Algunos consejillos para no quedar como gilipollas en Twitter

Hoy, tirando la casa por la ventana y ahorrándome las “miradas que matan” por seguir hablando de sexo en este blog, voy a daros algunos consejillos para no quedar como gilipollas en Twitter. Ya, sé que muchos, aparte de gilipollas, tenéis un déficit de posibilidades de hacer ciertas cosas y, por lo visto, habéis agotado las propiedades milagrosas de determinados líquidos resbaladizos, pero ahí no os puedo dar ningún consejo. Hay grandes cruceros de singles y lugares, más allá de los ceros y unos, donde podéis encontrar el verdadero amor.

Fuente: Desconocida

Estoy diseñando un modelo de gifs para responderos a todos los personajillos, normalmente de dudosa inteligencia y falta de teta en vuestro amamantamiento, que estáis haciendo el canelo desde vuestras cuentas, normalmente anónimas, diciéndome ciertas cosas en Twitter. Pero hasta que no los tenga diseñados y patentados (no es por la pasta, pero tener gifs propios mola mazo) os vais a quedar sin el disfrute. Bueno, ya os podéis imaginar algunos siempre y cuando, una vez reducida vuestra capacidad neuronal a la inexistente que demostráis habitualmente, os deje espacio para dejar volar eso de lo que os gustaría disfrutar.

Va, voy a daros unos consejillos rápidos. No solo valen para ahorraros los tuits. También os pueden servir para que, como mínimo, si en alguna ocasión debéis demostrar un mínimo de inteligencia, podáis disimular ligeramente. La basurilla humana hiede pero, a veces, se pone desodorante. Pues eso…

En primer lugar os recomiendo que leáis los tuits en su conjunto. Si uno hace un hilo y lo acaba con múltiples emoticonos descojonándose de la risa es que, quizás os está tomando el pelo. Bueno, prácticamente os lo garantizaría.

También es conveniente si alguien enlaza algo, proceder a su lectura. Es que tras títulos tan sugerentes como “el ojete de Bernardo y las matemáticas”, puede existir un buen artículo que demuestre un teorema maravilloso o, simplemente, un artículo de esos deficitarios de neuronas que, por lo visto, son tan aclamados por parte del mundillo pajaril. Es que quedarse en un tuit con el nombre del post que enlaza y asociarlo a la persona -o a lo bien que os caiga- antes de cuestionarlo, retuitearlo o “favearlo”, es mejor leérselo. Más que nada para no acabar como un pringadete porque, a lo mejor Bernardo es el que se trinca al pariente o a la parienta. Y entonces, a lo mejor no os hace tanta gracia retuitearlo.

Ya si eso os recomiendo, encarecidamente, hacer caso omiso a determinados medios de comunicación y a sus panfletos deseducativos. Por cierto, a veces es interesante darse una vuelta por, pongamos el ejemplo de un medio mierder cuando habla de educación, como El País -salvo en contadas excepciones- para reírse un poco. Es bueno reírse de las cosas y de uno mismo. Eso sí, regodearse en ser graciosete cuando uno lo es entre poco y nada ya si eso. Bueno, algunos por haber nacido en determinados lugares parece que deban ser graciosos. A veces no hace falta. Uno puede nacer en Lepe y pensar que los chistes sobre Lepe son un auténtico truño. No pasa nada por no reírse de chistes machistas, racistas o sexistas. Tampoco pasa nada por hacerlo pero, al final, uno debe ir más allá de ciertas cosas. Saben aquel de un docente tuitero que de tanto flippear se quedó flipado. Pues eso. Bueno, a mí me ha hecho gracia pero por las connotaciones del asunto y sin ánimo de ofender al colectivo flipped.

Hablando de colectivos, uno debe tener suficiente autonomía para tomar sus propias decisiones en Twitter. Esto de pertenecer a un grupo y ver solo lo bueno del mismo, mientras que todo lo de los otros grupos está mal, quizás debería obligar a reflexionar. Sé que si uno pertenece a una secta es muy difícil salir. Que se lo pregunten a los de Waco. Un detalle, si los tuiteros organizan una quedada para “asolearse el ano” no lo hagáis. Es un consejo de amigo que, al igual que los curas hablando de matrimonio, está hablando de algo que no va a probar en su vida. Me quiero mucho y al final mi ojete es parte de mi anatomía. Además, cagar es imprescindible. Tanto como el comer y el beber.

Uno puede también intentar argumentar más allá de Google, no usar hombrecillos de paja (lo de las pajas ya empieza a ser recurrente en este post), intentar demostrar, mediante pruebas más o menos sólidas que hay puntos de desacuerdo o, incluso ciscarse en el personal. Eso sí, por favor, siempre teniendo en cuenta que el que se halla tras la otra cuenta, con la cual estáis interactuando, puede ser algo más inteligente que vosotros. Y no lo digo por mí. Yo, como digo siempre, ya tengo la sangre y el cerebro demasiado horchateado para que pueda hacer algo productivo.

Y, finalmente, un detalle para no quedar como auténtico gilipollas. No digáis que soy docentes o estáis relacionados con la educación, ni lo pongáis en vuestros perfiles. Una cosa es ser gilipollas y otra, muy diferente, el preocupar a los padres por si ese energúmeno falto de muchas cosas, está dando clase a sus hijos.

Espero que os haya gustado. Eso sí, prometo lo de los gifs para cuando tenga tiempo. Ya sé que leer casi 1000 palabras, tan incoherentes como estas, es solo de valientes. O de personas que saben realmente qué se esconde tras las pruebas PISA.

Un detalle, no me deis conversación a las ocho de la mañana… que ya veis que cosas acabo escribiendo 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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