El móvil como distractor

Hace tiempo que, salvo excepciones, no consigo sentarme tranquilamente más de una hora leyendo, cuando hace unos años era capaz de devorar, a lo largo de horas, capítulos de un libro. He perdido la capacidad de concentrarme en una tarea porque, cada cierto tiempo tengo la necesidad de consultar el móvil para ver si, en caso de haberlo silenciado, recibo un correo, whatsapp o tuit. Ahora, con el reloj que me regalaron hace un tiempo, ya giro en demasiadas ocasiones la muñeca para ver qué es lo que está llegando a mi dispositivo. Y tengo cuarenta y bastantes, con una capacidad determinada de abstracción, sin haberme considerado nunca dependiente de nada. Aún así…

Fuente: Flickr CC

Hoy ha llegado a mis manos un artículo acerca de un experimento de un profesor de filosofía con sus alumnos a los que “les daba un crédito adicional si renunciaban a sus móviles a lo largo de nueve días”. Los resultados fueron una mejora de la concentración, de las relaciones humanas y de la productividad. Además, es prácticamente idéntico a lo que observaba con los chavales que tenía en el aula. Más aún en centros donde el móvil estaba prohibido. Ya, lo sé. En ambos casos son casos puntuales y difícilmente extrapolables por no tener, tras estos experimentos “de ir por casa” ninguna evidencia científica que lo sustente. Pero no puedo dejar de preguntarme si realmente los móviles nos están atrofiando. Si esa ventana al mundo, de campos tan amplios e incontrolables, se está gestionando como toca. Más bien es si estamos gestionando como toca o, simplemente, su valor como distractor es el que se acaba primando por inercia. Es como el mando de la tele. Al final no acabas viendo nada porque vas saltando de canal en canal. Y ya no digamos cuando acabas usando el móvil mientras estás viendo algo en la otra pantalla. Ni nos quedamos con la película (o lo que estamos viendo) ni nos quedamos con lo que estamos haciendo con el móvil. La multitarea es un mito que algunos se han encargado de decir que existe. Y no. Nadie puede estar haciendo dos tareas a la vez con igual de eficacia. La eficiencia se resta. Más aún cuando una de las tareas implica un acto de interacción.

Si los adultos somos incapaces de gestionar los dispositivos (incluyendo a la mayoría de docentes), ¿cómo vamos a ser capaces de gestionar su buen uso en el aula? ¿Cómo vamos a potenciar su utilidad frente a su capacidad de distracción? No, no me vale vender edulcoradamente, como si cuando se usa el móvil en una actividad todos estuvieran “a tope” con la misma. No cuela. Y menos para un docente que ha dado clase. O para uno que tiene hijos en edad escolar. Joder, si ni los padres son/somos capaces de abstraernos del asunto.

Quizás la sociedad esté evolucionando hacia la integración del móvil en el uso habitual. Quizás el coste que vayamos a asumir de lo anterior se acabe compensando en un futuro. Quizás evolucionar hacia una menor autonomía, mayor dependencia y dificultad de concentración, tenga sus contrapartidas en positivo con una mayor automatización social. No lo sé. Lo único que sí que tengo claro es que el móvil no es una herramienta que, actualmente, mejore el aprendizaje. Ni para el alumnado, ni para las personas que ya tenemos unos años. Eso sí, a ver quién renuncia ahora al distractor más potente creado por la humanidad. Ya hemos llegado tarde.

Una reflexión en voz alta de alguien “enganchado” a la tecnología. No solo desde ahora pero, gracias al móvil, enganchado de forma mucho más social. Eso sí, aún evito el uso del móvil, a diferencia de muchos que sí lo hacen y además te lo dicen, cuando voy al baño 😉

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Servet Casabona Recent comment authors

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Servet Casabona
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Muy buena reflexión, los móviles son una fuente enorme de distracción. Yo también llegué a una conclusión parecida en mi blog, http://agorafiliaweb.blogspot.com/2020/01/leer-mas.html?m=1, y he acabado por poner en modo avión la tablet en la que leo libros electrónicos.
Pero bueno, he de decr que no coincidimos al 100%, porque tengo que reconocer que te he leído en el baño 😅

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