Algunas ideas locas para evaluar el sistema educativo

Necesitamos una evaluación sistémica de la educación. No valen informes sesgados y maquillados, con datos en bruto y desagregados, salvo en cuestiones muy globales, como los que nos suministran las agencias estatales o autonómicas de evaluación educativa. Agencias que, por desgracia, tal y como sucede y sucedió en algunos lugares, han ido muy ligadas al partido político que mandaba en ese momento. Ligadas tanto en objetivos como en su propio organigrama, con nombres cuyo gran mérito era ser unos fieles escuderos del partido de turno. Estoy hablando de su gestión, no de los análisis que han hecho, en muchos casos, profesionales independientes. Yendo más lejos, ahora en Cataluña, el análisis del sistema educativo va a quedar en manos de una Fundación privada y de una entidad bancaria. Algo que ya, per se, invalida todos los resultados que puedan obtenerse. Cuando hay intereses, uno no puede evaluar de forma independiente. Y, tanto la Fundación de marras (que, curiosamente, se ha hecho con los datos de todos los alumnos, docentes y padres del sistema catalán vulnerando todas las leyes de protección de datos habidas y por haber), como determinadas empresas, tienen muy poco que aportar a una evaluación profesional, independiente y bien diseñada del sistema educativo.

Fuente: ShutterStock

Ya no digamos lo poco válidas que son las pruebas estandarizadas tipo PISA, que permiten que determinados centros preparen “en exclusiva para ellas”. No, unas pruebas estandarizadas no sirven para evaluar el sistema educativo. Y, aún menos cuando, al igual que sucede en los exámenes tipo test de las autoescuelas, la superación de las mismas con buena calificación, no implica un mayor conocimiento o aprendizaje. Uno se puede preparar todos las preguntas del Trivial y eso no puede nunca asociarse a que tenga mayor o menor cultura. Es, simplemente, que se ha preparado mejor esas preguntas estandarizadas.

Por tanto vayamos a unas ideas locas para evaluar el sistema educativo. Y sí, puede y debe hacerse. No es lógico no querer evaluar a los actores ni al propio sistema. Menos aún escudarse, como hacen algunos, acerca de que su alumnado les evalúa cada día, se lo pasan muy divertido en sus clases o, simplemente, aprueban unos exámenes que, de forma cada vez más individual (incluso en Primaria) hacen unos docentes para evaluar a sus alumnos. Si ya es fácil manipular las evaluaciones globales, imaginad lo sencillo que es para los docentes validar “su metodología” adaptando unos exámenes a los resultados que quiere obtener. Eso todos los docentes sabemos hacerlo. El problema es cuando algunos de esos defensores de “métodos mágicos” tienen alumnado que se presenta a exámenes externos (léase Selectividad). Entonces, por desgracia para ellos y, especialmente para los alumnos, se les desmonta el chiringuito.

¿Qué necesitamos para evaluar el sistema educativo?

En primer lugar una agencia evaluadora del mismo (nos deberíamos cargar las que hay y empezar de nuevo), formada por políticos de todos los partidos políticos con representación, investigadores del campo educativo con prestigio, docentes elegidos, por sorteo, entre las diferentes etapas educativas, inspectores, padres y alumnos mayores de 16 años hasta un número razonable. El sistema educativo solo puede evaluarse de forma independiente con independencia política (por ello los diferentes partidos), grandes profesionales y evitando los sesgos de elegir “a dedo” dentro del organigrama a los que lleven un determinado carnet en el bolsillo. Además, los cargos serían renovables y los partidos políticos serían un simple órgano consultivo (con voz pero sin voto, en caso de tomar determinadas decisiones).

Dentro de la evaluación del sistema deberíamos distinguir varias evaluaciones que deben llevarse a cabo (por diferentes equipos evaluadores):

  • Evaluación del aprendizaje de los alumnos.
  • Evaluación de los métodos y estrategias de enseñanza.
  • Evaluación del profesorado (formación inicial, permanente, ejecución de su trabajo, etc.)
  • Evaluación del currículum.
  • Evaluación de la toma de determinadas decisiones y sus efectos (ratios, segregación por nivel socioeconómico o sexo, etc.)
  • Evaluación del propio funcionamiento de la entidad evaluadora, etc.

No deberíamos dar nada por hecho y, aunque sabemos que el estudio del sistema educativo, al estar formado por personas, es de un carácter más bien social y menos factible de analizar “con pruebas” que otros, sí que podemos sacar evidencias de muchas cosas. Y actuar sobre las mismas.

Todos los centros educativos, tanto públicos como privados, siempre que expidan certificaciones oficiales, deberían estar sometidos a evaluación continua. Incluso debería crearse un cuerpo de evaluadores que fueran, por sorteo, a determinados centros y se pasaran ahí una temporada para hacer una evaluación más intensiva de cada uno de ellos. Las evaluaciones sorpresa funcionan bastante bien. Además, yo siempre he dicho que la transparencia es siempre necesaria y, por eso, yo iría más lejos y plantearía un grupo de docentes, seleccionados mediante unas diferentes pruebas, que dieran clase a lo largo de un año en varios centros educativos y que fueran pasando informes acerca de lo que están viendo. Y sí, la evaluación debe de tener sus consecuencias. Eso sí, siempre primero ayudando a la mejora porque, al final, lo importante más que sancionar siempre al eslabón más débil, deberíamos ayudar a que dejara de serlo.

Antes de hacer o seguir haciendo ciertas cosas en el aula, quizás convendría de una vez saber, mediante un trabajo serio previo, si conviene hacerlas o dejar de hacerlas. Quizás a muchos no nos gusten los resultados que se obtengan de ese análisis sistémico. Quizás, al final, se destaparían muchas cosas que permanecen ocultas. Eso sí, por favor, empecemos ya a evaluar el sistema porque, al final, nos lo estamos cargando de tanta desidia, pruebas precocinadas, metodologías de chichinabo o alumnado y profesorado que, por desgracia, no está haciendo lo que toca (no siempre por motivos achacables a ellos).

Al único que puede darle miedo que se evalúe el sistema de forma independiente y global es al que no está haciendo su trabajo. También vale para meter una colleja a los partidos políticos que gobiernan y han gobernado porque, al final, el sistema educativo lo engloba todo. Y sí, toca analizarlo, saber dónde estamos fallando y, de forma paulatina ir eliminando ciertas cosas, afianzando otras y, quizás dentro de un tiempo, poder decir que el sistema educativo ha mejorado de forma global, nuestros alumnos aprenden más y la sociedad, cada vez mejora en su conjunto.

Finalmente un detalle para aquellos que, seguramente argüirán a mi planteamiento, que no se puede analizar el sistema educativo como si fuera una analítica de sangre. Leed lo que expongo en el mismo. En ningún momento hablo de análisis descontextualizados, únicos o sin tener en cuenta, como sí puede hacerse, los sesgos previos a la hora de obtener resultados.

No a PISA, no a agencias de evaluación gestionadas como chiringuitos políticos. Sí a una evaluación transparente y sistémica, llevada a cabo por profesionales independientes y de reconocido prestigio. Hay mecanismos para hacer esa evaluación del sistema educativo. El problema es querer hacerlo y luchar para los intereses creados por muchos para que no se haga.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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