¿Debemos enseñar para tener éxito en las pruebas externas?

revalida13_En unos momentos en que el sistema educativo se mide (y aún se va a medir más en un futuro) mediante determinadas pruebas externas (léase PAU o futuras reválidas) conviene plantearse realmente cómo se debe dar clase a los alumnos. ¿Debemos asumir nuevas metodologías que, a pesar de entroncar con la posibilidad de tener éxito en las pruebas que deberan pasar nuestros alumnos, son las que pensamos que son más beneficiosas para un completo desarrollo educativo (a nivel de adquisición de competencias de diferentes tipos) de nuestros alumnos? O, quizás, por el bien de los chavales que se van a ver obligados a establecer una competencia continua mediante pruebas, ¿debemos prepararles para que saquen las máximas calificaciones en las mismas?

Si analizamos detenidamente los resultados de las pruebas externas que existen en la actualidad (PAU o pruebas para la obtención de determinados títulos) seguramente observaremos que las mejores calificaciones se están dando en los alumnos cuyo método de aprendizaje está muy enfocado a las mismas. Docentes que, siguiendo manuales (normalmente, libros de texto) y, obligando repetidamente a sus alumnos a pasar exámenes de otros años de las pruebas de acceso a la Universidad, consiguen que sus alumnos, de forma mecánica, consigan sacar unos excelentes resultados en las mismas. Unos resultados que van a permitir la elección de carrera. Unos resultados que, siendo objetivos, van a beneficiar a los alumnos.

Me acuerdo de este verano cuando hablé con un compañero que daba clase en segundo de bachillerato que me comentó que, cambiando metodologías, había conseguido, a su entender, que los alumnos “aprendieran” más pero que, lamentablemente, ese aprendizaje no se había transformado en buenos resultados en Selectividad. Algo que, por cierto, podía haber coartado las expectativas de algunos alumnos de estudiar la carrera deseada y que obligó a este compañero al que le gustaba hacer cosas nuevas a replantearse el escoger dar clases en este último curso de bachillerato previo a esa prueba estandarizada.

Por tanto, ¿qué haremos cuando la mayoría de cursos se conviertan en la necesidad de pasar pruebas externas? ¿Qué modelo educativo nos permite que nuestros alumnos afronten, con mayores posibilidades, la necesidad de obtener los mejores resultados? ¿Será posible o razonable seguir experimentando en el aula cuando la realidad nos imponga la necesidad de que nuestros alumnos, a nivel de obtención de calificaciones, sean los mejores?

Se puede preparar para pasar exámenes. Incluso, si se hace de forma coordinada entre los diferentes profesores del Claustro, se puede hacer que en el centro se obtengan los mejores resultados de forma global si se comparan con otros centros plagados de individualidades. Eso sí, sacar esos buenos resultados, implica volver a modelos anteriores. Modelos transmisivos con gran cantidad de ejemplos de pruebas a preparar. Modelos que implican seguir el modelo de un libro de texto que necesita acabarse. Modelos cuyos resultados sólo se van a poder medir en función de los resultados de unas pruebas que van a ser realizadas un día concreto y evaluadas por alguien que no conoce a los alumnos. Unas pruebas “objetivas” que van a marcar todas las decisiones educativas que se tomen.

Ahora se debe elegir entre tomar el camino marcado por las pruebas que, supuestamente, garantiza la obtención de mejores resultados o, arriesgarse sin ninguna garantía de éxito, a establecer nuevos paradigmas que, quizás a nivel de desarrollo cognitivo de los alumnos sea mucho mejor que el estándar pero que, lo más seguro es que no permita puntajes elevados en esas pruebas estandarizadas. Una disyuntiva muy poco interesante para algunos por lo que puede llegar a implicar la elección de una u otra alternativa.

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