Archienemigos

Tengo archienemigos. Estoy orgulloso, porque esto ya es llegar a otro nivel. Personajes cuyo único objetivo en las redes es pasarse por mi timeline, criticarme y esperar, dentro de sus limitadas capacidades, que alguien les haga “casito”. Incluso esperan que algún día se lo haga yo. Perfiles, la mayoría anónimos, que se dedican, como única diversión, a intentar pillarme en algún renuncio. Bueno, al menos tengo lectores impenitentes 😉

Fuente: ShutterStock

El otro día hice el experimento de dejar de silenciar a esas cuentas. Es lo que tiene el espíritu de Semana Santa. Que, aunque no creamos demasiado en el asunto, nos hace ser medianamente buenas personas. Esto de las buenas y malas personas creo que daría para varios volúmenes de investigaciones sesudas pero, como dicen mis archienemigos, mejor quedarse con lo superficial. Es que no doy más de mí. Incluso hoy, a falta de inspiración, he tenido que escribir sobre esos personajes cuyas limitaciones personales (y, en el caso que conozco a nivel profesional, escaqueos continuos de su trabajo, invención de enfermedades/enemigos inexistentes o, simplemente, no gustarle que nadie haga nada porque ella queda demasiado retratada) forman parte de su miserable vida. Nadie soporta a gruñones perennes y, aún menos a quienes deben forjarse una falsa vida con amigos o enemigos imaginarios por no tener otra posibilidad. Es que algunos no pillan ni en Tinder. Y eso ya es decir mucho…

Me siento orgulloso de haber conseguido a este tipo de personajes como fieles devotos. Además, me voy a autoprometer dejar de silenciarlos cada cierto tiempo. No sabéis lo que se ríe uno de algunos que hablan de que ojalá no des clase cuando éste es el primer año, después de más de veinte, que estás fuera de ella. Ni saben ni quieren saber de tu vida profesional. Les caes mal por cuestionarles los chiringuitos o, simplemente, porque tienen necesidad de buscarse a alguien y te tocó en la lotería. Elementos que se piensan que todo el mundo es igual de malo que ellos en su profesión. Gente sin escrúpulos con la que, por suerte, jamás me sentaré a tomarme una horchata. No vale la pena. Bueno, sí para, como he dicho antes, echarte unas risas. Más que nada porque, en el fondo, que sean tan lastimosos te acaba permitiendo una pequeña sonrisa. Y el ahorro, como siempre digo, en cine de comedia porque, algunos permiten que las risas sean bastante estruendosas. ¿Se darán cuenta de ello? ¿Pensarán realmente en todo lo anterior? ¿Se darán cuenta que, al final, solo suministran como inputs lo anterior y que no les estoy haciendo ni puñetero caso?

Da la sensación que algunos se crean cuentas en las redes por encima de sus posibilidades. Creo que, por desgracia, muchos juzgan a la persona frente a lo que dice o hace. No me preocupa. Cada uno decide jugar a lo que le apetece porque, al final, si algunos no se pueden explayar a gusto en determinados lugares, tal y como dicen los expertos, pueden llevar esa rabia contenida a hechos bastante más graves.

Gracias archienemigos por estar ahí. Lástima que, por desgracia, deba volver a teneros silenciados una temporada. Os prometo que, al menos, os voy a dejar de silenciar una vez cada trimestre. Bueno, siempre y cuando me acuerde de ello.

Desde aquí un afectuoso saludo. Y gracias por existir.

Hoy os he dedicado un post. A disfrutar de vuestro pienso que, como os he dicho, vais a tardar en volver a comer. No os lo comáis todo de golpe.

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