Comentarios despectivos 2.0

Media España soliviantada por la aparición de unas cartas anónimas en determinados buzones de una localidad madrileña donde se filtran, supuestamente, conversaciones por Whatsapp entre un grupo de docentes criticando a alumnos y padres. Penas de muerte, decapitación e, incluso baños en ácido como propuestas por parte de muchos hacia los docentes que, dentro de su libertad de expresión pero con una falta de sentido común digna del más cenutrio de los mortales, hacían el gilipollas en un grupo privado.

Fuente: http://fress.co

Fuente: http://fress.co

Sí, lo anterior es grave. Gravísimo por ser el docente el garante de la educación en este país. Un colectivo que, más allá de ser humano, tiene sobre sus hombros las posibilidades de cambio en un país donde lo más lógico y cómodo es no cambiar. Grave también por la demonización por parte de algunos tertulianos de las redes sociales y de su uso en ámbitos educativos. Gravísimo, como no, por ser noticia amarillista de esas que tanto gustan a la fauna mediática pero, ¿es tan grave lo anterior?

Dudo, dudo razonablemente de las consecuencias legales que pueda suponer dicha filtración para los docentes “gilipollas” que se dedican a criticar a los alumnos en las redes sociales. Dudo también del proceso de selección del personal docente por permitir que dichos personajes hayan aprobado unas oposiciones y estén dando clase. Dudo, en definitiva, de toda la situación que unos whatsapps están provocando.

Me imagino la reacción de algunos padres que en sus grupos dicen cosas peores de determinados docentes pidiendo la picota. También, como no, la de aquellos que defienden la eliminación de los dispositivos tecnológicos en el aula y, especialmente, de aquellos que defienden la prohibición de los teléfonos móviles en los recintos educativos. A todos ellos, poco más que decirles. Ya han hecho el juicio donde ellos han hecho de juez y jurado. Por cierto, con un sabroso veredicto de culpabilidad. Culpabilidad a los docentes y, como no, al Whatsapp. Qué bonito el juzgar. Qué fácil hacer lo anterior en nuestro país.

Nada, que al final si uno quiere usar el cuchillo de cocina para rebanar el pescuezo a uno que le cae mal debe ser indicativo de la eliminación de la venta de dichos productos. Que incluso con un lápiz, clavado en la yugular, se puede hacer bastante pupita. La solución, como siempre, la prohibición de la herramienta. Algo que debería hacer reflexionar. Algo que obliga a plantearse la culpabilidad del medio frente a la del energúmeno que hace un mal uso del mismo.

No lo sé. No tengo ni idea, más allá de la mediatización de la noticia, de lo que ha pasado realmente pero, lo que sí sé es que, más allá de la filtración o no de conversaciones privadas, lo anterior me parece muy grave. Grave no sólo por el hecho. Grave por mantener, si es cierto, a dichos personajes (evito el calificativo de docentes) dando clase. Grave por no ser casos aislados. Grave por lo que puede inferirse de lo anterior.

Sólo tengo un problema para pedir la pena de muerte a esos que se han enviado este tipo de whatsapps… ¿quién decide la gravedad del hecho? ¿La fauna o la justicia? Porque, si son los primeros, ya tardamos en aceptar de una vez por todas la política del Estado Islámico.

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