¿De qué se ha hablado en el ámbito educativo este 2015?

Se acaba el año y, quizás, conviene hacer una retrospectiva de lo que ha supuesto, para la educación de nuestro país, este año que termina. Un año muy marcado por lo de siempre -nula afección de cualquier decisión u opción educativa en la mayoría de aulas- y, cómo no, novedades tecnológicas que, por suerte o desgracia, se quedan sólo en determinados púlpitos. Sí, la mayoría de las novedades y las metodologías que van a convertir la educación en la mejor del mundo, se quedan en determinados campos de experimentación e, incluso, sólo en formato papel. El formato papel, ese que lo soporta todo.

Fuente: http://semiodata.fr
Fuente: http://semiodata.fr

Este año no se ha hablado de realidad aumentada, más allá de los cuatro que siguen queriendo vivir de ella sin tener clara su utilidad educativa ni, tan sólo, se ha discutido acerca del tipo de dispositivos tecnológicos (parece que el tema de los iPads, Chromebooks o cualquier otro tipo de aparatejo haya pasado a segundo plano). Se ha hablado, en cambio, mucho de metodologías activas. De ABP, de lo que supone ese aprendizaje por proyectos, de cómo convertirse en un talibán educativo por poco precio. Del Flipped Classroom o cómo invertir el aula. De la necesidad de cambiar todo el modelo educativo para transformarlo en un conjunto de “no se sabe bien qué” para que cuadre con una determinada ideología porque, al final, todo es cuestión de la concepción ideológica que le damos a qué debería ser la educación.

También los jesuitas han hecho mucho para mediatizar este año que finaliza. Con su horizonte 2020 y con ese modelo de trabajo en el que dejan de lado las asignaturas han hecho mucho humo. Curiosamente, se ha vendido como maravilloso por lo bien que estaba realizado el regalo. El problema es cuando hablas con alumnos y padres que se ven metidos en el fregado. A ellos ya no les hace tanta gracia e, incluso, alguno se plantea devolver a sus hijos a centros públicos porque, según dicen, en Bachillerato ya se ha realizado el filtro de los pobretones y alumnos problemáticos. Sí, lo de los jesuitas a los únicos que no mola es a los que se ven implicados en ello. A los demás les ha encantado la idea. Algunos docentes de la pública se pegan por instaurar en su centro esas maravillas. Sí, mucho defensor de algo que, por desgracia, no es tan bonito como debiera ser.

En Madrid ya programan a tutiplén. Scratch, Arduino, Raspberry Pi, etc. Cualquier concepto relacionado con la robótica educativa está a la orden del día. No hay nada mejor que implantar asignaturas obligatorias para incrementar el currículum. Y si esas asignaturas vienen con cursos de formación impartidos por personas que no han pisado nunca el aula o, si lo hicieron, lo hicieron cuando aún se memorizaba la lista de los reyes godos, mejor. La programación y la robótica son los dos grandes baluartes de este año que termina. No hay docente innovador que se precie que pueda resistirse a lo anterior aunque, curiosamente, la inmensa mayoría que lo aplican en sus aulas simplemente se dedican a reproducir líneas de código o a realizar prácticas de terceros. Qué lo de pensar en diseños propios sale caro. Y, tampoco, no vamos a dedicar esfuerzos en algo que, seguramente, en muy poco tiempo va a ser desplazado por otra moda más guay y tecnológica.

Se han abierto debates que ponen el foco en la profesionalidad de los docentes. Entre José Antonio Marina con su Libro Blanco y la propuesta del MIR educativo hemos conseguido aislar al culpable de todos los despropósitos del sistema educativo: al docente. No hay nada mejor que evaluar y, una vez superada la afición de los gobernantes por PISA (que también ha permitido llenar este año algunas líneas y realizar suposiciones basadas en estadísticas que cada uno ha interpretado a su libre albedrío), ha tocado entrar en jugar a hundir la flota. Que lo mejor para ayudar a revertir las tasas de fracaso escolar es atacar a los docentes. Sí, la estrategia es fabulosa. Después de años de recortes, pérdida de poder adquisitivo (que en algunas Comunidades ha rozado el 30%) y, cómo no, ninguneo del personal, ahora toca señalarles con el dedo. Bonito plan para tener al trabajador contento. Digno de cualquier ensayista de legajos económicos. Sí, la producción aumenta al reducir las condiciones laborales de sus trabajadores y, cómo no, al incorporar medidas coercitivas.

También hay noticias positivas… hay un referente mediático que aparece hasta en la sopa. Los docentes nos debemos sentir orgullosos de él. Un docente sin igual que, por motivos personales, ha dejado el aula para pulpitear. El Pablo Iglesias o Albert Rivera de la educación. Qué sería de los docentes sin tener de guía alguien tan fabuloso que, además tiene buena planta y habla bien, defendiendo que hay otras maneras de trabajar en el aula. Qué ejemplo. Qué sensación de sentir que debes cambiar las cosas.

Bueno, no sigo hablando de las pruebas estandarizadas, de esas reválidas que nadie sabe cuándo van a implantarse o en qué van a consistir, ni tan sólo puede hablar de lo que supone la FP Básica o esa FP dual que permite que, un alumno, ya haga prácticas “de gratis” en empresas. Que la idea es que, cuando vea que cobra un salario de 600 euros al mes se dé con un canto en los dientes al ver que cobra “una barbaridad” en comparación con esas prácticas gratis que hacía cuando estudiaba. Negocio redondo para muchos.

Finalmente, tan sólo hablar del boom de las concertadas y del tema de la religión. En lo primero, mucha demagogia por parte de sus adalides y detractores. En lo segundo, se nota que es campaña electoral. ¿Tan fácil que sería comprobar las bondades de lo primero haciendo una permuta del alumnado de la pública a la concertada y de la concertada a la pública? Así, de una vez, podríamos dejarnos de jugar a “yo soy mejor” para hablar sobre datos concretos pero, cómo bien me dijo alguien una vez, siempre es mucho mejor la manipulación que la realidad porque, la realidad, cuesta mucho más de manipular.

Lo dejo aquí porque, sinceramente, seguir hablando de lo que ha pasado el 2015 cuando, la mayoría de las cuestiones no han llegado a la mayoría de aulas y al 90% de los docentes lo que les importa es lidiar en sus clases y hacerlo lo mejor posible, con independencia de lo que les digan políticos o gurús de medio pelo, hace que lo anterior se convierta en una disertación de la minoría para la minoría porque, cada aula es un mundo y los mundos son de gestión autónoma. Por cierto, y antes de darle a publicar, ¿qué hacemos con los deberes?

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