El imperio de la tontería

Vivimos en el mundo del buenismo y lo políticamente correcto convertido en estulticia. El imperio de la tontería ha venido para quedarse, encubriendo las limitaciones intelectuales de gran parte de la población que, incapaz de proceder a la contextualización de hechos históricos -por incapacidad o déficit intelectual severo-, se toman como afrenta todo lo que supone ir contra lo que nos imbuyen como bueno, buenista y lo que debe ser. Y viendo la cantidad de gente que se suma a ciertas cosas, defiende otras o, simplemente, se ve como un cruzado de lo que debe ser la sociedad pura, vamos apañados.

Fuente: Desconocida

No cabe un tonto más. Bueno, por lo que se ve en los últimos tiempos, el imperio de la tontería no tiene límites de cuota. Das una patada a una piedra en el lugar más recóndito de La Mancha (o Murcia, para que nadie se ofenda) y te aparece un tonto. O varios si tienes mala suerte. Con lo fácil que era que solo tuvieras que asustarte por un escorpión. Van ahora y aparecen los defensores de lo políticamente correcto. Es que hasta ciscarse en su familia va a estar mal considerado. Pues, por si acaso, voy a cagarme en sus muertos porque, a incorrecto no me gana nadie.

Estoy hasta los mismísimos de los gilipollas que dicen que un blanco no puede hacer de rey negro en la cabalgada. De los estúpidos que creen que los Conguitos o los cómics de Tintín incentivan el racismo. De los cacahuete mind que creen que solo puede dar un discurso del orgullo gay alguien que tenga esa orientación sexual. Que l’Oreal debe retirar el concepto “dientes blancos” o que a Los Simpson solo pueden doblarlos actores de su mismo color. Pues va a ser que como hetero, de una tonalidad de blanco determinada y con gafas, estoy hasta los huevos. Claro que no soy una minoría. Es que las mayorías no podemos nunca quejarnos. Ser mayoría está mal. Ser minoría está mal. Al final ya no sabes bien qué debes ser u opinar para que nadie se te tire encima. Es que da una pereza cuando hablas con alguien ponerte a pensar si le estás ofendiendo que, o hablas al margen del buenismo o, sinceramente, acabas a leches dialécticas.

Me la suda el buenismo (que no el respeto). Me la suda el ser políticamente correcto que, curiosamente, también tiene matices en función de la ideología que sustente esa corrección. Me la traen al pairo los que creen que el humor solo vale cuando no ofende a nadie. Y ya no entro en los “quemalibros” o “derribaestatuas” de salón porque, al final, les da igual el arte literario o la historia siendo más importante la ideología del autor o sus creencias ideológicas que la historia o el arte.

Por cierto, me encantan las películas de Woody Allen y de Polanski. Hay obras de Picasso que me gustan. Incluso creo que Los Nibelungos es una verdadera obra de arte. Y que los veganos, a pesar de ser el primer vegano conocido Hitler, se merecen todo mi respeto (a diferencia del que he mencionado antes) mientras que no me impongan sus costumbres alimenticias. Eso sí, al igual que permito que cualquiera se pueda cachondear de mí y de lo que escribo, amén de ser criticado abiertamente, me veo en la obligación de reclamar los mismos derechos para mí. O jugamos todos, o me monto un imperio paralelo.

El imperio de la tontería ha venido para quedarse porque, al final, los tontos no sé si se reproducen más pero, lo que si que tengo claro es que la evolución es imparable. Y no siempre se evoluciona hacia los más fuertes y capaces. A veces se involuciona. Si hasta los dinosaurios se extinguieron, qué puede esperarse de sujetos tan frágiles como el ser humano cuyas limitaciones, a década que pasa, cada vez son más amplias. Y sí, me incluyo en ser poseedor de limitaciones porque, vete a saber si existen unicornios multicolores y un más allá plagado de beneficios penitenciarios para todos aquellos que creen en ciertas cosa. Ya se sabe que el imperio del miedo se mezcla con el imperio de la tontería. Qué pena dan los imperios. Qué pena da el pensamiento único. Qué pena da el buenismo infantiloide. Qué pena todo.

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Profe-chacha

¡Cuánta razón! Oye, lo de la horchata y tal supongo que no será ofensivo. Pero en mi casa hoy vamos a comer ensaladilla RUSA. Para la cena estaba dudando entre PERRITOS calientes, tortilla FRANCESA o arroz a la CUBANA… No sé, ya me entra la duda… A ver si resulta que mejor dejo a mi familia sin comer ni cenar, no vaya a ser que el menú trascienda, llegue a oídos de cualquiera y me caiga un pleito por rascista, xenófoba, apropiación cultural, crueldad hacia los animales o lo que sea… Y más sabiendo que soy profe, que ya se… Leer más »

Edu

No me preocupa tanto que haya tontos, que siempre los ha habido, como que ahora sean el referente cultural. El tonto actual es el portador de la verdadera naturaleza humana. Es el que te dice “la verdad” en el programa “tal” o “cual” de televisión. El que dice simplezas tan fáciles de comprender que no pueden ser falsas… El tonto actual ha capitalizado la frustración de la gente que esperaba que la inteligencia sirviera para algo más que para tomarles el pelo o venderles el sueño de turno.

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