Uno de los grandes problemas de la educación actual es usar el criterio de edad fisiológica para asociarlo a un determinado curso. Romper esa relación implicaría mejorar la flexibilidad en el aula y, nos permitiría con grupos más pequeños y homogéneos (entendiéndose la homogeneidad, no como una taxonomización y sí como la posibilidad de una aprendizaje a tiempos diferentes) establecer una enseñanza más individualizada y acorde a las necesidades de los alumnos. No todos los alumnos poseen las mismas capacidades, ni tienen la misma habilidad de gestionarlas. Y lo que es más importante, los ritmos madurativos a todos los niveles son totalmente diferentes.

Es curioso, ver a día de hoy, como cuando llegan alumnos nuevos a los centros educativos procedentes de otros países, se les introduce en un determinado nivel en función de su edad fisiológica y, resulta también curioso, que las posibilidades de promoción y repetición vengan marcadas por esa misma edad, lo que hace posible promocionar a alumnos que no han asumido determinadas competencias y, no promocionar a determinados alumnos en cualquier momento del curso escolar porque no tienen edad para ello. Algo que, como ya se puede intuir, genera los problemas que nos estamos encontrando habitualmente en nuestras aulas: desidia por parte de unos, desconexión por parte de otras, infraconsideración de la individualidad dentro de un colectivo. Algo que lleva a que haya alumnos que se pierdan en las primeras etapas de escolarización y obtener unas tasas de fracaso escolar (muy asociada a conceptos socioeconómicos pero, también a este tipo de situaciones en los agrupamientos) totalmente inasumibles para cualquier territorio.

En los EE.UU. y Alemania existen determinados centros educativos que efectúan lo que llaman «individualización de aprendizaje por competencias», que consiste en distribuir a los alumnos en diferentes niveles por materia en función de sus competencias adquiridas y, sin tener en cuenta en ningún momento su edad fisiológica. Así, se evita que haya alumnos que estén perdiendo el tiempo en niveles inferiores y, otros que no puedan profundizar en lo que peor van, porque se ven obligados a promocionar de forma completa (en todo su currículo) sin haber adquirido las capacidades competenciales en determinadas materias. Quizás sería bueno, plantearnos un currículum menos cerrado y más flexible, que nos permitiera atender mejor la diversidad y potenciar o reforzar en determinados alumnos algunas competencias que les cueste más adquirir. No es lógico repetir todo el curso, por tres materias, cuando en las otras siete sí que alcanzan (y muchas veces superan) las competencias de las mismas. Y, tampoco es lógico que, un alumno extremadamente hábil con alguna de ellas, no pueda realizar una promoción a niveles superiores en cualquier momento del curso.

Para entender el concepto que se plantea en la propuesta, nada mejor que un ejemplo. Imaginemos la asignatura de Matemáticas, con una distribución basada en nueve módulos a lo largo de la ESO que estuvieran bien relacionados entre ellos (no tiene ningún sentido el planteamiento anterior sí, a la vez que se asume este cambio, no se tiene en cuenta la necesidad de modificación del currículum para permitir todo esto).

Supongamos a un alumno que tiene dificultades con la asignatura, pero que se le dan muy bien las asignaturas del ámbito lingüístico, tecnológico, físico o artístico. ¿Por qué no potenciar que vaya a un ritmo más lento en Matemáticas y adelante en otras habilidades/competencias? ¿Por qué no plantear la elección del alumno, siguiendo unos criterios establecidos por una correcta guía por parte de un equipo de docentes, para que pueda realizar un aprendizaje más coherente a su ritmo? ¿Por qué obligar a ese alumno a encapsularlo en un primero de ESO con un currículum idéntico al de otro compañero que puede tener, por ejemplo, habilidades notorias en Matemáticas pero muy reducidas en ámbito lingüístico? Y voy a ir más lejos, ¿por qué se tiene que coartar la posibilidad de que determinados alumnos acaben la ESO antes de los 16 años avanzando más de un curso por año mediante diferentes tipos de “pruebas” de nivel? Estoy hablando solo a nivel de maduración académica pero, al final, va muy relacionada la misma con otro tipo de madurez.

Sería más complicado de gestionar los horarios porque no existirían grupos, sólo paquetes competenciales (recordad que no estoy hablando de competencias y sí de encapsulados curriculares). Pero, a medio plazo, ello permitiría una individualización completa del aprendizaje del alumnado, con la consiguiente mejora del propio sistema educativo, que sería más flexible y permitiría atender de una manera mucho más efectiva la individualidad del propio alumno.

Hoy en día, quedan aún en nuestro país, algunas escuelas unitarias en las que hay determinadas asignaturas que se dan con alumnos de diferentes edades. No creo que hubiera ninguna complicación de trasladar un currículum más flexible y desasociado a tener correlación con la edad fisiológica de los alumnos en todos los centros. Podría además ser una medida efectiva para reducir el abandono escolar, solucionar los problemas que lastran algunos alumnos que van promocionando por el simple hecho de no poder repetir, eliminar de facto esas repeticiones que tiene el sistema actual, al ser un modelo basado en módulos en lugar de en cursos y, en definitiva, potenciar las diferencias dentro de un modelo con las mismas oportunidades para todos que permitiría un desarrollo con el mismo objetivo finalista, de todos los alumnos.

Eso sí, para poderse aplicar sería necesario racionalizar el extenso currículum (en número de asignaturas y distribución de las mismas) que existe actualmente porque, lo que no tiene ningún sentido, es realizar un agrupamiento flexible de este calado en un currículum donde hay más asignaturas que sentido común.

El agrupamiento por edad fisiológica de los alumnos es un lastre que, bien tratado y diseñada la alternativa, acabaría con uno de los problemas más importantes que tiene la educación actual en nuestro país: la falsa igualdad, que acaba convirtiéndose en la mayor segregación posible porque, por mucho que algunos se empeñen, no hay dos alumnos iguales. En cambio, sí que debería haber las mismas posibilidades para esos dos alumnos tan diferentes.

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