¿Cómo podemos incentivar a los docentes para que apuesten por una educación basada en evidencias?

Como docente, entiendo que a veces es difícil cambiar nuestra perspectiva y adoptar nuevas prácticas pedagógicas. Especialmente si dichas prácticas, en ocasiones, no tienen resultados inmediatos o no solucionan todos los problemas y casuísticas que suceden en las aulas. Sin embargo, la educación basada en evidencias es fundamental para el progreso de nuestro alumnado y para el éxito de nuestro sistema educativo. Y repito que es lógico que, cualquiera que se dedique a la docencia o tenga relación con la educación, aunque no sea como profesional de la enseñanza, tenga sus recelos a la hora de “comprar” determinadas cosas. Especialmente porque algunos ya llevan mucho tiempo timándonos con cosas que, dicen basadas en la evidencia, y no son más que humo muy poco seriamente justificado.

Para incentivar a los docentes que apuesten por una educación basada en la evidencia, deberíamos hacer lo siguiente:

  1. Informar de que no toda evidencia es directamente importable en cualquier contexto. Y que, aunque haya indicadores, debemos poner siempre en presente lo que dicen determinadas evidencias porque, al igual que sucede en otros ámbitos, a mayor número de investigaciones sobre un tema, pueden refutarse o surgir nuevas evidencias.
  2. Comunicar de forma clara y accesible. Se deben presentar las evidencias e investigaciones de forma sencilla y comprensible. Lo de las jergas académicas y estadísticas complejas es algo que echa para atrás a más de uno. Une ejemplo sería que, en lugar de decir “metaanálisis”, podríamos explicar que es un análisis de muchos estudios para obtener una conclusión general. Alejar la complejidad de las investigaciones no implica que no deban referenciarse ni dar la bibliografía a las mismas para que, más allá de lo que podamos decir algunos, cada uno pueda leer las mismas.
  3. Explicar con historias y ejemplos. Las historias y ejemplos concretos pueden ser poderosos. Se pueden contar historias de cómo la aplicación de métodos basados en evidencias ha mejorado el aprendizaje del alumnado en determinados centros educativos. Por ejemplo, se podría hablar sobre cómo adaptar las estrategias de enseñanza actuales, los efectos positivos a todos los niveles o, simplemente, decir en qué centros, etapas y contextos han funcionado ciertas cosas. No es malo tirar de ejemplos. Los ejemplos, salvo que se usen a la inversa (o sea, para demostrar que algo se convierta en evidencia cuando no lo es) son una buena herramienta para comprender cómo se aplican ciertas cosas.
  4. Invitar a expertos. ¿Por qué no traemos a especialistas en educación basada en evidencias para dar charlas o talleres en los centros educativos? A veces, escuchar a alguien externo puede ser más convincente que escuchar a un colega. Lo mismo para “grandes eventos”. En lugar de tirar del que tiene muchos seguidores en las redes sociales o es reconocido mediáticamente, ¿por qué no tirar de los que llevan décadas investigando en educación y que, más allá de no decir nada, hablan de cosas que dice la ciencia que podemos usar en el aula para mejorar el aprendizaje de nuestro alumnado, la gestión del centro o cualquier otra cosa relacionada con el día a día de nuestros centros educativos?
  5. Montar sesiones de formación. Se pueden organizar sesiones de formación específicas sobre el tema. En las mismas se pueden mostrar estudios concretos y discutir cómo aplicar sus resultados en el aula. Además, se podrían compartir recursos útiles, como guías o infografías. Una infografía bien fundamentada tiene un gran valor porque visualmente, especialmente entre los profesionales que ya saben de lo suyo, permite captar una idea en un momento.
  6. Enfocarse en el beneficio para el alumnado. Conviene recordar que nuestro objetivo principal es el que el alumnado tenga éxito. Lo sé, hay muchas maneras de medir el éxito pero, al menos para mí, está basado en el aprendizaje y en las puertas que se le puedan abrir en un futuro. Conviene destacar que una educación basada en evidencias puede mejorar sus resultados académicos y su desarrollo integral.

Más allá de hacer apología de la educación basada en evidencias, hablando también de sus límites, debemos luchar contra la difusión de determinadas pseudociencias, herramientas y prácticas educativas de dudosa calidad. Aunque haya ideas pedagógicas que se hayan popularizado, como los estilos de aprendizaje o las inteligencias múltiples, la evidencia no respalda su eficacia de manera sólida. Por eso es importante, en estos casos, hacer lo siguiente:

  1. Explicar la falta de evidencia: De manera respetuosa, debe informarse a los docentes y familias, que estas teorías no han sido respaldadas por investigaciones rigurosas. Es importante que comprendan que no se trata de rechazar ideas, sino de basar nuestras prácticas en datos sólidos.
  2. Ofrecer alternativas basadas en evidencias. En lugar de simplemente desacreditar las pseudociencias, debemos mostrar alternativas respaldadas por investigaciones. Por ejemplo, en lugar de centrarnos en los estilos de aprendizaje, podríamos hablar sobre la importancia de la retroalimentación efectiva y la adaptación constante de nuestras estrategias de enseñanza. Son solo algunas ideas pero hay suficiente bibliografía para tener alternativas a determinadas modas.
  3. Promover el pensamiento crítico entre los docentes. Es importante ayudar a los docentes a analizar la información que encuentran. ¿Qué evidencia respalda una teoría? ¿Hay estudios replicables? Debemos fomentar la curiosidad y la búsqueda activa de pruebas. Además tenemos la ventaja de contar con un colectivo muy bien formado y por ello, al cuestionarles cosas, tienen la capacidad de poder cambiar hacia una educación basada en las evidencias.

La educación basada en evidencias es nuestra brújula para guiar al alumnado hacia el éxito. Debemos tener siempre en cuenta sus limitaciones, pero antes de apostar por intuiciones y por cosas muy bonitas que se están vendiendo, intentamos ver qué es lo que dice la ciencia y compartamos esas evidencias. Conviene hacerlo de manera colaborativa, respetuosa y siempre pensando en el bien mayor.

Finalmente deciros a los críticos con las evidencias que, siempre es mejor tener algo en lo que apoyarte que tener nada o humo. Es que, al final, si uno recorre una ruta de montaña, ¿qué prefiere? ¿Tener un personaje que nunca la ha hecho y ha ido en coche al final de la misma que diga que sigáis su voz, o a un compañero, bien equipado, que ha revisado la previsión del tiempo y que ya ha hecho esa ruta antes antes o se basa en la evidencia que han dejado otros? Yo lo tendría bastante claro.

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