De tocinos y velocidad

Hoy hemos hecho una de nuestras atemporales y siempre necesarias comidas “eduhorchata”. De esas que hacemos cuatro amiguetes -hoy faltaba Óscar- para hablar de la organización de las II Jornadas Eduhorchata. Bueno, la verdad es que hemos hablado de muchas cosas y, sin nuestro compañero, no vamos a hacer un diseño de nada pero sí que hemos tomado una decisión: cosas sin prisa y bien hechas.

Fuente: https://www.elpasospringfair.com

Y ello me hace pensar en la gran cantidad de veces en educación que se confunde el tocino con la velocidad. De la necesidad de algunos de encontrar soluciones inmediatas para ciertas cosas. De las prisas, en definitiva. Prisas que nunca son buenas. Prisas que perjudican la búsqueda del tocino.

En los últimos tiempos hay docentes que tienen mucha prisa en buscar en Santo Grial educativo. Miles y miles de proyectos, realizados a bote pronto sin ningún sustento ni pedagógico ni de diseño, que se está vendiendo como la solución a todos los problemas educativos. Lo de dejar el tiempo justo de cocción parece que no está a la orden del día. Mucho arroz excesivamente crudo para sustituir aquella paella que, por exceso del proceso, acababa siendo una pasta insulsa. Ni tanto fuego, ni tan poco. Las cosas a su tiempo, con su proceso y siempre, aunque no nos guste oírlo, a pequeñas dosis. No estamos tan mal para que el cambio deba ser realizado de forma radical. No estamos en muerte educativa. Estamos con muchos defectos pero, por no hacer ciertos experimentos, no vamos a tener una mejor educación. Es que, al final, tanta decisión carajillera (por los tiempos y formas) empieza a convertirse, en lugar de la solución, en el problema.

Si no queremos forzar a los chavales que lean, porque todas las investigaciones hablan de que el aprendizaje de la lectura va a depender de cada alumno, ¿por qué nos empeñamos en tener tanta prisa en cambiar las cosas? ¿Por qué no ir paso a paso? Claro que a todos nos gustarían soluciones milagro que funcionaran desde ya pero, ¿realmente no nos estamos dando cuenta de que, al final, lo único que hacemos es reproducir un modelo de cambio continuo en la educación? Haciendo revivals sin plantearnos por qué lo que estamos haciendo ya falló hace tiempo. Arrojándonos al primero que nos está vendiendo ciertas fórmulas mágicas. Y, en educación, aunque no nos guste nada, no existen las fórmulas mágicas. Menos aún aquellas que al momento ya provocan esa explosión multicolor que lo convierte todo en fantástico.

Yo no lo llamaría educación lenta. Lo llamaría cambio lento. Necesidad de hacer solo cuando tengamos claro qué estamos haciendo. Tenemos un enfermo que debemos cuidar. No tenemos un enfermo en estado terminal. Tenemos tiempo. Sin prisa, pero sin pausa… ¿no os parece?

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