De cantares de gesta y juglares

Los cantares de gesta, para aquellos que no lo recordéis, por haber estado sometidos a una enseñanza memorística y con metodologías nada activas, son unas obras literarias del medievo, de formato bastante extenso, que se caracterizan por narrar las hazañas de un héroe cuyas virtudes representaban un modelo para la ciudadanía. Y los juglares eran esos personajes que recitaban esas hazañas, amén de otras cuestiones más grotescas e hilarantes (lo que denominaríamos el Broncano de la Edad Media), en todo tipo de lugares a lo largo y ancho del territorio.

Fuente: Desconocida

Hoy en día tenemos tarimas en eventos magnificientes plagadas de juglares que nos recitan grandes hazañas docentes. Mucha épica, normalmente expresada por oradores “magistrales”, que hablan de los éxitos de determinados profesionales de la docencia, y de lo que han conseguido en determinado grupo de alumnos. Gestas que, al igual que los cantares, van exagerando cada vez más los hechos conseguidos hasta convertir un cajón flamenco en miles de ellos, mientras van añadiendo cuestiones mucho más épicas, enardeciendo, aún más si cabe, a un auditorio cada vez más entregado. Además las tablas dan empaque y ese empaque permite arengar, en cada nuevo evento educativo, de una forma más profesional.

Existen juglares de la educación que, hoy en día solo necesitan estar en las redes sociales, para glosar multitud de éxitos suyos o de terceros. Conseguidores de seguidores gracias a su gran capacidad de fantasear con molinos convertidos en gigantes, caballos alados o talones infalibles. Creando alumnos que no existen, falsificando resultados de determinadas metodologías, haciendo una ola al fabricante de herraduras de su animal mitológico preferido. Grifos, mantícoras, faunos, unicornios o minotauros son sus preferidos. Es que uno prefiere cabalgar a lomos de gigantes que de enanos. Son el David convertido en el Goliat que ha aprendido a usar la honda. La historia interesa que hable de ellos. De sus éxitos educativos. De su capacidad de hablar sobre lo maravillosos que son. De descontextualizar un trabajo de muchos a lo largo de mucho tiempo para atribuírselo como un éxito personal e intransferible. Es que todos sabemos que un docente que da tres horas a la semana de una asignatura va a marcar a fuego el devenir futuro de sus alumnos. Ya sabemos todos que lo de Keating no era ficción y estaba basado en hechos reales.

Estos días seguro que alguno que hace tiempo que ha abandonado el aula, va a contar anécdotas de cuando daba clase. De lo que ha influido a sus alumnos. De lo que sigue influyendo en ellos. De cómo gracias a él y a nadie más, ese alumno ha conseguido triunfar en su vida. Y cómo no, de esas cartas que recibe de sus alumnos inventados que, algún negro de esos que escriben épica a bajo coste, le ha redactado para que la pueda mostrar en su próxima aparición estelar.

Mucho cantar de gesta docente. Mucha epopeya de héroes que se ponen unas mallas de día, mientras miran su serie favorita de superhéroes en Netflix. Un volumen cada vez mayor de música que enardece los ánimos en cada evento educativo. Mucho juglar con ganas de contar cosas que jamás han sucedido o exagerar algunas que, quizás, tampoco han sido tan importantes.

La realidad impide que, salvo que algunos se dediquen a novelarla por interés, existan héroes individuales en una profesión como es la docencia. Hay grandísimos profesionales que, quizás con suerte, ponen un pequeño granito de arena en algunas cosas. Eso sí, cuando alguno os diga que ha conseguido crear playas, creo que empieza a ser el momento de activar esa luz roja que, por desgracia, tiene la bombilla fundida en más de uno. Si no fuera así no se entenderían ciertas cosas porque, al menos para un buen profesional, el principio de precaución y el sentido común deberían venir de serie.

Los cantares de gesta son solo producto de la ficción. Resultan de interesante lectura, porque a uno siempre le gustan las historias de héroes pero, por mucho que algunos nos lo cuenten muy bien en determinados lugares, no deja de ser algo más falso que ese billete de mil euros, de color turquesa con pinceladas de malva, que yo nunca he tenido en mis manos.

Muchas gracias Carlos por la inspiración ;)

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

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