femur_atapuerca_13Es hallar un fémur y poner de nuevo Atapuerca de rabiosa actualidad. Un descubrimiento importantísimo (como la mayoría que se están realizando en el yacimiento) que, por suerte, está siendo difundido masivamente por los medios de comunicación. Un descubrimiento que, por su importancia, merecería ser tratado en las aulas de nuestros centros educativos. Unas aulas, lamentablemente, pobladas por el homo docentis. Un homo cuyo objetivo principal es cumplir las programaciones y pasar sin pena ni gloria por los recintos educativos. ¡Cómo osar proponer romper la temporización de la programación por un descubrimiento como el anterior!

Improvisar es una gran virtud y, no hacerlo, supone coaccionar lo que se enseña y cómo se enseña. Prácticas continuistas que integran currículums rígidos (por confundirlos con libros de texto) con un objetivo principal: conseguir acabar todo el temario. Un temario, por cierto, sólo abarcable por aquellos pelotudos (iba a dudar entre boludos y pelotudos pero el diccionario me ha sacado de mi error) cuyo objetivo es acabar la última página del libro de la editorial de turno. Un temario cuya elevación a los altares están haciendo demasiados miembros de dicha taxonomía.

Si fuera profesor de ciencias sociales lo primero que hubiera hecho hoy sería pasarme por el forro lo que tenía que dar (en caso de ser alguien que lo programara) y aprender con los alumnos acerca del descubrimiento. Profundizar sobre el tema y estudiar las similitudes con restos homínidos encontrados en Siberia. Yendo un poco más lejos, incorporar el tema de Atapuerca a algún tipo de actividad que requiriera algún tipo de esfuerzo por parte de los alumnos (¿algún proyecto sobre el tema?). ¿Tan malo hubiera sido lo anterior? ¿Tan reprobable esa rotura con la temporización de algo que van a olvidar una vez rellenado el examen?

“Por suerte” el homo docentis no actuaría por impulso como yo. Se trata, “por suerte”, de alguien que se guía por el sentido común de seguir una programación que le han marcado. Se trata, “por suerte”, de alguien cuyo objetivo es ir pasando los años hasta llegar a esa edad que le quieran jubilar. Pasar sin pena ni gloria (y sin enterarse de lo que es PISA, no sea que a alguna administración se le ocurra pagar salarios por resultados en pruebas homeopáticas) es su leitmotiv.

Reconozco que lo planteado en el artículo es utopía. Una utopía que seguro algún docente desalmado, evolución de la taxonomía anterior, va a llevar a sus aulas. Una utopía totalmente condenable por el currículum, el temario, el libro de texto y el inspector de turno. Una utopía que sólo puede salir de la mente de un degenerado. Un degenerado que, gracias a lo más querido, no es demasiado habitual en las aulas de nuestro país.

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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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Bechy

Muy de acuerdo contigo, destaco la frase “Improvisar es una gran virtud y, no hacerlo, supone coaccionar lo que se enseña y cómo se enseña”. En matemáticas, que por lo general se enseñan tan aisladas de la realidad, también hay eventos que nos dan una valiosa oportunidad para “improvisar” pero lograr algún efecto valioso en nuestros estudiantes. Recuerdo, por ejemplo, que días después del terremoto de Chile salió publicada una noticia que afirmaba “Según el investigador el movimiento telúrico pudo haber inclinado el eje terrestre en 2,7 milisegundos de arco (unos 8 centímetros)” enseguida le dije a mis pequeños científicos… Leer más »

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