El paraguas amarillo

Acaba de empezar el curso y ya son muchos los medios que se hacen eco de metodologías “fantásticas” que permiten, sin ningún tipo de material de apoyo y, por el simple hecho de las ganas que les ponen los chavales y el trabajo que hacen determinados docentes preparando materiales, la excelencia educativa. Innovación a golpe de titular. Eliminación de libros de texto, paredes, uso de vídeos o, simplemente, mesas de diálogo para decidir qué quieren aprender los alumnos y de qué manera. El docente reducido a animador, creador de materiales audiovisuales o, simplemente, mesías de su paraguas amarillo. La verdad es que mola poder pertenecer a un grupo y que se distinga esa pertenencia desde un helicóptero que sobrevuele los centros educativos. Nada mejor que destacar ante el resto, criticar a los que no usan tu color o, simplemente, ir vendiendo a diestro y siniestro, ciertas cuestiones.

Fuente: ShutterStock

El problema de lo anterior es que, por mucho que estemos convencidos de que, el paraguas amarillo nos ayudará mejor a capear el temporal, lo importante es que el paraguas esté en buen estado. Confundir interesadamente el color con la funcionalidad de esa herramienta que, tan bien nos va para no mojarnos en día de lluvia, no hace que ese paraguas sea mejor. Y, seamos sinceros, ¿preferimos escoger un paraguas en función de su color o de las posibilidades que tenga el mismo para que no nos chopemos? Claro, lógico. A menos que a alguien le guste la lluvia y llegar bien mojado a casa porque, de pequeño tuvo un trauma con esos charcos a los que le prohibían acercarse, la mayoría del personal queremos no mojarnos. Menos aún cuando mojarse implica cambiarse de ropa. No, estar mojado no mola. Aún menos en temporadas en las que, por desgracia, el calor ya se ha ido a otros lugares y nos adentraremos en breve en un otoño muy variable a nivel climático.

El problema es que los medios sólo ven el paraguas amarillo. Sólo entrevistan al que, por determinados motivos, ha elegido ese color para destacar ante el resto o, simplemente, porque ha pervertido el color a la usabilidad del paraguas. No es malo que a uno le guste el color amarillo. Lo malo es que algunos intenten decirnos que el color amarillo, seleccionado entre muchos por una simple cuestión de apariencia, sea el que deberíamos llevar todos. Por lo visto si uno no lleva paraguas de ese color se moja aunque, que yo sepa, nadie se ha mojado por llevar un paraguas negro, azul o verde si se lo ha sabido poner donde tocaba.

Creo que voy bastante sobrado de paraguas este curso. Y me da la sensación que voy a ir usando uno u otro en función de su utilidad porque, al final, todo es cuestión de no mojarse y adaptarse al tiempo que haga fuera porque, a nadie con dos dedos de frente se le ocurre provocar una tormenta por el simple hecho de poder estrenar su paraguas amarillo. O quizás sí 🙂

No sé si me explico mal o es, simplemente, mis incoherencias más acentuadas en la vorágine del principio de curso pero, después de leerlo, no sé para qué uso de símil un paraguas cuando hoy va a hacer bastante calor. Podría haber usado, directamente, un bañador.
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Anonymous

Pues mira…antes de los paraguas , al menos en mi tierra, habìa ” corozas” ( especie de capa hecha con paja). Quizàs una de esas te ayudarìa a encontrar ese lugar q no quieres encontrsr en el siglo XXI. Por cierto, alguna vez igual disfrutaria de leer algo de lo que haces exactamente. Digo en clase y cuando no estàs repitiendo el mantra de q lo nuevo / diferente no te va. Ya està claro. Empecè a seguirte con ilusión pero… ( espero q no te ofendas) ya casi no te leo porque me resultas muy cansino y un tanto… Leer más »

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