Batiburrillo

La casa se me cae encima. Salvo mis pequeños paseos mesurados en distancia y tiempo, pocas actividades se me permiten a excepción de vegetar, ver series, leer y escribir. Bueno, ya si eso debo reconocer que Twitter, en muchos casos, me permite pasar un rato viendo como algunos se tiran de los pelos, otros se creen que me cabreo o, simplemente, un tercer grupo establece un debate conmigo. Y, la verdad, es que lo llevo bastante mal. No el hecho de las “vacaciones”. El hecho de que las mismas sean por obligación y el no acabar de encontrarme del todo bien.

Fuente: Flickr CC

Pero no hablemos de mí y sí hagamos una recopilación de ciertas cuestiones que, en estos últimos días, he tenido la ocasión de abrir desde la taza del váter. Bueno, no me llevo el móvil al lavabo pero podría ser. Además, lo de tuitear en posición horizontal mola. Bueno, salvo que estés haciendo ciertas cosas con tu pareja, en cuyo caso, salvo que tengas un interés en hacer un directo de tus habilidades, resulta como mínimo raro. Pero, a estas alturas de la película, que la gente use las redes sociales cuándo y cómo le apetezca. Además, quién soy yo para decirle a nadie qué debe hacer con las mismas. Menos aún si el personal ya es talludito.

Hoy no quería hablar de lo anterior pero es ponerme a escribir sin planificar y salir párrafos como los anteriores. Os quería plantear la necesidad de aislar lo profesional de lo personal. De considerar las redes como un simple escaparate que, al final, es poco menos que un intercambio de ideas que algunos quieren/queremos compartir. En definitiva, de aislar lo mediático de lo real. Bueno, salvo que seas alguien cuya única vida pase por las redes, no tengas familia ni gato. Entonces, mi recomendación es que te apuntes a alguna actividad, busques pareja por Meetic o Tinder (si estás más ansioso por la parte física que por el compartir cosas en el futuro) o, simplemente, te busques aficiones. Lo mismo para el trabajo. Cuando alguien a un año de jubilarse, después de más de treinta años de docencia, se plantea no hacerlo es que tiene muy poca vida. O muchas ganas de tocar la moral en su centro educativo. O ya, yendo a lo más gore, de espicharla mientras da una clase para así enseñar a los alumnos en primera persona que es morir por ser gilipollas. Bueno, cada uno que haga con su vida lo que le dé la gana. Qué voy a dar consejos. Para qué.

Ayer abrí el melón acerca de los directores de los centros educativos. He pertenecido a un equipo directivo, he padecido directores fascistas y con un sentido de liderazgo a la altura de su ojete y otros muy buenos, que dejaban hacer y solo intervenían en su centro en caso de que hubiera problemas. Es lo que tiene la dirección. No todos saben ejercerla. Y aún menos plantearse que el centro educativo no es su cortijo. Bueno, algunos no lo tienen claro. Amenazan, expedientan y generan terror obligando a muchos docentes a abandonar ese centro por el ambiente que generan. Haberlos haylos. En las redes algunos pero, el problema es encontrártelos en tu centro. Bueno, ya si queremos nos ponemos estupendos y hablamos de los marrones que tienen que soportar pero, al igual que nadie parece pensar en los alumnos, ¿por qué no pensamos en el resto del Claustro que tiene que soportar a estos especímenes? Un detalle, no generalizo. Son casos puntuales que, por lo visto, existen. Ni son la mayoría, ni se prevé que lo sean en un futuro. O, al menos, eso espero porque vista la deriva de algunos…

Otro detalle curioso es el personal que tiene algo parecido al cerebro donde debería tener un órgano funcional. Gente que confunde lo personal con lo profesional. Que defienden o atacan en función de su amistad con el que critica o con el criticado. Esto de pensar y tener la capacidad de dar o quitar la razón, con independencia de las relaciones personales que puedan llegar a establecerse, es algo que no se tiene muy claro. Lo mismo que aquellos que solo leen la primera línea de un post y ya lo critican. Bueno, ídem para aquellos a los que no les interesa nada que no cuadre con su ideología o manera de ver las cosas. Las limitaciones de ni tan solo leer un enlace de un tuit o, simplemente, buscar en Google para dárselas de culto uno, está haciendo mucho daño.

También resulta sorprendente que muchos se dirijan a mí para decirme que critique lo que hacen otros docentes en su tiempo libre. Joder, jamás he criticado a nadie por lo que hace en su tiempo libre. Si la oveja se deja y llegan a un acuerdo mutuo, no voy a ser quién para poner ni una sola pega. Otro tema es que pueda cuestiona ciertas prácticas metodológicas, propuestas, noticias o declaraciones. Lo de criticar a alguien porque decida ganar dinero con su trabajo, a menos que vaya en detrimento de su profesión (en el caso de ser docente), es algo que jamás he hecho. Me parece perfecto. Ya está bien de otorgarme un determinado rol cuando he dicho por activa y por pasiva que no tengo rol definido. Ni el de pitufo gruñón aunque gruña a veces. Soy bastante más alto y nunca me he puesto azul. Algunas veces amarillo, rojo o más blanco de lo habitual pero, sinceramente, poco me parezco a ese personaje de ficción.

Hablando de ficción, ¿realmente os pensáis que me enfado por ciertos debates? Es triste tener que informaros de que me sirve de terapia, me ahorro algunos capítulos de Benny Hill y, al final, me sirve para dar vueltas a determinadas cosas que se me pasan por la cabeza. Me ayudan a relajarme. Además, hablar de política matutina o leer medios de comunicación sesgados ya me cansa. Prefiero escuchar la radio y reírme con vosotros. Porque, al final, todo esto de la educación se ha convertido en parte de cachondeo y el resto de espectáculo.

Las críticas siempre deben hacerse donde tocan. En un blog, por leído que sea o interacciones que uno pueda tener, la verdad es que sirven para poco más que explayarse uno. A ver si empezamos a dotar la importancia que tiene todo esto. Bueno, salvo que seas alguien que quiere sacarse unos eurillos. Para eso la visualización dospuntocerística va fantásticamente bien.

Ir a buscar amigos, pareja o, simplemente, la palmadita fácil, en el mundo digital es poco serio. Bueno, siempre hay aquellos que les apetece la palmadita y que, al final, encuentran alguien con quien compartir cama, gastos e hipoteca. Para lo demás, salvo aprender ciertas cosas, enterarte parcialmente de qué sucede o, simplemente, desahogarte, todo esto mola. Y, como he dicho antes, puedes estar cagándote y cagando en el mismo momento. Quién da más.

Pido disculpas por la incoherencia del artículo, mis limitaciones literarias y, como siempre digo, esa ofensa que algunos van a ver en alguna frase. Qué demonios, de esto último jamás me arrepiento. Cada uno ve su culo en función de si quiere verlo o prefiere que se lo cuenten otros. El mío, por cierto, siempre ha sido fantástico. Basta de autobombo por ahora que, por desgracia, aún no llevo la primera pastilla del día porque, como podéis comprobar, este post es solo producto de una elevada ingesta farmacológica. Es lo que tiene la medicina tradicional. Con lo bien que estaría tomándome homeopatía, después de haber sido sanado por imposición de manos o rezos. Bueno, bien no lo tengo tan claro. Muerto, seguro.

Sed buenos y no me hagáis demasiado caso.

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