Detrás de la máscara

Cuando uno piensa que está curado de todo y que, salvo alguna nueva práctica educativa acabada en ing que venden cuatro vendehumos, con el apoyo de unos cuantos acólitos, no puede haber mayor despropósito en educación, me encuentro con situaciones totalmente surrealistas.

Fuente: ShutterStock

En el día de ayer, una persona con la que he compartido centro, que se ha dedicado a hacerme una persecución en toda regla desde una cuenta anónima de Twitter, dice que se debería motivar más a los alumnos. Que no puede ser que algunos no innoven y se queden anclados en el inmovilismo. Que, en definitiva, la culpa de que en los centros públicos no se puedan hacer cosas es que, a diferencia de los centros privados, no hay poder por parte del director de poder “ordenar”. Joder. Vaya disertación tan potente pero…

El problema fundamental es que esa persona que dice lo anterior no ha renovado sus materiales desde que los dinosaurios poblaron la tierra, usa cuartillas amarillentas y hace lo mismo que se hacía hace veinte años. El problema es que hace lo peor que se hacía. Bueno, lo que menos esfuerzo le supone porque, curiosamente, es uno de esos compañeros que, por lo visto, tienen una gran habilidad en escaquearse y buscar el hacer cada vez menos. Y ello me lleva a reflexionar acerca de las redes y lo que se dice en los medios de determinados docentes y/o prácticas educativas. De las máscaras que algunos se ponen a lo hora de decir o publicitar ciertas cosas.

Conviene ser precavidos ante cualquiera que nos cuente ciertas cosas. Conviene poner en barbecho a todo lo que se publicita. En definitiva, conviene intentar ver más allá de todo lo que estamos “comprando” en algún momento porque, a veces, por bonito que nos parezca, tiene una nula relación con la realidad.

Las redes están plagadas de mentiras interesadas. No hay nada más fácil que decir lo mucho que se trabaja o qué se debería hacer para mejorar la educación y, por desgracia, llegar la hora de la verdad y no llevarlo a cabo. Claro que hay prácticas que se están llevando a pie de obra, pero muchas otras son simples simulaciones en diferido de algo que, lamentablemente, dista mucho de ser algo real. Lo que hay, en más ocasiones de las que parece, no es lo que se ve.

Por cierto, el argumentario anterior también vale para quien escribe este blog porque, por mucho que creáis que me conocéis, no podéis estar seguro de ello. ¿Y si fuera todo lo que escribo falso? ¿Y si realmente odio la horchata? Dudad de todos y todo. Incluso de mí 😉

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