El 99,99% de lo que se estudia en las aulas no sirve de nada

No sé para qué me sirvió estudiar Latín en segundo de BUP. Bueno, como no fuera para conseguir un excelente en el boletín de notas porque la profesora se jubilaba ese año… Tampoco la Filosofía me ha servido de mucho porque, ¿para qué sirve saber qué decían Aristóteles, Kant o Popper más allá de para conseguir algún quesito en el Trivial? Bueno, el tema de Geografía para estudiar países y capitales ya desaparecidos también tiene cuajo. Eso sí, siempre y cuando no nos tocara hablar de la crisis del petróleo que provocaría que, en el año 2000 desaparecieran todas las reservas y ya fuera imprescindible, sí o sí, tener una forma de energía alternativa. Nada que ver con los millones de barriles de petróleo que se obtienen sin parar de los campos petrolíferos en 2023.

Ya, ya lo sabemos. Lo que se estudia, o es falso o, simplemente, se demuestra al finalizar los estudios que no te ha servido ni te va a servir de nada como no quieras dártelas de culto. Incluso el tema de la ortografía está sobrevalorado porque, ¿no se va a enterar uno igual poniendo un tk o un emoticono soltando besos que un te quiero, ahorrando letras y sin reducir, ni un ápice su significado? Que no todos vamos a vivir de vender novelas o libros de caballerías. Qué paciencia hay que tener con esos que solo pretenden que los chavales tengan una cultura general y que, las habilidades que aprendan, les puedan servir o no en un contexto laboral cambiante. Qué manía me dan aquellos que enseñan lo que ya está en Google. Y más cuando defienden ese aprendizaje memorístico bajo premisas de conformar personas críticas. Mentirosos. Sois unos mentirosos.

La verdad es que, si nos ceñimos a la lógica empresarial, la práctica totalidad de lo que se aprende puede ser fácilmente eliminado del currículo. Bueno, siendo sinceros, ¿para qué quiere uno tener un currículo o saber de algo? Las declinaciones de rosa y lupus sólo sirven para que los profesores de Latín consigan trabajar. Y ya no digamos aquellos de gimnasia (sí, vaya tipos que ahora quieren denominar a esa chorrada que hacen, Educación Física) que solo viven para putear a los pobres niños que no tienen habilidades físicas y que les importa, entre poco y nada, perder su tiempo haciendo trabajos sobre deportes que nunca van a practicar o, simplemente, aprendiendo las normas de juegos que sólo sirven para que les bajen esos sádicos que siempre van en chándal la nota. Digo los de Educación Física como podría hablar de los de Tecnología que solo enseñan a cortar maderitas y, a aprenderse un montón de procesos energéticos o mecanismos de transmisión de movimiento -con sus cálculos pertinentes- que nunca van a aplicar en la vida real.

Eso sí, los de Matemáticas también están en el top de inútiles “cobrasueldos”. Sus logaritmos neperianos que sirven para poco menos que nada o, esa bazofia infumable de matrices que, al final nadie sabe para qué sirven por mucho que te hayan vendido sus múltiples aplicaciones también da qué pensar. Y ya los de Inglés y su gramática que no sirve de mucho. Los de las lenguas autóctonas, que inculcan oraciones yuxtapuestas y que piensan que a todo el mundo le importan autores muertos. Joder, más allá de gustar a algún masoquista sin vida como ellos, nadie se va a leer ni a disfrutar. Dadles un resumen, y si puede ser el enlace a la serie en Netflix, mucho mejor.

Lo peor de lo anterior es que estamos pagando a demasiados docentes para soltar chorradas, sin ningún tipo de utilidad para un futuro laboral de ese alumnado y que, seamos sinceros, tienen de valor productivo entre cero y nada. No, no es productivo que la práctica totalidad de los aprendizajes o conocimientos sirvan para poco menos que ir pasando de curso y que, en lugar de ir reduciéndose, vayan aumentando en cantidad de boludeces vertidas al ir llegando a etapas superiores. Que dar más o menos horas de Filosofía no va a hacer nada en la sociedad. Y explicar el Holocausto, más allá de servirles para que vean alguna película en la televisión, se acuerden, como he dicho antes, en algún juego del dato o, se les inculque una visión histórica de lo que ha permitido llegar a donde están y aprueben el examen para seguir quemando etapas, tampoco.

Si queremos aprendizajes útiles abandonemos las asignaturas, eliminemos a los profesionales especialistas del aula, hagamos nuestras aulas competenciales y, por favor, analicemos el impacto económico de lo anterior porque, ¿a alguien le interesa invertir en un negocio deficitario, como es el educativo, en el que lo único que hay es sufrimiento sin sentido, evaluaciones de cosas que no interesan a nadie y, cómo no, profesionales que se verían abocados al paro si no fuera porque se ha vendido, de forma muy falsa, que son necesarios para algo?

Va, que ya tardamos en otro tipo de modelo educativo que sirva a las empresas de algo porque, ¿qué sería de nuestro país sin poder surtir en empleados sin criterio a las empresas? ¿Qué sería sin poder debatir sobre cuestiones banales, comprar productos de la teletienda y, a veces, comentar el último reto viral de TikTok? Un desastre. Sí, un auténtico desastre.

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  • En cierto modo, tienes razón pero hay que tener en cuenta que tanto colegios como institutos están para “guardar”/”aparcar” críos mientras sus progenitoras y progenitores trabajan. Demasiadas horas, eso sí, aunque en Grecia aún les parecen pocas y han añadido cinco más.

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