Catorce años de XarxaTIC

Uf, cómo pasa el tiempo. Parece que sea de los primeros días en los que me paso por este blog para escribir unas líneas y descubro, horrorizado, que se creó en octubre de 2009. Sí, catorce años en los que he publicado miles de cosas por aquí y que, gracias a vosotros, he conseguido hacer de mi casa un espacio en el que he ido aprendiendo, debatiendo e, incluso, cambiando perspectivas (no solo) profesionales. Y esto es algo que os agradezco. Sí, lo sé. He dicho en numerosas ocasiones que escribir era solo un mecanismo de autorreflexión pero, al final, se trataba de una mentirijilla para autoconvencerme porque, al final, uno no puede reflexionar sin que nadie le obligue a hacerlo. Algo que habéis hecho con los comentarios que habéis ido dejando por aquí o las interacciones en las redes sociales.

Echo de menos toda aquella blogosfera educativa de los inicios. Lo sé. Es mucho más fácil la inmediatez del sofá, el móvil y la publicación corta (en formato texto o multimedia) que el sentarse uno a reflexionar más profundamente. La sociedad y su modelo de viralización hace que el blog en el ámbito educativo sea solo cosa de cuatro viejunos. Y yo soy uno de esos viejunos que sigue escribiendo en él. Me apetece. Me relaja. Me gusta poder explayarme y aprender mientras escribo. Lo he convertido en una maravillosa rutina. No me cuesta ponerme a escribir a primera hora de la mañana. Además, al igual que a otros les da energía el tazón de Nesquik con tropezones, a otros nos la da el café mientras estamos estrujando la última neurona que todavía no nos ha abandonado. Bueno, al menos eso creo en mi caso pero, releyendo algunas cosas que escribo y lo que entienden algunos, ya no sé si el modelo neuronal ha migrado completamente a esas redes digitales que, de forma éticamente más o menos cuestionable, suministran datos a la inteligencia artificial.

Debo reconocer que cuando empecé a escribir por aquí jamás me planteé la repercusión, a nivel de métricas, que tendría esto. Millones de visitas. Millones de interacciones en las redes sociales de lo que escribo por aquí. Y mucha gente que dice que le ha llegado un artículo mío por esos grupos de WhatsApp que tienen algunos Claustros. Más que pánico, pavor. Sí, pavor porque aparte de los Claustros también me leen algunos a los que les gustaría, si pudieran, ponerme frente a un pelotón de fusilamiento. Escribir en libertad molesta. Especialmente cuando, en mi caso, no me planteo, a diferencia de otros, qué rédito puedo sacar escribiendo ciertas cosas de una cierta manera.

Soy un simple docente de aula con blog. Cuando estuve en Conselleria, era un simple docente, de la zona gris de la administración, con blog. No tiene una mayor importancia lo que escriba porque no pinto nada en ningún sitio. Bueno, algo pinto en casa. Dejémoslo. No vayamos a abrir ciertas heridas que hoy, con este artículo, no quiero reflexionar acerca de ciertas cosas. O quizás sí. Quién sabe.

No critico a personas. Cuestiono opiniones y maneras de entender la educación. Puedo, como he dicho en más de una ocasión, estar equivocado. Pero bueno, todos tenemos derecho a equivocarnos. Y lo de equivocarse en la manera de entender la educación es de las equivocaciones más lights que puede uno tener. Especialmente cuando, al menos para todos, la vida personal debería estar al margen de la vida profesional. Algo que debería ser la lógica pero que, por desgracia, no lo acaba siendo tanto. No solo en el ámbito educativo. Es algo que podría generalizarse.

Para aquellos que siempre me pedís métricas y me acusáis de ciertas cosas. Va, una dosis de realidad. Voy a deciros, aprovechando este artículo, grosso modo ciertas cosas. Varias decenas de millones de visitas únicas. Más de medio centenar de millones de páginas vistas. Unos buenos números por si hubiera querido monetizar el asunto. Puse publicidad una temporada pero, al final, me cansaba ver esos anuncios de San Google por aquí. Regalé el primer año mis dos primeros libros. Admití donaciones. Sigo admitiendo donaciones. ¿Queréis saber los números de este septiembre? Va. Que no cuesta nada. Un libro vendido y un par de donaciones. Si restamos lo que me ha costado el dominio y alojamiento del blog, junto con determinados plugins de WordPress que he comprado, pues salgo a unos doscientos euros de pérdidas. No es por quejarme. Es por darles con los datos en todos los morros a aquellos que me acusan de ciertas cosas. Es que ya cansan. Un detalle, si sacara o hubiera querido sacar dinero de esto, ¿qué? ¿Algún problema?

Ha aumentado el número de trols exponencialmente al número de visitas y a la aparición de ciertos colectivos en las redes sociales. No pasa nada. Me he largado de la red más violenta, donde atacan desde sus cuentas A y B. Sí, me estoy refiriendo a Twitter (ahora X). Y no, salvo publicar los artículos ahí, no creo que vuelva en un largo período de tiempo. Me he creado, por cierto, un perfil en Bluesky pero no estoy dándole ningún uso. No me da la vida. Eso sí, le estoy dando últimamente más cariño a la página de Facebook y voy a intentar meterme un poco en Instagram publicando imágenes críticas relacionadas con la educación. He encontrado un filón con el diseño de imágenes con IA. Lo de los vídeos lo pospongo. Repito, los tiempos son los que son.

He tardado hoy más de media hora en escribir este artículo. No es habitual. Normalmente voy bastante más rápido pero, al final, me ha podido el querer hablar de todo en esta efeméride. Creo que no lo he hecho del todo bien pero, por suerte y tal como llevo repitiendo en todo el artículo, al final esto no deja de ser mi casa. No es de dónde va a salir el nuevo premio Nobel de Literatura aunque, sinceramente, después de dárselo a algunos, ya me lo creo todo. Nada, no me hagáis caso.

Aquí estoy y aquí seguiré. Espero que me sigáis acompañando en este viaje porque, al final, mejor en compañía que solo. Eso sí, porque tengo buenos compañeros de viaje como la mayoría de los que os pasáis por aquí. No puedo, por lo anterior, menos que dar las gracias a todos aquellos docentes que mantienen una bitácora personal, a aquellos que, por diferentes motivos, fueron mi inspiración al empezar y ahora han dado un paso atrás en las redes y abandonado las suyas y, cómo no, a todos aquellos que me ayudáis a reflexionar en voz alta sobre determinadas cuestiones. Gracias por estar al otro lado. Eso sí, sin obviar en el agradecimiento a la gran familia que tengo que me permite, por suerte, seguir con esta afición.

Hoy, 9 de octubre, festivo en mi Comunidad, aprovecharé para intentar acabar de recuperarme de la afonía de esta última semana. Que el martes tengo, como tutor “pringado” por primer curso en mi vida laboral, reunión con las familias de mi alumnado. Y ahí debo tener algo de voz. A ver si no cómo voy a poderles pedir las cestas de Navidad con tiempo. Porque me han dicho que los tutores tenemos cesta de Navidad. Espero no sea un bulo, al igual que ese que dice que con la LOMLOE el alumnado va a salir más preparado. Espero que no lo sea porque, en este caso, sí que me enfadaría.

Lo más importante del blog es que os paséis por aquí, pero si queréis colaborar en su mantenimiento…

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