Centros concertados, diversidad y educación de calidad

Desde hace ya unos años, viajar se ha convertido en una de las formas más populares de explorar otras culturas y enriquecernos como personas. Aunque no estoy muy a favor del postureo del nuevo cosmopolita, es verdad que se aprende mucho viajando. Y no soy el único que lo piensa: hoy en día los programas de intercambio para estudiantes que viajan a Irlanda, Estados Unidos o Francia están por todas partes. Lo gracioso de todo esto es que mucha gente se gasta un dineral en mandar a sus hijos de intercambio y después pagan más dinero para que esos mismos hijos vayan a escuelas con baja diversidad cultural. ¿Por qué no se ve en nuestro país la diversidad de nuestras aulas como un elemento crucial de una educación de calidad y se valora tanto eso de “estudiar fuera”?

Fuente: Desconocida

Esto me puse a pensar yo cuando hace una semana explotó por Twitter el debate de educación pública y concertada la semana pasada. Junto a las declaraciones de Celaá, se viralizó por la red un video donde se ve a los alumnos de una escuela del Opus Dei haciendo pasillo de honor a un profesor en su último día de trabajo. A muchos compañeros de profesión les llamó la atención la falta de diversidad, tanto de sexo como étnica y racial, en el alumnado del centro. La mayoría comentó sobre los peligros que puede traer para nuestra sociedad la creación de un tipo de escuela que rompa la cohesión social.

La importancia de escuelas con diversidad para promover una sociedad más inclusiva es algo en lo que creo firmemente. Sin embargo, creo que nos estamos olvidando de otro detalle: la diversidad es uno de los pilares de una educación de calidad. Dicho de otra forma: por muchos iPads que tenga una escuela, si no tiene un mínimo de diversidad en su alumnado, la educación académica de sus estudiantes se verá perjudicada.

Mi hija nació hace apenas año y medio en Estados Unidos. Aunque yo haré todo lo posible para que sea asturiana, la verdad es que mi hija va a tener muchas más identidades: americana, hondureña (como su madre) y asturiana. Algún día mi hija llevará la forma de ver el mundo de sus padres a su escuela en Estados Unidos y empezará a hacer preguntas en clase que van a sorprender, e incomodar, a sus compañeros de clase “americanos”. ¿Por qué existen cárceles privadas en este país? ¿Por qué hay gente que se queda en la ruina por pagarse gastos médicos? ¿Por qué la mayoría de gente aquí parece despreciar la educación pública y en Europa se le da tanta importancia? ¿Por qué los americanos tienen fobia a los impuestos? Y la pregunta del millón: ¿Por qué la gente dice “América” cuando quieren decir “Estados Unidos”? Estas preguntas cuestionan la narrativa dominante de lo “lógico” y lo “normal”, forzando a todos en clase a preguntarse por qué es su mundo así.

Ahora mismo hay en España miles de estudiantes, inmigrantes e hijos de inmigrantes, que se están haciendo preguntas parecidas sobre nuestro país. Y esa es una de las riquezas de una buena escuela pública: una niña de familia senegalesa y un niño de Carabanchel llevan sus visiones del mundo a clase y la comparten espontáneamente. Juntos, estos niños crean nuevas soluciones para una sociedad cada día más compleja.

Desgraciadamente, hay estudiantes que no están escuchando estas preguntas y que no se les está desafiando a pensar, a entender el mundo de otra forma. Desde un punto estrictamente académico, esto es una pequeña tragedia. Las escuelas que no cuenten con un mínimo de diversidad de cualquier tipo en su alumnado pueden crear homogeneidad intelectual y, lo que es más importante, es de un aburrido que ni te cuento. ¿Cómo vamos a tener debates relevantes sobre temas tan complejos como religión, historia o literatura si las voces que oímos en clase son siempre las mismas?

Y termino ya con una idea sencilla: igual no hace falta irse el verano a Irlanda para ser cosmopolita. Te puedes ir al barrio de tu ciudad y jugar en el equipo de baloncesto lleno de inmigrantes dominicanos o, simplemente, estudiar en una escuela pública y preguntarle a Gervasio, de padres y abuelos mineros: oye, ¿qué te pareció la lectura de ayer para clase?

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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