tiene pasar por periodos (ya que estamos con temas de ortografía, se acepta con tilde o sin tilde) de mente sucia.

Fuente: Pixabay

Pues hoy, una vez ya realizada mi buena labor ortográfica del día, ofreciendo sabiduría a espuertas de forma totalmente altruista, me apetece hablar del “potorro marental”. Es que, ya puestos, me pongo a usar el lenguaje inclusivo. ¿Qué coño/testículo es esto de hablar de PIN parental? Que los amigos del lenguaje rancio y económico se nieguen a decir “todes” y que la traducción al femenino de Reyes Magos y Pajes tenga determinados problemas, no implica que no pueda usar el lenguaje que me da la gana. Además, ni soy académico ni, visto lo que escribo y la manera en qué lo hago, voy a ocupar nunca uno de esos mullidos sillones. Con lo que me molaría que me dieran la letra G. Por cierto, ¿cómo va lo de las letras? Porque nuestro querido Reverte tiene la silla T y no me cuadra para nada. No, no me tiréis de la lengua que, a mí muchos de sus libros y argumentos me gustan. Salvo cuando se le va la pinza, pero el que esté libre en Twitter de eso que tire la primera piedra.

Pero vayamos a lo que nos interesa. A hablar de esa gran aberración educativa para algunos, entre los que me incluyo, que supone la necesidad de que los padres autoricen por escrito las actividades extraescolares de sus hijos. Actividades, por cierto, incluidas dentro de los proyectos educativos de centro y avaladas en la Comunidad Valenciana (en otras hay otras siglas) por la PGA (Programación General Anual), donde se incluyen las actividades que van a realizarse a lo largo del curso y que están aprobadas por el Claustro y Consejo Escolar. No tengo claro si las aprueba el Claustro, pero sí que estoy seguro de que lo hace el Consejo Escolar. Un Consejo Escolar formado por toda la comunidad educativa (representantes de padres y madres, personal docente, personal no docente, alumnado y representante del Ayuntamiento).

Por lo anterior, ya chirría que una actividad que se ha aprobado por toda la comunidad educativa de forma democrática pueda ser echada para atrás. Seguro que ahora algunos acudirán a que se pisan los derechos individuales de los padres. A mí seguro que tampoco me gustan algunas de las decisiones que toman los políticos (unos y otros), pero me las tengo que tragar porque esto es democracia. Y sí, también tengo derecho a quejarme. Los padres y madres, por cierto, pueden presentarse para el Consejo Escolar. Es lo que tiene la democracia. Eso sí, también tienen que acatar las decisiones democráticas que se tomen en el seno de ese órgano. También, al igual que puedo hacer yo con las decisiones políticas, pueden quejarse. La queja está avalada por la Constitución. Esa que tanto les gusta esgrimir a los defensores del PIN parental.

Mientras las actividades aprobadas no vayan en contra de la Ley o sean inconstitucionales, no hay más que decir. Son actividades que van a realizarse. Sí, a mí tampoco me gusta que en determinados centros educativos se haya decidido aprobar actividades para llevárselos de procesión, a ver una comisaría de policía, etc. pero son decisiones que ha aprobado el Consejo Escolar, basándose en lo que han propuesto determinados docentes y/o Departamentos y que, además en caso de controversia, se han pasado al Claustro para que opine antes de llevarlas al Consejo Escolar. Es que lo del mito interesado de que “todos los docentes de la pública son progres y de izquierdas” se cae por su propio peso. Hay de todo como en todas las profesiones. En la pública, al menos, no te dan la plaza ni entras en listas por llevar un pin de un determinado partido político.

Claro que a mí me gustaría quitar la religión de las aulas e impedir que se hicieran determinadas cosas, pero no decido individualmente qué se puede hacer o no en los centros o, qué hace o no hace mi hija en su jornada escolar. Además, vamos a ser sinceros, los hijos e hijas no son propiedad de nadie. Ni de los padres, ni de los políticos, ni de los docentes, ni de la izquierda, ni de la derecha, ni de Facebook.

Si se quiere prohibir determinadas actividades en los centros, hay dos mecanismos: presentarse al Consejo Escolar y salir elegidos y, en las votaciones, tirar para atrás determinadas actividades o, la otra es cambiar la ley para prohibir, mediante Decreto aprobado por la mayoría de los diputados, que se puedan hacer ciertas cosas en los centros educativos. Hasta entonces, por favor, vamos a dejarnos de hablar de “potorros marentales” para ponernos a solucionar lo que tenemos que solucionar en educación. Que es mucho y muy importante. Y este tipo de debates agotan demasiado y son muy poco productivos para el procomún y el futuro de los chavales.

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Jordi MartíTania Recent comment authors

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Tania
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Pues yo hice, sin saber que se llamaba así, una petición de “pin parental” contra el uso de ClassDojo, fíjate tú por dónde… No estoy nada de acuerdo con lo que dices aquí, la verdad. Me niego a que se adoctrine a mis hijos en contra de cosas tan extrañas como “el amor romántico”. ¿Has leído el proyecto Skolae? Básicamente es adoctrinamiento en temas muy personales que desde luego no son incumbencia ni del Estado ni de los colegios. Si me da la gana soñar con el amor romántico (heterosexual, para más señas), es cosa mía, y si quiero ser… Leer más »

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