Balance del año que acaba y propósitos para 2020

Hoy mi mujer me ha preguntado si había hecho balance de este año que justo hoy termina y, de paso, si había hecho una lista de propósitos para 2020. La verdad es que este año me ha cogido el toro pero, al igual que hago habitualmente en los últimos años, no he podido resistirme a un breve balance personal y profesional de este año que termina.

Fuente: Liniers

A nivel personal debo reconocer que ha sido bastante positivo para mí. Bueno, si exceptuamos que he ligado lo mismo que el año pasado (entre poco y nada), el no tener ningún achaque “de lo mío” y poder haber salido bastante bien recuperado de la operación de aneurisma de noviembre del año pasado, ya es un lujo. Sinceramente, no me lo esperaba. No me esperaba llegar a estas alturas del año tan bien. Y no hablo solo de nivel físico; también he llegado muy bien a nivel psicológico. Salvo por el hecho de que aún no sé planchar camisas en condiciones, no tengo muy claro el tema de la colaboración doméstica (bueno, más bien no sigo los dictámenes superiores) y, algún día que otro se me ha olvidado bajar la basura.

He visto crecer a mi hija y estoy viendo a las dos hijas de mi mujer haciéndose muy mayores. Además estando bien de salud y lidiando, con mucho esfuerzo especialmente las dos que están en segundo de Bachillerato (son mellizas), para sacarse el curso adelante. Y, entre comillas, lo están haciendo. La vida es maravillosa y poder, después de un susto como el que tuve, seguir estando aquí, la hace mucho más agradable de vivir.

En cuanto a mi mujer, suficiente tiene con aguantarme. Porque, incluso que me venda muy bien en las redes sociales, soy una persona complicada. Bueno, tampoco tanto. Lo suficiente. Va, como la mayoría de personas. Con nuestros múltiples defectos. Que tengo y muchos. Solo tengo una virtud… la belleza espectacular que los genes me han dado. Es que es salir por la calle y no parar de ser revisado de arriba a abajo por todos los que pasan por la calle. Sí, indistintamente del sexo. No me abro una cuenta en Tinder porque les saturaría el servidor. También respeto a las empresas privadas.

Podría añadir algún quilito de más, una sonrisa perenne que cuesta, al menos en público, de quitarme y mucho miedo. Sí, a veces -y más cuando pasamos por ciertas situaciones- el miedo nunca acaba de irse del todo.

Una gran familia, muchas paellas, litros de horchata, diabetis tipo dos aún huyendo de mí y mucho más que dejo para un ámbito más íntimo. No sexual. No vayáis a pensar lo que no es, que ya sé que hay gente que tiene la mente muy calenturienta.

A nivel profesional sigo refugiado en la administración educativa, rodeado de grandísimos compañeros y con mucha ilusión en lo que estoy haciendo. Viendo lo mejor y lo peor de la administración. Sufriendo lo mejor y lo peor del asunto. Con muchos problemas para volver al aula por tener una carta de jubilación encima de la mesa. Por eso digo que voy a estar trabajando mientras siga disfrutando haciéndolo.

Estoy aprendiendo muchísimo. Me encanta poder ayudar a la gente. A veces, como sucede en cualquier trabajo, no llego. Tengo también muy claros cuáles son mis límites. Y los tengo. Quién diga que no los tiene, miente. Poco a poco y buena letra. O peor caligrafía pero, como mínimo, que nadie pueda decir que no lo intenté.

Fuera de mi ámbito de trabajo remunerado he colaborado en un par de libros, en algunas revistas de educación, me he reunido con algún responsable político (no de mi Consejería), he visitado oficinas de alguna editorial y he participado en el diseño de ciertas cuestiones. Sí, me encanta que cuenten conmigo. Y no, no he cobrado por hacer lo anterior.

Sigo con el blog, con la cuenta de Twitter, con el botón de donaciones, con la publicación de los posts automáticamente en Facebook, con… sí, muchas cosas que no han cambiado, salvo a nivel visual y en cuestiones que no afectan al que las ve.

He aumentado mi crítica ante ciertas cuestiones  aunque, en más de una ocasión, prefiera morderme la lengua. He visto como la educación se convierte en un negocio y no he querido llevarme mi parte del pastel. ¿Es malo? Pues no lo creo.

También me llevo una propuesta que no voy a comentar, al menos hasta que se concrete, para finales del año que viene.

¿Y qué espero para el 2020? Poca cosa. Simplemente salud para mí y para los míos. Salud para ti y para los tuyos. Posibilidad de poder disfrutar con las pequeñas cosas e ir haciendo, paso a paso, camino al andar. Y sonreír. Poder acabar sonriendo de una vez, sin sonrisa forzada y eliminando, de una vez, todo aquello que me impida poder hacerlo. Enfadarme menos. Ayudar más en ciertas cosas. Eso sí, siempre rodeado de la gente que me quiere y a la que, cada día que pasa, quiero más.

Feliz 2020 para todos los que os pasáis por aquí. Ya sé que es una entrada personal pero, ¿en algún momento os he dicho que ésta no fuera mi moleskine particular?

Por cierto, ya sé que 2020 es bisiesto y, en lugar de tener 365 oportunidades, voy a tener 366 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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