El baúl de los recuerdos

Este fin de semana, de ausencia total de cuestiones laborales (creo que ya era hora después de llevar demasiado tiempo sin desconectar), me he dedicado a reorganizar el disco duro de mi ordenador. Además, tal y como ya os comenté en un post (enlace), me he hecho con un “almacén en la nube” donde he migrado muchas cosas para, como mínimo, conseguir que el ordenador vaya algo más rápido. Y, en ese baúl de los recuerdos, me he encontrado con algunas cosas, relacionadas con proyectos/recuerdos educativos que ni me acordaba que tenía guardadas.

Fuente: Flickr CC

Me he encontrado con mi avatar potachovizado. Una cosilla del 2010, que gracias a Pedro adaptando una genialidad de Néstor, convirtió gran parte de Twitter en un lugar donde muchos docentes que pululábamos por ahí teníamos un avatar con gafas de culo de botella y un miniportátil de esos que repartió Gabilondo en algunas Comunidades. Cuántas ilusiones en ese momento que, siendo jóvenes pensábamos que podríamos cambiar la educación de forma horizontal. Lástima que después llegaran los Bonas, los youtubers, el Ken Robinson, la Mar Romera, la de las sandías y un montón de certificaciones de determinadas multinacionales, amén de irrupciones de tipos que solo saben de educación el concepto de sacar pasta vendiendo humo multicolor. Qué recuerdos. Por cierto, también me he encontrado el primer avatar, hecho como caricatura, que usé en Twitter que me permitió, hace muchos años en un Novadors, creo que en la edición del año 2008, conocer a determinadas personas fuera de Twitter. Lo que en ese momento se llamaba “desvirtualizar”. Y siempre de forma horizontal porque, por lo que se ve ahora en esos grandes y magnos eventos solo se relacionan los que ya se conocían y es todo mucho menos abierto que antes.

También me he encontrado el primer curso de Moodle (como copia de seguridad) que di a mis compañeros de instituto hace más de 15 años, para el que usé los materiales de Aníbal de la Torre y Juanma Díaz. He encontrado en esa misma carpeta un par de cursos más que impartí sobre digitalización de las aulas, uso de pizarras digitales (formaba parte del equipo directivo en ese momento y, aparte de apostar por la creación de aulas multimedia -cañón, proyector, equipo informático y sonido- cuando la administración aún estaba distribuyendo muy pocas, también apostamos por adquirir unos aparatos que te transformaban una pizarra blanca en una pizarra digital) y muchos otros cursos relacionados con las TIC. Sí, antes daba cursos.

Digitalizada también me he encontrado con mi primera nómina. Después de cuatro meses sin cobrar hasta regularizarse la situación, me llegó de golpe un buen dinerito. Y más con veintitrés años que tenía. Joder, ya llevo 22 en la profesión. Me siento mayor. Además, rebuscando, me he encontrado mis peticiones para la adjudicación de destinos, comisiones de servicios, concursos de traslados, programaciones y un montón de documentación relacionada con mi profesión. Y un documento maravilloso en el que tenía apuntadas todas mis contraseñas de muchas herramientas TIC que hoy ya han desaparecido.

Tengo también por ahí proyectos de dirección (tenía un papel que me acreditaba como posible director LOGSE en un curso de unas horas), una sentencia judicial que reconocía mi derecho a una comisión de servicio en la Comunidad Valenciana, un discurso que solté ante un claustro para negarme a que se pudiera seleccionar a dedo al profesorado, un esbozo de mis primeros posts en los blogs que empecé por el año 2000 en blogs que hoy ya están desaparecidos (sí, antes tardaba más en escribirlos y los razonaba mejor).

Y, además de lo anterior, proyectos enviados a la administración educativa, entre los que se hallan los siguientes: un proyecto para crear una red de blogs en la Comunidad Valenciana cuando aterricé (año 2009) por primera vez aquí, otro para crear una comunidad educativa online, otro para el rediseño del modelo de formación del profesorado y rediseño de los CEFIRE, la toma de requisitos (en modo cutre) para el diseño de un repositorio de recursos,… y así hasta más de veinte proyectos que, en su momento hice llegar a la administración (la catalana, la valenciana y la estatal) de forma directa o indirecta y de los que jamás recibí ningún tipo de respuesta.

Tengo también cientos de documentos legislativos, materiales de Tecnología, actividades para el alumnado, imágenes de proyectos realizados y un largo etcétera de cosas que, antes de desertar de la tiza, había usado en el aula.

Lamentablemente, también me he encontrado con los informes médicos, altas de la UCI, visitas frecuentes al hospital en determinados momentos de mi vida y, lamentablemente, demasiadas bajas médicas concentradas en las crisis de una enfermedad, a la que he añadido otra desde hace un año (que obliga a tomar medicación de por vida, después del injerto de un par de cosas en mi anatomía) que me han impedido tomar determinadas decisiones profesionales.

La verdad es que el baúl de los recuerdos también tenía una parte de imágenes. Qué joven que era. Qué pequeña era mi hija. Cuántos recuerdos.

No creo ser una excepción de profesional que trabaja en la educación. Creo que todos, en cierta manera, tenemos este tipo de recuerdos en nuestros equipos informáticos. Eso sí, dudo que nadie los tenga tan desorganizados como yo. Y, por suerte, en ese baúl de los recuerdos no me ha aparecido ningún muerto digital aunque, en ocasiones, haya pasado por mi mente calenturienta cometer algún asesinato selectivo 😉

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