Buenos momentos

La educación, tanto en mayúsculas como en minúsculas, sin obviar la que se presenta en cursiva o comic sans, nos está dejando muy buenos momentos. Ya no es solo ver como algunos son capaces de convertir el agua en vino y ver crecer emocionalmente a sus alumnos. Es saber que, en caso de tener que ser tutor, dispones de la herramienta definitiva para conseguir que todos los padres, madres y vecinos de los mismos, vengan a las reuniones que les convoques. Esto de flippear las reuniones de padres aún no sé cómo no se nos había ocurrido. Por suerte, gracias a las redes, tenemos este tipo de iniciativas (fuente). Ya está bien de reuniones aburridas. Ahora lo que mola es convertir esas reuniones en algo más parecido a una fiesta universitaria americana que a otra cosa. Ya tardamos…

Fuente: ShutterStock

Si a lo anterior le sumamos la necesidad de fugarnos de Alcatraz, o simplemente convertir ese islote en un centro de control de misiles nucleares, ya tenemos otro de esos grandes momentos de los últimos días. Los deberes escolares son para esclavos (fuente). Bueno, para condenados porque, que yo sepa, Alcatraz era prisión y no paraíso para el esclavismo. Rectificadme si voy equivocado pero, compro Alcatraz como alternativa a plantación de algodón o a remeros de galeras.

Añado al pack de las risas al “trilemita” (sí, de esa fundación que se destaca por comprar centros educativos concertados y jugar a la educación) que ahora nos está vendiendo la inteligencia ejecutiva (ya, me ahorro poneros el tuit). Con lo fácil que sería ponernos a hablar de la inteligencia sexuá y, dentro de las reuniones de docentes, ponernos a dejar los plátanos y las sandías para pasar a algo más interesante. Bueno, eso salvo que te toque el que pasa poco por la ducha. Sí, también tenemos personal con poca higiene en el colectivo. Es que son tan buenos momentos…

No necesitamos humor inteligente para reírnos. Ni, tan solo, soportar un debate cuyo nivel no llega al de dos prepúberes discutiendo acerca de quién se va a quedar con el chicle que se acaban de encontrar, ya masticado y regurgitado, en el suelo. Necesitamos más docentes (y no docentes) con ideas brillantes.

Por cierto, yo ya me he pedido ir a ver el sábado en Valencia la presentación del libro “50 historias de éxito docente” (enlace), en el que los docentes finalistas y ganadores de un premio otorgado por un banco, dicen que “su fin, su meta, su horizonte es su alumnado, por ellos viven las 24 horas del día”. Yo, lamentablemente, vivo veinticuatro, de las que duermo unas pocas, trabajo otras y, por suerte, tengo una vida que me permite ser feliz. Tengo suerte.

Hay muy buenos momentos relacionados con la educación. Algunos están en Twitter y otros, por suerte, relativamente lejos. Disfrutadlos.

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