Detrás de la máscara

En las redes sociales muchos se ponen una determinada máscara. Hay algunos que, aprovechando el falso conocimiento personal y profesional que tienen terceros sobre su trabajo real, fabulan acerca de determinadas cuestiones educativas. Y consiguen un determinado número de adeptos que creen que, lo que les están contando, es producto de sesudas investigaciones, mucho trabajo o amplio conocimiento de un determinado ámbito. La máscara lo encubre todo. Cuando uno se pone tras el teclado, incluso que al final meta la gamba, puede llegar a fingir saber de todo cuando realmente no sabe de nada. Y más aún si es un poco rápido buscando en Google para dar respuesta rápida a ciertas cosas que se le preguntan como si supiera algo del asunto.

Fuente: ShutterStock

Hoy he tenido un debate (bueno, no se puede llamar como tal porque, al final, no he conseguido que me contestara a lo que le preguntaba) acerca de la calidad de las investigaciones educativas. He leído muchas a lo largo de la última década. Por cierto, os puedo estar mintiendo y, en realidad, no he leído ninguna pero, sinceramente, me importa poco que se me crea o no. Y, curiosamente, de nuevo alguien a quien respeto y del que me gustan sus hilos e, incluso me ha gustado lo que he leído de su libro (compro libros sobre educación pero leo pocos en su totalidad), acude al escaqueo o a la ironía para negar un debate en profundidad. Ya sé que Twitter no es lugar para debates pero, como mínimo, a mí me gusta contraponer opiniones. A veces no es posible. Y entonces me he puesto a pensar. ¿Y si la persona con la que estoy hablando no tiene ni idea de educación? ¿Y si escribir un libro de divulgación como el que ha escrito lo ha hecho basándose en búsquedas rápidas en internet? ¿Y si, más allá de sus hilos acerca de supuestas investigaciones, no se ha leído nunca nada? ¿Quién es el que está tras la máscara? Un detalle… estoy suponiendo. No estoy afirmando nada de lo anterior. Ni mucho menos. Además, estoy convencido de que, seguramente, sabe de lo que habla.

Conviene ser precavidos ante cualquiera que nos cuente ciertas cosas. Conviene poner en barbecho a todo lo que se publicita. En definitiva, conviene intentar ver más allá de todo lo que estamos “comprando” en algún momento porque, a veces, por bonito que nos parezca, tiene una nula relación con la realidad.

Las redes están plagadas de mentiras interesadas. No hay nada más fácil que decir lo mucho que se trabaja o qué se debería hacer para mejorar la educación y, por desgracia, llegar la hora de la verdad y no llevarlo a cabo. Es muy fácil decir que uno trabaja catorce horas al día. Es tan fácil como decir que tengo “amigos muy importantes en la administración educativa”. Hay tantas cosas que pueden decirse en la red. Claro que hay verdades, pero otras cuestiones que se dicen son simples simulaciones en diferido de algo que, lamentablemente, dista mucho de ser algo real. Lo que hay, en más ocasiones de las que parece, no es lo que se ve.

Por cierto, el argumentario anterior también vale para quien escribe este blog porque, por mucho que creáis que me conocéis, no podéis estar seguro de ello. ¿Y si fuera todo lo que escribo falso? ¿Y si realmente odio la horchata? Dudad de todos y todo. Incluso de mí 😉

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Antonio Morales

Ya en Finlandia, pais con en el que todos nos comparamos, ya se han dado cuenta que con el uso de las tablets…tics, para todo, se está destruyendo la educación…..
https://yle.fi/uutiset/osasto/news/finlands_digital-based_curriculum_impedes_learning_researcher_finds/10514984

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