Decálogo para lidiar con un edutrol

Los docentes o personas a las que les gusta hablar de educación en Twitter, también tienen sus trols específicos: los edutrols. Me centro en Twitter porque, al final, la vida no me da para mantener perfiles activos en todas las redes y como mis más cercanos saben, solo uso Instagram para publicar imágenes de posados veraniegos enseñando chicha. Una chicha que está, para la edad que tiene, de muy buen ver. Pero no estábamos hablando de mi fotogenia y sí de los trols de Twitter o de cómo lidiar con ellos. Supongo que para eso os habéis enfrascado en la lectura de este post. Vamos a ello…

Fuente: Grigory Serov

Bueno, antes de “ir a ello” me vais a permitir que os diga que, por suerte para mí -y por desgracia para algunos que lo están llevando mal- cada vez hay más trols en Twitter que hablan acerca de cuestiones educativas. Y eso es algo que, bien gestionado, puede llevar a un considerable ahorro en acudir a espectáculos de humor o psicólogos. No hay nada más divertido que ver qué escriben algunos, normalmente escudándose en el anonimato -a veces desde sus segundas cuentas… ¡qué pereza tener dos cuentas en Twitter!-. O, simplemente, si algún día estamos con ganas de marcha, ponerse a debatir con ellos. Pero, como veis, otra vez me voy por las ramas. Toca centrarse un poco.

En primer lugar lo que debemos hacer con un edutrol es tener en cuenta que jamás debemos bloquearle. Jamás de los jamases hemos de darle esa alegría. Lo mejor, como bien sabéis, es usar con fruición, en caso de que acabe siendo demasiado “pal body”, el botón de silenciar. Ese gran botón que permite que el personaje se esté desgañitando mientras no les estás haciendo ni puñetero caso.

Otro punto clave del decálogo es darnos una vuelta por su perfil. Siempre es necesario saber con quién estamos tratando. Los perfiles de uno dan mucha información. Mirad el mío. Todo el mundo sabe mis vicios más ocultos. Incluso, en ocasiones, mi tendencia ideológica. Bueno, en mi caso la tengo tan variable que, al final, salvo que alguno me tenga situado en un determinado punto del arco ideológico, es complicado saberla. Bueno, en temas educativos estaría claro: defensa de lo público, empresas a las que puedas acudir para usar un determinado servicio de los que ofrecen y no dependas de ello, privacidad del alumnado, sentido común,… y un largo etcétera de matices varios. Incluso, en ocasiones, he cambiado mi visión acerca de ciertas cosas. Joder, que no estábamos hablando de mí. Si uno veis que en sus publicaciones solo defiende a ciertos personajes (como si fuera de un club de fans) o determinadas metodologías educativas, ya sabéis que es muy difícil cambiarle ese adoquín que tiene por cabeza. Por tanto, conviene saber con quién nos estamos jugando los minutos.

Seguiría con usar el intercambio de tuits como terapia o, simplemente para reírse uno un rato. Nunca debemos perder la oportunidad de disfrutar con los edutrols. Dan vidilla a una red que, en demasiadas ocasiones, se convierte en un escaparate de unos o, simplemente, en frases branding que dicen chorradas pedagógicas. Bueno, a veces también conviene ciscarse con cariño en alguno de esos referentes pedagógicos o en determinadas filosofías baratas.

Echar mano de los gifs. Un gif mola. Más aún si con el mismo nos ahorramos decirle ciertas cosas a nuestro querido edutrol. A veces cuesta menos buscarlo que razonar (o despotricar) con una respuesta a sus ataques malolientes. Ataques que siempre intenta llevar al terreno personal. Es que, por desgracia para ese personaje, pocas veces le queda otra.

Si debemos reírnos de ellos o cuestionar lo que dicen, siempre usar una captura de pantalla de sus tuits. Es que, una cosa es hacerles casito y otra muy diferente darles publicidad. Al final eso es lo que buscan algunos. Y no, no conviene caer en esa trampa.

Si se tiene un blog, aprovechar para escribir un post más desarrollado sobre sus tuits. A veces las “cloacas de Twitter” en las que se hallan algunos inmersos, te da posibilidades infinitas cuando te quedas sin inspiración. Y estos personajes inspiran muchas palabras. Incluso algunos podrían servir para ser usados en una novela costumbrista. O desacostumbrada 2.0.

Y, finalmente para el decálogo, la mejor clave del asunto: ser más trol que el propio trol. No sabéis lo divertido que es ver su cara de “chorprecha” cuando ve que se usan las mismas técnicas y argumentos que ellos.

Lo sé, se me ha quedado el decálogo en un heptálogo pero, sinceramente, no doy más de mí en otro de esos días de insomnio que, por desgracia, estoy sufriendo en los últimos meses. Feed the trol. Mola 😉

Trol, según la Fundéu, se escribe con una sola ele. Lo que se aprende gracias a Google. Bueno, más bien sabiendo acudir a las fuentes.

Deja un comentario