¡Buf!

La realidad es que no sé cómo tomarme, a nivel profesional, que día sí y al siguiente también, la mayoría de partidos políticos de nuestro país, con el apoyo de todos los medios disponibles para ser sus voceros, estén cuestionando la labor docente pidiendo la existencia de un MIR educativo porque, dicen que lo que hay ahora, no garantiza la profesionalidad de los docentes que estamos en el aula. Ya sé que no ofende quién quiere sino quien puede pero, lo del bombardeo mediático contra el profesorado ya empieza a cansar. Más aún porque, curiosamente, hay compañeros que se lo creen y ayudan con sus declaraciones, hablando de la necesidad de “innovar” a toda costa ante el inmovilismo de gran parte de sus compañeros o, mediante la tutorización de determinados cursos o másters que lo único que hacen es hablar de ese mantra del docente del siglo XIX para alumnos del siglo XXI. Va, animaos un poco y comparad a los docentes que no piensen como vosotros con el australopiteco. Total, puestos a criticar a los compañeros ya no hace falta que vengan de fuera, por lo visto, a hacerlo. Qué tipos. Y, curiosamente, la mayoría de ellos dan bolos a tutiplén, dejan de dar clase para ir a esos eventos de evangelización en los que sueltan chorrada tras chorrada y, anglicismo tras anglicismo. Bueno, eso los que no han desertado del aula. Sí, hay desertores porque no todos los que se van lo hacen puntualmente…

Fuente: Facebook

Al próximo que me traiga una estadística manipulada acerca de la importancia del docente me lo como sin patatas. Hay que ser bastante estúpido para considerar que, en dos o tres horas semanales, uno puede compensar todo el bagaje que los chavales llevan de casa y del contexto más cercano. No somos maravillosos. Ojalá lo fuéramos pero, ni en Primaria, cuando más horas tienen a los mismos maestros, se puede hacer más que intentar dar pinceladas a unos alumnos para que vean que hay otro tipo de situaciones que las que se dan en su casa. El fracaso escolar empieza y acaba en casa. Eso sí, se traslada al aula bajo diferentes facetas. Y, curiosamente, por lo único que abogan los políticos es por señalar con el dedo a los docentes. Buf, qué hartazgo.

No he oído a ningún responsable de la educación o de otros ámbitos (sí, de esos que tienen poder para modificar las leyes, reducir las ratios o, simplemente, mejorar las condiciones de la escuela o de las familias) que asuma ningún tipo de culpa ante datos objetivos de abandono escolar y, en cambio, siempre salen en los medios para decir que han conseguido falsificar los datos de abandono. Claro que el alumnado no abandona… ¿dónde va a ir hasta los 16 de forma legal? Claro que titula en alguna de las vías que se le ofrece… hay cientos de alternativas que, los docentes, usamos para ello por motivos que, tienen más que ver con no cortar las alas a los alumnos que por hacer un favor a la administración. Ya, lo sé. El inspector acude raúdo y veloz cuando alguien pretende que sus alumnos salgan más preparados de la cuenta porque, curiosamente, son los que intentan hacerlo bien los que, quizás, tienen más problemas por pretender cumplir a rajatabla su programación y criterios de evaluación. Que lo de evaluar se ha convertido en un pasacalles. Y, al final, lo que busca uno es no tener problemas y que sus alumnos aprendan. Por cierto, debo mentalizarme para suspender a menos alumnos. Bueno, tampoco suspendo a tantos… más bien a muy pocos.

Estoy harto de que todas las metodologías “innovadoras” que tanto defiende y publicita la administración sean imposibles de aplicar en el aula salvo en contextos muy concretos. También me chirría que, curiosamente, todas esas metodologías obliguen a un trabajo infinito al docente que quiere usarlas para obtener los mismos resultados. Que lo de mandar un trabajo para que lo pirateen de la Wikipedia también es habitual. Al menos, antes, se les obligaba a escribir en boli y alguna palabra (para evitar futuros errores de ortografía o aumentar su contenido lingüístico) se les quedaba. Ahora ya, ni eso. Bueno, siempre podemos mandarles que vean un vídeo, sus padres hagan un volcán o diseñen un deporte. El docente que no manda trabajos fuera del aula ya no mola. Se llamen trabajos flipped o sean colaborativos entre toda la familia. Lo de ensayar con la flauta no lo cuento aquí porque seguro que algún compañero del ramo me cuece a collejas digitales.

Si queremos cambiar la escuela debemos cambiar todo el modelo social que lo sustenta. Esto de ir disparando con balas de goma a pobres jilgueros, salvo que los mismos molesten demasiado, no es demasiado útil. Eso sí, lo anterior no excluye a tener a los mejores profesionales en el aula. Profesionales que, salvo excepciones, ya los tenemos. Además, ¿no os dais cuenta que la mayoría de los que no sirven ya se han largado para no volver?

¡Buf! La verdad es que no entiendo muchas cosas pero estoy esperando, después del MIR, cuál va a ser el nuevo bombazo mediático que se inventan para no hablar de cómo solucionar la educación. Espero que, como mínimo, sea algo divertido porque, intentar fabular sobre ciertas cosas ya empieza a cansar. Una idea y gratis… ¿por qué no hablamos del uso de tásers para mejorar la actividad cognitiva de los políticos que gestionan el ramo y, el diseño de los mismos en las aulas de nuestro país incorporando una nueva asignatura en el currículum, mediante trabajos colaborativos, empoderadores y que obliguen a adquirir una resiliencia del copón a nuestros alumnos? Eso sí, sin discriminar a nadie. Todos tendrán tiempo de experimentarlo. Qué dulces ilusiones…

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