El arte de no pisar callos

Debo reconocer que hay auténticos artistas en no pisar callos. Docentes u otras personas que hablan sobre temas educativos que, dentro de sus disertaciones, en ningún momento se meten en aguas cenagosas y, con un discurso neutro, tienen la habilidad de escribir en los medios (incluyendo blogs) o intervenir en las redes sociales, sin que sus exposiciones puedan ser tomadas a mal por nadie. Una habilidad extraordinaria. Más aún cuando, en un tema como el educativo, es prácticamente imposible posicionarse sin tener ningún tipo de réplica más o menos razonada.

Fuente: http://www.saludyamistad.com

Fuente: http://www.saludyamistad.com

Juntar palabras es un arte. Pensar en las repercusiones que va a tener los escrito un arte superior. Sinceramente, no siento envidia pero me causa sorpresa ver cómo algunos no entran nunca al debate y, dentro de las respuestas o interacciones que dan en las redes sociales, sólo se halla un ambiguo tono neutro que puede indicar que se dice una cosa y, a la vez, justificar que se dice otra. Qué bonito es vadear aguas procelosas. Qué fantástica virtud el arte de ir de puntillas para que a uno no lo pongan en la lista de los malos malotes. Qué satisfacción debe causar el poder escribir y debatir sin ningún tipo de debate por ser hecho en un tono tan neutro que hace imposible luchar contra dicha neutralidad.

El buenismo impera en el ámbito educativo. La justificación de lenguajes vacíos, no hirientes y, en la mayoría de ocasiones, descafeinados, ha calado en gran parte de la sociedad. Que uno no sabe cuándo va a necesitar cambiar de orilla ni de ideología. Que el mundo educativo funciona a golpe de timón y conviene estar dispuesto a virar según donde vaya soplando el viento. Un devaneo incómodo para algunos pero, demasiado cómodo para esos aprendices de pomadas y ungüentos mágicos que curan la simple rozadura impidiendo que se llegue a ella. Prevenir antes que curar. Matizar los matices para no comprometerse. Ni sí, ni no ni, tal vez, todo lo contrario. Esterilidad sobre la base de ningunear la opinión personal o, quizás, pensar más en los que van a leerlo que en dejarse llevar por las emociones o subjetividades personales.

Es un arte que, por desgracia, no consigo que adquieran mis redactados porque, lamentablemente, uno se halla más preocupado por escribir desde el corazón y el sentimiento que, en muchos casos, guiarse por la respuesta que va a recibir lo que escribe. Lo de ser políticamente correcto me lo perdí el día que lo explicaron en la escuela y, ahora, por desgracia, ya con la edad que se tiene, lo menos que se hace es cambiar cuestiones que se maman desde la cuna.

 Larga vida al callo. Eso sí, siempre respetando al pobre que, por desgracia, los posee en demasía.

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