Carta abierta de un docente a la Secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades de España

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A la señora Montserrat Gomendio,

Permítame que me dirija a usted, como digna número dos de nuestro inefable Ministro de Educación, el señor Wert, en esta carta que cuelgo en mi blog para comentarle algunas cosillas que, como docente y a título individual, me gustaría exponerle en estas breves líneas después de sus “afortunadas” declaraciones de hoy en Brasil. Declaraciones en las que ha comentado que el problema del sistema educativo era haber invertido en reducir ratios y aumentar el salario de los docentes. Permítame, a pesar de la indignación que me corroe por dentro y las palabras que tiendo a reproducir en este texto, intente exponerle algunas cuestiones de la forma más políticamente correcta que se me ocurre.

Convendría recordarle que el sector docente, en los últimos años, ha visto reducido su salario cerca de un 30%. Convendría también pedirle que, una persona tan culta como usted, supiera un poco de matemáticas y no asociara las ratios a jornadas laborales de 40 horas (es por ello que hablar de ratios de 10-12 alumnos es algo que entronca con la realidad). Convendría también comentarle que el salario actual de un docente, por hora trabajada, es un valor realmente bajo por mucho que lo intente poner al mismo nivel que el salario del McDonald. Algo que, quizás, usted considere un exceso. Poder adquisitivo con el que una familia que antes llegaba cómodamente a final de mes se está viendo demasiado sometido a un encarecimiento global de la vida. Por cierto, la cesta de la compra (en caso que usted compre), lleva encareciéndose los últimos años en una proporción vertiginosa. No lo dicen los datos macroeconómicos. Lo dice la tarjeta de crédito cuando nos toca pagar la compra.

Pero no es cuestión de darle lástima. Es algo que a usted seguramente se la trae al pairo. Es cuestión de obligarla a reflexionar. A reflexionar sobre la necesidad, más allá de intereses políticos de culpabilizar al docente de todos los males del sistema educativo, de unas declaraciones tan poco afortunadas que se suman a su larga lista de despropósitos verbales. Despropósitos cada vez más habituales. Despropósitos que no deberían de salir de alguien que, supuestamente, tiene algún título que garantiza su supuesta competencia profesional y amplitud de miras.

Algunos empezamos a estar un poco hartos de las manipulaciones de alguien que no pisa nunca un centro de primaria o secundaria más allá de para cortar la cinta. Hartos de sus declaraciones y las de su jefe. Hartos de ver a un hatajo de inútiles (y eso que me había prometido ser cauto en el vocabulario) como ustedes que gestionan la Educación de este país. Hartos de mentiras. Hartos de declaraciones interesadas. Hartos de ver cómo escurren el bulto.

A usted y a su jefe les interesa bien poco la mejora educativa. Lo único que les interesa es la sensación de poder que supone el cargo y esos viajes, a cargo del erario público, que les permiten darse una vuelta por Brasil, Namibia o Puerto Príncipe so pretexto de hablar de Educación.

A propósito si quiere recortar donde no duela recórtese su salario, deje de cobrar dietas y gestione correctamente los fondos que están suministrando demasiado alegremente a empresas privadas (entre las cuales se encuentran las de sus amigos purpurados). Tan sólo son algunas ideas que, quizás sí que ayuden a buscar los verdaderos culpables del problema educativo. Unos culpables que cada vez tengo más claro que se hallan fuera de las aula. Son aquellos elementos parecidos a usted que se pasan decidiendo cuestiones, desde unos despachos muy bien iluminados dictando sus notas a sus diversos “amiguetes”, que van a afectar al futuro de esta sociedad.

También puede poner a docentes competentes al frente de las Consejerías Educativas. Tenemos diecisiete. Cada una con sus asesores, asesores de los asesores, consejeros, programas educativos propios, leyes educativas propias, resultados educativos dispares, etc. Mucho hablar de despilfarro y multiplican servicios hasta el infinito. Aprovechando la casuística, ¿por qué no elimina el cargo de Ministro de Educación? Para que sólo dé problemas y no sepa ni ir a inauguraciones. Es que les está dando unos disgustitos…

Antes de terminar un breve consejo. No intente ser coherente con sus ideologías y con lo que le toca decir, porque si realmente lo fuera se vería obligada, por ética, a dimitir de su cargo. Eso sí, algunos echaríamos en falta sus ocurrencias siempre “brillantes”. Ocurrencias dignas del humor más lamentable. Ocurrencias que, lamentablemente, tienen su grupo de palmeros mediáticos detrás.

Atentamente,

Un docente un poco más indignado que ayer

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