¿Debemos prescindir del modelo actual de formación del profesorado?

Estamos en una época de reducción de gastos por parte de la Administración educativa. Nos vemos con la necesidad de aumentar la eficiencia, sin olvidarnos la necesaria eficacia en todas las actuaciones que impliquen el gasto de dinero público. Es imprescindible ahorrar sin perder de vista que dicho ahorro, al menos en lo que se refiere a los servicios básicos (Educación, Sanidad y Seguridad), no debe suponer un empeoramiento del servicio ofrecido.

Lo anterior lo podemos aplicar a la formación del profesorado. Una formación que quizás convendría reorientar. Una formación que quizás convendría, al menos en lo que se refiere a formación en nuevas tecnologías, intentar ofrecerla de una manera más exitosa de lo que se está ofreciendo actualmente. Demasiados cursos de formación con las mismas temáticas. Con formadores que, una vez creado el material, lo vomitan día tras día en esos cursos presenciales que se realizan a unas horas concretas. Un horario que, por cuestiones personales, hace que a muchos docentes se les indigeste la asistencia a los mismos más allá de la necesidad de la certificación horaria.

¿Por qué no invertimos el modelo presencial e, incluso el virtual tal como se está realizando hoy en día? ¿Por qué no atrevernos a colgar los materiales de los cursos relacionados con esas nuevas tecnologías bajo licencias libres en una determinada plataforma (cualquier LMS me sirve, como por ejemplo el más conocido Moodle) abierta para la consulta por parte de todos los docentes, con independencia de la CC.AA. en la cual estén trabajando? Seguro que alguno me comentaréis que hay muchas CC.AA. que ya lo hacen. Que cuelgan una versión de sus cursos bajo acceso libre (como invitados) y con las posibilidades cuasiinfinitas de compartir, modificar y adaptar sus materiales. Pero, ¿por qué quedarnos aquí? ¿Por qué tener en diecisiete servidores diferentes los cursos de formación? ¿Por qué no permitir que un solo servidor gestione todos los cursos de formación que se dan en todas las CC.AA. para que no haya decenas de repeticiones de cursos sobre una misma herramienta que son un copia y pega de otros cursos que otros docentes ya han creado? ¿No interesa reducir el coste que supone cada curso que se crea para cada Consejería diferente? ¿Tanto dinero hay para repartir para pagar por lo mismo diecisiete veces?

Ya tenemos los cursos colgados en abierto en servidores accesibles. ¿Cómo gestionamos las dudas si no hacemos el curso guiado como lo estamos cursando actualmente? Fácil. Implantemos una red social educativa de adscripción obligatoria por parte de todos los docentes españoles dinamizada por un grupo de docentes. Docentes que, durante un tiempo (que se habría de limitar) tendrían como única función la resolución de dudas sobre nuevas tecnologías (no sólo a nivel de herramientas) que se les pudieran plantear. Con un feedback en abierto que permitiría cada vez más el aprendizaje horizontal.

Seguro que al llegar aquí hay alguno que encuentra a faltar la sociabilización que suponen los cursos presenciales en nuevas tecnologías. Esos cafés donde se hablan de experiencias que se están llevando a cabo en los respectivos centros. Esos espacios de compartir estrategias educativas. Otra cuestión a la que se puede dar fácilmente una solución. Montemos cada cierto tiempo congresos abiertos. Congresos para compartir estrategias. Congresos de asistencia obligatoria en un número determinado de ellos dedicados a compartir estrategias educativas. Subvencionados por la Administración educativa. Aumentada su eficacia por la gestión de la red social educativa creada. No son Congresos magnificentes donde ponentes exponen sus experiencias de aula desde un estrado. Son cafés. Cafés en horizontal con otros compañeros. Donde el menos importante y, a la vez el más importante, es cualquiera de los docentes que están compartiendo ese tiempo con otros compañeros. Ya existen dichos modelos. Sólo falta potenciarlos y regularlos para que todos los docentes se vean obligados cada cierto tiempo a acudir a esas asambleas de trabajo horizontales.

Aún no he hablado de dinero. Eliminar todos los cursos sobre nuevas tecnologías (presenciales y online) que, actualmente suponen cerca de un 80% de la oferta de la formación del profesorado, supondría un ahorro brutal. Favorecer el autoaprendizaje mediante la posibilidad de la consulta de materiales en abierto, la existencia de una red social colaborativa de adscripción obligatoria y, la necesidad de asistir a esas miniquedadas horizontales, una mejora sistémica del modelo de formación del profesorado.

¿No está preparado el docente para autoformarse si alguien le guía? ¿No está el docente capacitado para seguir unos cursos muy masticados, con manuales excelentes, y usar a posteriori las herramientas que necesite? ¿No está el docente preparado para participar en una red colaborativa? ¿Se va a tener miedo a meterse en algo que no controlamos a estas alturas? Sólo hace falta un pequeño empujón para que se establezca un nuevo modelo de formación entre iguales. Un pequeño empujón que también necesita unas pequeñas órdenes por parte de la Administración para obligar a que el docente se forme. Una formación que no puede obviarse por la necesidad de estar cada día más preparados delante de nuestros alumnos.

Algunas líneas básicas sobre estrategias de ahorro, más allá de intereses creados y, alejados de esas podas indiscriminadas que se están llevando a cabo en la Educación de nuestro país.

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