Del iPad al Chromebook

Era tan sólo cuestión de tiempo. Una vez hecho un desembolso en equipamiento tecnológico, supuestamente destinado al ámbito educativo, por valor de billones de dólares llega el momento de volver a sanear a determinadas cuentas corrientes. Cuatro años después de haber empezado a introducir el iPad en los centros educativos de Estados Unidos, se empieza a orbitar un cambio hacia los Chromebooks. Esos equipos informáticos basados en el sistema operativo de Google. O sea, para que se entienda, como un portátil que trabaja exclusivamente en la nube.

Fuente: http://www.joewoodonline.com

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Si extrapolamos los sucedido a nuestro país nos encontramos que, en pleno auge de la introducción del iPad (o de otras tabletas) y aún con un mercado inexistente de Chromebooks podremos presuponer que el cambio será inminente una vez se haya acabado el publicitar las tabletas como maná educativo. Ya se sabe que gastar en tecnología educativa para, al poco tiempo, darnos cuenta que debemos usar otra tecnología está a la orden del día en las decisiones que se están tomando.

Los mundos de Yupi en cuanto a las TIC es la última moda. Siempre hay algo más nuevo, más potente, más imprescindible, más… (póngase lo que uno considere). Es repetirse los errores a menudo. Plantearse necesidades inexistentes. Reconvertir las estrategias educativas en un simple negocio mediado por cables que sustentan un determinado entramado tecnológico. Ya no es sólo cuestión de precio. Es cuestión de compras compulsivas. De venta de productos de temporada, cada vez con obsolencia a un menor rango temporal, que unos compran, otros predican, otros usan y, finalmente, muchos siguen usando como siempre. No hay innovación en tecnología educativa, hay un negocio muy próspero.

No me gusta hacer predicciones. Eso se lo dejo a los que dispongan de una maravillosa bola de cristal, bien limpia con el limpiacristales de oferta del Mercadona que, seguramente, nos inundaran de necesidades imperiosas para cambiar lo que estamos haciendo. Más que necesidades de cambio venderán necesidades de cambiar la herramienta para que se dé ese cambio. Tergiversar la necesidad es hacer un flaco favor a la sociedad. Vender productos de terceros sin llevarse comisión un auténtico despropósito.

Se puede promover el cambio en herramientas que no supongan ningún coste (léase herramientas gratuitas -que nunca lo llegan a ser del todo-). Se puede intentar renovar aparatos que no funcionan por otros que, aunque no sean de lo último, pueden servirnos para lo que queremos hacer. Pero, predisponer el cambio en función de la herramienta que terceros (personas que no pisan el aula o si la pisan es para dar sermones acerca del nuevo Dios tecnológico de turno) elijan para que sea utilizada en el aula es un error que sólo beneficia a los que venden dichos productos.

Las ventajas que tiene el cambio de herramienta, que no de metodología, es la facilidad para adaptar las presentaciones de muchos. Cambiar iPad por Chromebook va a ser muy fácil. Tan sólo es cuestión de cambiar la imagen y hablar de las maravillosas potencialidades que tienen. Dentro de algunos años me gustaría recordar este artículo porque, mucho me temo, que no voy a estar nada equivocado con lo que planteo en el mismo.

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