Decálogo de propuestas educativas para el curso 2020-2021

Seguimos en pandemia style. Y no, por mucho que se hable de vacunas, medicaciones que hacen que la enfermedad se convierta en algo sin importancia o, simplemente, se pretenda obviar su existencia, el curso que viene no va a ser un curso normal. Lamentablemente, por urgencia o por falta de proyectos a medio-largo plazo, mucho tienen que cambiar las cosas para que, aparte de tomar medidas “porque no queda otra” se diseñe un plan realista y ajustado a las necesidades que va a tener la comunidad educativa (y no me refiero solo a alumnado y docentes, porque la educación también tiene afección sobre las familias y la sociedad en su conjunto).

Fuente: Desconocida

A lo largo de esta crisis sin precedentes, por mucho que queramos maquillarlo o, por un falso corporativismo, obviarlo, hay un porcentaje de docentes (no tan minoritario como me pensaba en un primer momento) que no han dado señales de vida. Estoy hablando de docentes que desaparecen por más de una semana, les enviaron una ristra de ejercicios infumables y nunca más se supo de ellos. Y, curiosamente, donde más ha desaparecido el profesorado es en la Universidad “presencial”. Ayer mismo un alumno me confesó que, aparte de encontrarse con que la práctica totalidad de sus docentes son incapaces de gestionar un entorno virtual de aprendizaje, más allá de enviarles tochos, solo había sabido de dos de sus ocho profesores. No es un caso aislado. Seguro que no son datos reales porque, como he dicho antes, estoy hablando de “haber preguntado a los chavales” en conversaciones informales, no de una encuesta seria y bien diseñada.

En lo anterior se mezclan un batiburrillo de situaciones: desde docentes que no disponen de equipamiento en sus casas (haberlos haylos), hasta llegar a aquellos que son incapaces de lidiar con lo telemático. He de reconocer que, algunos, mejor que no se hubieran puesto a hacer ciertas cosas. Pero eso es un tema personal. No nos olvidemos que, antes de la crisis, en los centros educativos ya había, al igual que en cualquier otra profesión, un 5-10% de docentes que ya se escaqueaban.

Hay, eso sí, el otro lado de la moneda. Docentes sin horarios que intentan trasladar, con mayor o menor éxito, el proceso de enseñanza mediado por las pantallas. Un proceso que, lamentablemente para algunos, solo funciona si se usan las mismas estrategias que una clase presencial unidireccional. Y eso de que funcionan lo podríamos poner en barbecho. En barbecho por más de un par de ciclos de recolección.

Visto lo visto y sabiendo que es muy difícil que el curso empiece con normalidad, voy a poner cosas que haría si pintara algo. Como no pinto nada y escribir es libre, voy a ponerlo aquí.

En primer lugar se ha visto que el modelo de formación del profesorado no funcionaba porque, al menos en la parte digital, la mayoría de docentes han naufragado por tener que partir de cero (ni conocían las herramientas de la administración, ni sabían usarlas, ni tan solo había una capacitación básica en lo más sencillo del mundo como puede ser saber enviar un correo electrónico con destinatarios ocultos) . Lo lógico sería reformular todo el proceso de formación del profesorado, cambiar la existencia de “lugares zonificados” por algo más centralizado y, desde allí, proceder a contactar con profesionales para que diseñen los cursos de formación, siguiendo un itinerario lógico. Y no, aunque pique por motivos que todos sabemos a algunos, la formación -no solo en competencias digitales- debería ser obligatoria. Exigiendo, claro está, que los que van a diseñar esa formación la tuvieran. E iré más lejos, creo que esa formación debería realizarse desde un único lugar (léase el INTEF, con todos los cambios que hubiera de hacerse en él) y expandirse en cascada por centros de profesorado centralizados. Pero ya sé que es una utopía porque, al final, todas las Comunidades están optando por el mismo modelo formativo. Quizás es que esté funcionando y yo no lo sepa ver pero, con la cantidad de recursos que se han invertido en formación del profesorado en los últimos veinte años (salvo los recortes brutales en la crisis) no entiendo ciertas cosas.

El segundo punto del decálogo (va, retomo el tema decálogo) relacionado con el del diseño de un plan de competencia digital del profesorado, consistiría en dotar de un kit digital para docentes. Un kit digital que debería consistir en un equipo informático, conexión a internet y herramientas testadas para su uso en el aula. No puede ser que cada uno haga lo que le apetezca, busque las herramientas que le dé la gana y, al final, ponga en peligro los datos del alumnado. Ese kit digital debería ser único. Y vuelvo a repetirme, un diseño único de kit digital implica ahorro y más posibilidades de poder ser asimilado por la comunidad educativa como algo propio.

Añadiría a lo anterior la eliminación de posibilidad de elección de centro por parte de las familias y asignación automática de los mismos, siguiendo unos criterios transparentes con la finalidad de evitar centros gueto, entre todos los centros públicos y privados subvencionados con fondos públicos (léase concertados). Si hay concentración de un determinado tipo de alumnado en un centro, se debería poner todos los recursos (transporte y comedor gratuito) para que pudieran moverse los alumnos en la ciudad. Especialmente esta situación de segregación pasa en determinados barrios de determinadas ciudades. Algo que la elección de centro acrecienta.

Rediseño de un Bachillerato único en el que hubiera un bloque de asignaturas obligatorias y una franja de optatividad. Desaparición de las modalidades en Bachillerato y estructura del mismo basándose en la consulta a “expertos”. Y no me refiero a los que todos sabemos. Relacionado con esto y también dentro del decálogo, estaría la eliminación de la Selectividad (llámese de la manera que sea). ¿Cómo se puede eliminar la única prueba que iguala al alumnado con independencia de que en sus centros -no solo en privados- les inflen la nota? Pues muy fácil… creación de un equipo de docentes que, dentro de sus atribuciones esté la de organizar pruebas o establecer mecanismos de evaluación que, en períodos concretos del año, van a ir realizando “por sorpresa” en los centros educativos. Así también matamos el concepto de “estudiar para vomitar en el examen”. En caso de que los resultados de las evaluaciones no coincidan (o difieran en muchos puntos porcentuales) entre las notas que da el centro y las que se obtienen en estas evaluaciones, establecimiento de un proyecto intensivo de control y mejora en los centros en los que suceda lo anterior.

Relacionado con lo anterior, disminución de las ratios mediante la construcción de nuevas infraestructuras educativas. Como medida provisional existe siempre el tema de usar barracones pero, en un año, con inversión, se pueden construir muchos centros públicos. Además, con la crisis que ha acrecentado esta pandemia entre el sector de la construcción, ¿por qué en lugar de hacer segundas residencias no hacemos inversión pública en equipamientos educativos?

Reformulación del currículum en etapas obligatorias, desaparición de la especialización en los grados universitarios y resideño de los másters para convertirlos en no obligatorios. Volver a un modelo 3+2 se hace imprescindible. Bolonia ha sido un gran timo y, el rediseño de la Universidad es imprescindible. Agrupar títulos es algo más que necesario porque algunos, al final, en lo único que se diferencian es en muy pocas asignaturas. Añado a lo anterior la formación inicial del profesorado que debería hacerse en las Facultades de Magisterio, cuyo nombre debería reformularse a Facultad de enseñanzas, con modelos formativos diferenciados para docentes según etapas. Incluiría en esas enseñanzas también el acceso a ser profesorado universitario porque, por desgracia, se valora más la investigación que la docencia. No, que nadie se asuste. Los modelos formativos diferenciados estarían impartidos por profesionales con experiencia (o sin ella pero con un bagaje académico importante) en cada uno de los ámbitos: lo de que un maestro enseñe didáctica de las matemáticas a un profesor de Secundaria que va a dar clase en ESO y Bachillerato no tiene ningún sentido. Y a la inversa, tampoco.

Pero, lo que es más importante dentro del decálogo es la reconsideración del docente como parte fundamental de la educación, el establecer plataformas de comunicación con ellos y la reformulación del cuerpo de inspectores en dos modelos: uno más dedicado a cuestiones burocráticas/juristas y otro dedicado a la parte más pedagógica.

Hasta aquí mi decálogo de hoy. A pesar de todo lo que propongo, en el momento actual todos hemos podido observar varias cuestiones: el sistema educativo no se ha caído gracias al esfuerzo de muchos (docentes, alumnado y familias), el teletrabajo es mucho más exigente y, lo que es más curioso, hay algunos alumnos que se sienten más cómodos con este modelo que con el aula. Y eso es algo que también debería llevar a reflexionar.

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Victor Suárez

“..el sistema educativo no se ha caído gracias al esfuerzo de muchos (docentes, alumnado y familias)..”, incluiría el sistema educativo al margen de estado de alerta: no se ha caído en general hace años gracias al esfuerzo de quienes citas y no todos. “el teletrabajo es mucho más exigente”, si pero nos falta práctica y como indicas desarrollar capacidades. “lo que es más curioso, hay algunos alumnos que se sienten más cómodos con este modelo que con el aula. Y eso es algo que también debería llevar a reflexionar.”. Pues si. Así a bote pronto se me ocurre, que el… Leer más »

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