De permanencias tóxicas y reuniones improductivas

Es curioso que algo a lo que tengo alergia supina desde hace muchos años se convierta en el núcleo de mi desarrollo laboral. Cuando opté por dedicarme a la docencia, tenía muy claro que lo que me tocaría era lidiar con problemas de aula, temarios y evaluaciones. Era algo que, en un primer momento, fue una vía laboral a probar y que ahora se ha convertido en mi leitmotiv profesional. Algo que, en sus inicios, jamás me planteé que estuviera tan ligado a la improductividad como está siendo actualmente. Reunión tras reunión inútil, permanencias tóxicas sin motivos definidos más allá de cubrir el expediente y una burocracia, en forma de papeleo que nadie jamás se va a leer, cada vez más exagerada.

El docente está dejando de ser docente para convertirse en un simple burócrata. El trabajo de aula es lo de menos ya que sumando las horas, a mi entender improductivas, nos podemos llegar a encontrar que el mismo se encuentre más horas ejerciendo la presencia que trabajando en las trincheras. No es de recibo que, cuando se sabe que uno de los principales problemas de los trabajadores españoles (y no sólo los docentes) es la improductividad horaria, se plantee para un colectivo tan sensible como el docente un aumento de horas inútiles. Somos el país donde más horas trabajamos y menos productivos somos. El país donde todas las soluciones pasan por aumentar los horarios de sus trabajadores a pesar de existir la máxima anterior.

Como podemos ver, España tiene una productividad por hora ligeramente inferior a la media de la zona Euro (unos 3€ por hora menos, alrededor del 10%). Del orden de un 25% inferior a Alemania, y tan solo 1€ inferior a nuestros amigos italianos. Lejos, bastante lejos de la productividad portuguesa (casi la mitad que la nuestra), por no hablar de la productividad de Polonia, Estonia, República Checa, Hungría, Letonia, Lituania, Bulgaria, Estonia, Eslovaquia o Eslovenia (fuente).

Lo anterior es refiriéndonos sólo a temas puramente económicos. Cuando los datos son aplicados a los “sectores de servicios esenciales” nos encontramos con datos realmente más exagerados que los anteriores. Datos de la OCDE que nos dicen que los alumnos españoles son de los más estabulados de la UE. Datos que nos confirman la proporción de horarios lectivos versus horarios dedicados a corrección y programación del propio Ministerio (De las 37,5 horas de un docente, 20 horas son de atención directa al alumnado y las otras de horas complementarias, preparación de clases, corrección de ejercicios, reuniones, etc.).

Es curioso que el peso de las reuniones improductivas y horas de “permanencia” cada vez formen una parte más importante del horario profesional docente. Curioso que, por ejemplo en Cataluña, existan 28 horas obligatorias de permanencia en centro. Unas horas destinadas, en su mayor parte, a reuniones improductivas y que restan la posibilidad a los docentes de realizar tareas útiles. Unas horas que, ni en mis peores pesadillas, me pensaba que tocaría sufrir de una manera tan exagerada.

Odio perder el tiempo. Me molesta que se intente tomar el pelo con reuniones “obligatorias” en las cuales no se dirime ningún tema de interés. Me enfurece tener que preparar cada año unas programaciones que van a acabar en el fondo del armario (y que la mayoría de docentes realizan como copia y pega de una programación de años anteriores o de alguna editorial). No entiendo las evaluaciones precero, cero, preuno, etc. No puedo dejar de compartir la sensación de impotencia que me genera el tener que firmar unas hojas de asistencia porque se cuestione mi profesionalidad. No es de recibo que un docente se vea sometido a un entramado de improductividad cada vez más extendido y nocivo. Una improductividad que le obliga a estar pululando por el centro metido en reuniones inútiles, intentando encontrar un ordenador libre para hacer algo (utópico por la dificultad que supone que nadie te interrumpa) y pasando, sin ton ni son, esas horas de obligado cumplimiento en unas salas ya vacías de chavales.

No me gustaría acabar el artículo sin comentar las palabras de Julio Carabaña, catedrático de Sociología:

Es “inmensurable” las horas que un docente dedica a la enseñanza. Es decir, no se pueden medir. “El director de un colegio puede saber cuántas horas está el profesor en el aula o en el patio, pero no cuántas horas dedica en su casa a preparar las clases”

Por tanto, queda claro que, no por mayor control físico del docente ni permanencia obligada la productividad del mismo va a mejorar. Quizás sería hora de replantearse esta casuística y, en lugar de establecer la permanencia en el centro, la burocracia y las reuniones inútiles como eje del trabajo, priorizar lo realmente importante: las horas de aula con los alumnos. Algo que desde los despachos, sólo preocupados en datos cuantificables (horas que tenemos a los docentes en los centros), se olvida con demasiada facilidad.

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Vicente Jorge Adriá

Si… Yo he llegado a reunirme conmigo mismo como Jefe de Departamento y único miembro docente del departamento. Luego nos preguntamos por qué estamos como estamos…

Saludos

procastino

No estoy demasiado de acuerdo, son necesarias horas de reunión entre docentes, y es nuestra responsabilidad como profesionales hacer que sean productivas (tarea titánica, eso es cierto).
También la administración debe responder a esto, haciendo que las condiciones materiales y organizativas en un centro favorezcan esa “productividad”, aparte de dejar de machacar con burocracia y papeleo.

Iván pastrana

Suponiendo que nuestro sueldo como docentes dividido entre las horas de permanencia en el centro salga a unos 20€/h. (No se cuanto es, dependería de cada CA), las reuniones de equipos docentes que he tenido ayer (con 10 profesores de media y 45 minutos cada una) le han costado al estado aproximadamente 150€ cada una. Utilidad….. Muy escasa, nada que no se hubiera podido solucionar por email.

Josep

No estoy demasiado de acuerdo. Y de hecho en mi centro siempre que alguien ha dicho algo parecido en un claustro, no ha sabido qué contestar a la pregunta ¿y entonces que propones que se suprima? ¿La reunión de departamento? ¿La de equipo docente? Y es que la productividad o improductividad de una reunión la determinan sus integrantes, no el hecho de tener que reunirse. Vamos a dejar aparte otros temas obvios como la firma de hojas de asistencia, que es incuestionable por motivos que a nadie se le escapan. Hagamos cuentas: de las 28 horas de permanencia en el… Leer más »

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