El esperpento

La degradación de la educación a una situación grotesca es algo que, por desgracia, está a la orden del día. Tampoco para en verano y, por ello ya es algo que nos empieza a preocupar a algunos porque, al final, esa “mancha de aceite” del esperpento educativo, va extendiéndose a día que pasa.

Reconozco que no entiendo lo que hace esta maestra publicando en Twitter este “juramento” firmado con escupitajo final para recordar a sus alumnos, a mediados de julio, que pertenecen a un grupo cerrado de “Goonies”. Podría entrar en el tema de pertenencia a grupos o, simplemente de lo que supone el potenciarlos en etapas iniciales de la educación, pero me quedo solo con la necesidad que tienen algunos de difundir ciertas cosas como si fueran “lo más”. Bueno, hoy en día uno puede publicar la mierda educativa que sea y, por lo visto, habrá algunos que van a comprársela.

No sé si me preocupa más el vídeo anterior o la ristra de comentarios positivos recibidos por compañeros de profesión. Compañeros que, en su mayor parte, salvo los típicos “rarillos del siglo XXI” que vemos en lo anterior un auténtico despropósito, hablan de que “es una gran idea”, “eres una crack”, “eres una caña (lo que daría por ver los escupitajos de los chavales)”, “ganas incansables por hacer educación de calidad”, “algo parecido hice con los míos” (sic.), “¡Fantástica con ese juramento!”, “me encanta”, etc.

Esto se nos ha ido de las manos. Una maestra que pide que sus alumnos se escupan en la mano para formar parte de la “secta” es algo que no llego a entender. Menos aún que no le dé la más mínima vergüenza en difundirlo y, lo peor es que algunos docentes lo vean bien. Creo que todo se nos ha ido de las manos. Y, por lo que veo, al final, el espectáculo grotesco, se está convirtiendo en el objetivo de todo.

Cuando haces pop y conviertes la educación en la simple necesidad de demostrar, dentro de una farándula cada vez menos preparada y más descontrolada, que eres capaz de ir un paso más allá de lo grotesco, ya no hay posibilidad de volver atrás.

Estas personas se están adueñando mediáticamente de la educación. Por suerte, a pesar que estas cosas tengan algún retuit o comentarios positivos, quiero seguir creyendo en que la mayoría de docentes que se hallan en las aulas, no son así.

Y no, a pesar que algunos siempre tilden a los que no comulgan con ciertas cosas con determinadas etiquetas, no soy ningún docente amargado, profesaurio o incapaz de sentir empatía. Soy una persona muy preocupada por la deriva de ciertas cosas al ver que, por desgracia, cada vez son más los que normalizan el esperpento en educación.

Quizás se trate más de una astracanada que de un esperpento pero, a estas alturas de la película, a mí me hace muy poca gracia.

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