Avelina

Hace un tiempo, Jordi me permitió compartir a través de éste magnífico blog unas líneas acerca de la educación de esos alumnos conflictivos que hay en todos los institutos. Los hechos acaecidos recientemente cerca de mi instituto, me han hecho pensar mucho y he querido escribir este otro artículo que tiene, desgraciadamente, mucho que ver.

Fuente: Cruz del Sur

Hace poco nos hemos enterado de que han entrado a robar en casa de una vecina de 82 años, Avelina, de un pueblo vecino y, al encontrarse con el ladrón, éste, al forcejear con ella, la ha matado. El autor del desgraciado hecho (tal y como parece por su confesión) es un chaval de 18 años de la misma localidad y (no nos lo podíamos creer) ex alumno del instituto.

Como podrán imaginar, todos estamos consternados. Nunca imaginábamos que este chico, que compartía clases con sus compañeros, que salía en las fotos de grupo a final de curso,… sería capaz de llegar tan lejos. Y sí, no hay que pensar mucho para suponer que no tenía precisamente un buen comportamiento, ni sacaba buenas notas, y que, por supuesto, no acabó la ESO.

Es aquí donde empieza mi reflexión. ¿Quién es el responsable de que esto haya pasado? ¿Quién es el responsable de que un chaval joven, que tenía que estar peleando por sacar su vida adelante estudiando o trabajando, acabe en la cárcel? ¿Se podía haber hecho algo antes?

Yo creo que sí. Todos estos chavales luego convertidos en delincuentes, pasan por las escuelas, por los institutos. No hace falta más que pasarse por los centros para saber que hay 3 ó 4 alumnos que son muy conflictivos y cuyo final es abandonar la ESO a los 16, no sin antes haber sido expulsados del centro alguna vez. Y es que, tal y como están organizados los recursos en las escuelas e institutos (1 psicólogo para 400 alumnos, profesores con 30 alumnos por clase, que pelean con sacar a flote en la mejor de las condiciones a sus alumnos), es imposible darles la atención que requieren, más si cabe cuando son alumnos que faltan al respeto, rompen continuamente la dinámica de las clases, y que impiden que el resto de alumnos puedan aprender. Atención que, olvidémonos, no se la dan en sus casas porque provienen de familias desestructuradas, o no existentes (en la gran mayoría de los casos)

Es un tema muy complicado, a la vez que delicado, pero, para mí, la solución pasa porque ya desde las escuelas, y después en los institutos, haya personal especializado (educadores sociales, pedagogos, sicólogos…) de forma continuada, trabajando de forma coordinada con los  maestros y profesores para paliar en la medida de lo posible, la degradación personal de este tipo de alumnos, para evitar de que de niños conflictivos (ya en el colegio) se conviertan en incipientes delincuentes o, como en este tristísimo caso, delincuentes consumados.

Nos preocupamos de las cosas que pasan, cuando hay consecuencias. No las prevenimos, no las evitamos Y lo que es peor, todos giramos la cara porque no queremos enfrentarnos al problema desde su raíz. Todos se pasan la pelota. La familia desaparecida, la escuela los mantiene hasta que se van al instituto, en el instituto hasta los 16, para que finalmente la sociedad sufra sus fechorías y cuando las hacen, la policía los meta en reformatorios o la cárcel.

Ya sé que habrá gente que piense que estos chicos no merecen ninguna inversión, y que si son delincuentes, que vayan a la cárcel, pero estoy seguro de que si en su día se hubiera tratado, se hubiera intentado educar al chico que ha matado a Avelina, probablemente ésta estaría ahora en su pueblo paseando con sus amigas en este bonito y soleado domingo de marzo.

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