El ámbito educativo está plagado de buenas personas

El ámbito educativo está plagado de buenas personas. Quizás, por desgracia, se hable menos de ellas que de las malas. Quizás es que, en nuestra sociedad, lo que vende es la exageración de las malas praxis puntuales y, tal vez, lo bueno quede en el recuerdo de ese pequeño comité formado por alumnos y profesionales de la educación que hacen lo mejor que saben y pueden en sus aulas. Y eso, en ocasiones, impide ver un bosque enorme plagado de esas buenas personas. Incluso en las redes sociales hay más buenas personas que malas, aunque a las segundas haya más interés, por parte de algunos, en dotarlas de visibilidad.

Cuando hay docentes que trabajan un montón, piensan en qué pueden hacer para que su alumnado aprenda más, intentan probar determinadas cosas, creyendo que van a mejorar el ambiente en el aula y van a llegar a aquel alumnado que más lo necesita, sus actos quedan oscurecidos por un simple noticia de uno que ha sido, injusta o justamente, apaleado por algo que no debía hacer. Sí, es más cómodo apalear a las personas englobándolas en un colectivo que analizar, caso a caso, lo que está sucediendo en las aulas. Unas aulas plagadas, en líneas generales, de excelentes profesionales, alumnos que se portan bien, con más o menos ganas de aprender -sí, a su manera, la mayoría de alumnos se portan bien y aprenden- y familias implicadas en la educación de sus hijos. No, por mucho que sea mucho más mediático, lo de las familias que agreden a docentes o alumnos que destrozan las clases son menos habituales de lo que se nos quiere hacer ver. Todo es mucho más normal en los centros educativos. La gente es mucho más buena de lo que, en ocasiones, nos creemos. Y no niego que, al menos en los últimos tiempos, como reflejo de la sociedad, el ambiente en las aulas esté empeorando exponencialmente por contagio contextual.

Quizás convendría pensar en las buenas personas que están en las aulas antes de hacerlo en aquellas que, por motivos varios, dan mucho más trabajo. Quizás a los docentes nos convendría sentirnos más satisfechos al salir de una clase que nos ha salido bien. Quizás las familias agradecerían, más allá de aquellos a los que casi siempre, por reflejo de lo que ven en casa se les amonesta continuamente, que se les felicitara por el trabajo que están haciendo sus hijos. Quizás también los docentes, al igual que el alumnado y las familias, necesitaríamos un golpe en la espalda, un apretón de manos o un simple reconocimiento verbal cuando hacemos las cosas bien. Algo que sucede en muchísimas más ocasiones de las que la gente se cree. Bueno, que la gente que compra rápidamente un titular y, en base al mismo, hablan por contagio sin saber nada de lo que sucede en las aulas.

Muchas veces me preguntan por qué escribo de forma crítica acerca de determinadas cuestiones que suceden en el mundillo educativo. La respuesta es fácil… ya doy por supuesto que la mayoría del alumnado, docentes y familias están actuando y haciendo bien las cosas según el rol con el que interactúan con la escuela. Es por ello que mis reflexiones van encaminadas hacia expresar lo que creo acerca de situaciones puntuales que están sucediendo que no me acaban. Una cuestión que tiene muy poco que ver con la consideración global de los que integran la comunidad educativa. Una comunidad educativa que, a pesar de que no lo diga más a menudo, está plagada de buenas personas y excelentes profesionales.

Por cierto, en unos minutos voy a rodearme de algunas de esas buenas personas que, aunque estén en la zona más gris de la educación, son también unas personas y profesionales fantásticos, en líneas generales, que hacen que las cosas funcionen porque, vamos a ser sinceros, a pesar de los cuatro vendehúmos, las legislaciones kafkianas o lo que hacen, de forma minoritaria algunos, no nos podemos quejar de nuestro sistema educativo. Bueno, sí que podemos y debemos hacerlo. Lo que no podemos hacer es que varios aprendices de Carmen Mola en las redes sociales o en los medios, con mucha necesidad de promoción o abocar su frustración, nos hagan obviar la realidad que he comentado en este post.

En los próximos artículos ya volveré a incidir en propuestas, os hablaré de investigaciones o haré crítica, más o menos dura, de cosas que creo deberían cambiarse o mejorarse. Hoy me apetecía recordar algo que, aunque siempre se esconda tras determinados debates absurdos en las redes sociales, noticias con titulares amarillistas en los medios o, simplemente, la generalización interesada de algunas cosas, es muy importante. Eso que me apetecía recordar es que las buenas personas son mayoría. No me incluyo entre ellas porque, como bien sabéis, odio que uno se “autoetiquete” por dos motivos: es una visión subjetiva y puede tener un sesgo en los dos sentidos.

Finalmente, porque no quiero que se me quede en el tintero, deciros que no tiene nada que ver ser buenista con ser buena persona. No caigáis en esa confusión interesada que algunos, manipulando el lenguaje y el discurso, os están intentando vender.

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