Deberes de verano… para profes “sin vida”

Entiendo que haya docentes que tengan poca vida social más allá del curro. Entiendo que, a diferencia de algún cafre como yo, al que le guste fabular sin más, acerca de temas educativos, haya algunos que consideren su profesión su tarea divina. Entiendo que haya algunos cuya vocación es tan grande y, sus expectativas fuera del contexto laboral tan pequeñas que, al final, deban conformarse con disfrutar de unas vacaciones en un campo de trabajo de pedagogía aplicada. Os prometo que lo entiendo.

Fuente: ShutterStock

No es malo no tener vida. Tampoco lo es querer transformar la profesión en una vida. Los espejismos siempre son bonitos y, al final, lo que uno ahorra en vida sirve para que otros “sin vida” aplaudan a rabiar ante cada proyecto montado, vídeo realizado o, simplemente, jornada a la que uno asiste como ponente o asistente. Además, en algunos casos siempre hay quien gana pasta con los que no tienen hobbies. También con quienes tienen hobbies. No es malo que el hobby de uno sea la educación. A mí me mola disertar sobre ella. Por cierto, también me gusta irme de tapeo, a pasear por la playa, la horchata y el fornicio. Es que no todo va a ser vivir por y para un solo tema. Lo de la disfunción pedagógica no se cura con pastillas. Se cura abriendo las ventanas y mirando más allá. Pastilla roja, pastilla azul. Vida o pedagogía. Bueno, lo mejor son las pastillas multicolores. Esas no tienen contraindicaciones. Y si las tienen, tampoco pasa nada.

A ver si nos dejamos de ser pedagógicamente guays y nos ponemos a ser guays. Si a uno le motiva más preparar material para sus alumnso del curso que viene que irse a ver el mar o, simplemente, meterse un lingotazo de gin-tonic (o de su bebida favorita) tiene un problema psicológico grave. Eso sí, cada uno que haga con su vida lo que le salga del potorro. O de los potorros. Por cierto, ¿sabíais que el potorro, según la RAE, es el salero típico de mesa? Cosas que se aprenden en los últimos tiempos de conversaciones muy poco educativas.

Lo mejor de los deberes es no tener. Lo mejor del tiempo libre es el propio tiempo. Lo mejor de no obcecarse en algo es que, al final, puede ser tomado como un divertimento en lugar de como una obligación. Si uno corre mucho, al final se acaba enganchando. Y todas las adicciones son malas. Incluso las que, supuestamente, pueden llegar a ser saludables.

Mi mejor deseo para los profesores sin vida es que encuentren esa vida que tan necesaria se hace. Yo hace años que la he encontrado. Vivir, eso sí, es complicado. Hay momentos buenos, malos y regulares. Eso sí, siempre merece la pena. Más aún cuando el lapso temporal de uno es muy limitado.

Algunos seguimos trabajando por motivos psicológicos, otros van a seguir haciéndolo pasada la edad legal de jubilación porque no tienen otra vida fuera del trabajo. No es malo que a uno le guste su trabajo pero, por suerte, hay vida más allá de él. Buscadla. Se encuentra y vale mucho la pena disfrutarla.

Un abrazo a todos los que os queda nada, a los que estáis inmersos en unas oposiciones y a aquellos que, por desgracia, no vais a poder seguir disfrutando de esa gente que os ha dejado hace nada. La vida es vivirla. No vivirla es perderla.

Claro que en verano (por cierto este año trabajo julio y agosto) a lo mejor voy a seguir escribiendo sobre educación. Eso sí, sin presión ni obligación vocacional ;)

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