Una mañana de locos. A las cinco y media ya estaba en comisaría y, por lo visto, no era el único. Da la sensación que se haya multiplicado la cantidad de efectivos hasta el infinito. Además, ha sido tanto el caos que, entre la prensa y los abueletes, vecinos del barrio, que han cambiado la visita a las obras por venirse a cotillear al ver tanto movimiento, hay más gente que en algunas manifestaciones.

Ha sido entrar por la puerta y decirme los compañeros que el comisario me esperaba con urgencia. Nada, llamada a la puerta y entrar a ver qué se le ofrece al “tirano”.

Sin preámbulos me hace entrar y me dice, sin ningún tipo de contemplación ni espera, con la vena del cuello a punto de salirse del mismo.

-¡Qué cojones ha pasado Carlos!-me suelta a la primera de cambio. Por cierto, ya habréis visto que aún no os había dicho cómo me llamaba.

-No tengo ni idea jefe -respondí. A mí solo me llamaron para que revisara los perfiles en las redes sociales del par de mujeres violadas y del asesinato. Que yo no sé nada del asunto. Simplemente me han pedido ese favor y les he echado, con su permiso, una mano.

Veo que está rumiando la respuesta y que, entre consulta de mensajes al móvil, rascado de determinadas partes de la anatomía y un apure de un cierto líquido que hay en un vaso encima de su mesa (podría ser agua o cualquier otra cosa), me temo lo peor. Bueno, ya no sé qué me temo porque, en los años que lleva éste aquí, ya me creo cualquier cosa.

Se levanta, abre la puerta y, por encima de la gran cantidad de voces y el caos imperante en comisaría veo que grita… -¡Lucía, para el despacho a la de ya! ¡Corriendo que es gerundio!

Vuelve a entrar y veo que a los pocos segundo entra Lucía, una de las nuevas inspectoras que ha llegado a nuestra comisaría, de muy buen ver aunque un poco falta de volumetría en sus senos para mi gusto. Es lo que tiene haberse criado con biberón según muchos psicólogos… la afición por el tetamen.

Lucía, vas a trabajar con Carlos en este caso. Él ya ha empezado a buscar en las redes sociales y te puede echar una mano. Bueno, ya sabes que más que trabajar -mientras le guiña el ojo y le echa un par de miradas más libidinosas que otra cosa-, vas a mandar sobre éste.

Hay que joderse. Cómo si yo no estuviera. El desprecio de estos que jamás han pisado la calle ya empieza a cansarme.

-Encantada de trabajar contigo Carlos -me dice, mientras una mirada me revisa de arriba a abajo.

-Idos ya, que ya toca -dice el comisario. Es un caso complicado y voy a ver si tengo alguien más libre para meterlo en el mismo pero, por desgracia, ya sabéis que estamos con muy pocos efectivos y, sinceramente, no tengo ni idea de qué dejar de hacer para ayudaros. Y ahora, con la gran cantidad de delitos menores, algunos con resultados graves, que se están produciendo y la prensa que, por culpa de ello, tengo encima, no me apetece quitar a nadie de su función. Así que, os ha tocado. Mantenedme informado con cualquier cambio. Voy a ver si les cuento alguna milonga a la prensa acerca de la gran cantidad de medios que hemos puesto para solucionar esto -añade, mientras una mueca le surca el rostro.

Vamos con Lucía y nos ponemos a revisar los expedientes que tenían abiertos Juanvi y Germán. Sin mediar palabra porque, por lo visto, ahora toca el trabajo más tedioso y no da para mucho. Un par de horas después, la primera palabra: -¿Nos tomamos un descanso Carlos? -me dice mientras, sus ojos vuelven a inspeccionarme.

Un rato de café, en el que, por lo visto Lucía tenía otros planes con alguien y vuelta a los expedientes del caso. Empiezo a sentirme cada vez más solo en esto y ya ni levanto la mirada para ver a Lucía.

A las tres, cansado, digo que me voy a comer. Ella sigue mirando los expedientes, me hace un gesto para que vaya y yo me acerco al bar de la esquina. Vaya panorama me espera.

Me he saltado muchos interludios pero, incluso que me autoobligue a escribir aquí, tengo otras cosas que hacer. Por cierto, ¿me pagarán las horas extra?

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Acerca del Autor

Jordi Martí

Simplemente soy alguien al que le gusta escribir. Y que disfruta haciéndolo.

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