Algunas cosas que tengo claras después de unos años de docencia

Fuente: http://elzo-meridianos.blogspot.com.es

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Este curso ya he superado más de dieciséis años dedicados a la docencia. No tengo claro si es mucho o es poco. Lo único que tengo, meridianamente claro, es que después de estos años ya puedo hablar de algunas cuestiones que, por desgracia, llevo observando directamente (o conociendo por terceros ya que, los docentes, tenemos facilidad de intercambiar información y situaciones con otros miembros de nuestro colectivo).

Hay docentes que son unos sádicos

Hay docentes -por suerte, los menos- que, para definirlos, sólo queda llamarlos como aprendices de Jigsaw. Sí, hay docentes que disfrutan poniendo exámenes y gritando a los alumnos. Recordándoles diariamente que ellos son el escalafón más bajo de la escala trófica. Que su futuro es una mierda y que, a pesar de ello, él o ella, son los únicos que, a base de latigazos (por usar un símil adecuado) van a ser capaces de hacerlos salir de la miseria en la que se hallan.

Hay docentes vocacionales, otros que disimulan serlo y, finalmente, una gran mayoría que nos podríamos dedicar a cualquier otra cosa

No es raro encontrarse en las salas de profesores con docentes que se consideran, a ellos mismos, como imbuidos de un espíritu divino que les ha llevado a la profesión. Algunos que hablan, sin ningún tapujo, de su nacimiento ya destinado a dedicarse a la docencia. Entre ellos, como siempre, algunos falsarios. Finalmente, el club de los profesionales. El trabajar por cobrar cada mes que, al fin y al cabo, es por lo que muchos entramos en esto. Sí, cuesta reconocerlo -y pocos lo dirán en voz alta-, pero la mayoría de docentes estamos en esto por el dinero y las vacaciones aunque, después de los últimos recortes y ampliación de horas lectivas hasta el infinito y más allá… ya estamos empezando a tener nuestras dudas. A propósito, ser o no vocacional no infiere, de ninguna manera, la calidad de la docencia que imparten unos u otros.

Hay docentes trabajadores y otros que dicen lo mucho que trabajan

Cuando alguien escucha repetidamente a un docente lo trabajador que es y, curiosamente, siempre lo ve al lado de la máquina del café, es que algo falla. O trabaja para la compañía de la máquina o, quizás, es que no está tan clara su vertiente trabajadora. Lo mismo a nivel virtual. No siempre el que dice que hace más es el que más hace. A veces es más productivo y eficaz el quien dice poco y hace más que el que, por culpa de tanto decir, se queda sin poder hacer.

 Hay docentes que no se actualizan

No digo nada nuevo si afirmo que hay docentes que sólo se forman para conseguir el certificado. Los que trabajamos en esto sabemos que los cursos de formación que se nos ofrecen son, en la mayoría de ocasiones, un auténtico truño. Eso sí, a pesar de ello, hay docentes que procuran reciclarse de forma autónoma y otros que, lo máximo que van a hacer a lo largo de su vida profesional, es pasar a Word los apuntes que tenían en papel. A veces, incluso, son capaces de colgarlos en un Moodle.

Hay docentes buenos, regulares y malos

Hay docentes fantásticos en nuestras aulas. Preocupados por los alumnos y que se dejan la piel en su día a día. También hay mediocres (depende del día, del año o de la irradiación de las ondas solares) y, como no, hay docentes realmente malos. Sí, al final todos van a cobrar lo mismo y, seguro que los últimos van a vivir más felices porque, un docente malo no es aquel que tiene problemas en el aula; un docente malo puede ser aquel que, en filas ordenadas, imparta su misma perorata curso tras curso.

La inmensa mayoría de docentes usan libro de texto

¿Cuántos docentes no usan libro de texto? ¿Un diez por ciento? ¿Un veinte? Sea como sea y siendo realista… son una ínfima parte de los más de seiscientos mil docentes en activo que, según el Ministerio, imparten docencia en Infantil, Primaria, Secundaria o FP de grado superior. En estos últimos estudios el porcentaje aumenta sensiblemente porque, en muchos módulos, no existe ningún tipo de editorial (no sale a cuenta) que haya publicado material.

El objetivo básico de muchos docentes es acabar el temario

Resulta curioso que, a pesar de la cantidad de contenido que hay, muchos docentes se preocupen exclusivamente de acabar el temario. Sorprende más aún en etapas donde no hay prueba de validación final (léase Selectividad). Por cierto, en muchos casos, acabar temario se asimila a acabar el libro de texto.

Los docentes no se han leído ningún articulado legislativo que les afecta

Son minoritarios los docentes que han leído la LOMCE, LOE o LOGSE. Son muy pocos los que se leen las instrucciones inicio de curso o la legislación que les afecta. La mayoría cree que la legislación es engorrosa y por ello la obvian. Quizás sea por eso por lo que, cada vez que hay problemas, muchos docentes se vean desbordados por haber permitido desconocer lo anterior. Quizás hay mucha normativa y se habría de facilitar pero, lo anterior no exime de tener, como mínimo, curiosidad por conocer lo básico. Una prueba rápida… ¿qué pasaría si preguntamos por la distribución de materias en un centro educativo? ¿Habría algún docente que supiera -y eso que se tienen los horarios- las horas que se imparten de cada materia?

La mayoría de docentes desconoce lo que sucede en innovación educativa

Me importa un pimiento si hay verdadera o falsa innovación. Lo que resulta inconcebible es que los docentes no sepan qué estrategias educativas se están potenciando ni tan sólo el fundamento de las mismas. Reto a cualquiera que pregunte por Freinet, Illich o flipped classroom en su centro educativo. A la de… ¡ya!

Tengo claro que la docencia no ha cambiado en las últimas décadas. Los docentes, más allá de la ropa o, quizás, de tener un teléfono móvil en el bolsillo para enviar whatsapps, recibir comunicaciones del centro por correo electrónico o, tener un ordenador para conectarse a internet siguen, en su mayoría, anclados en prácticas que ya vivían como alumnos. No digo que lo anterior sea malo pero, resulta curioso que el futuro deba estar gestionado y enfocado a vivir en el pasado. Uno es resultado de lo que ha sido pero… ¿y si nos planteamos que los alumnos vivan algo diferente a lo que vivimos nosotros? Quizás, entonces, en un futuro los que se dediquen a la docencia podrán tener un presente, producto de su pasado, diferente y, por tanto, podrán hacer cosas diferentes para que sus futuros alumnos sean diferentes a lo que ellos fueron.

Antes de finalizar este artículo me gustaría aclarar que, a lo mejor, las cosas no son tan claras. O, quizás, como digo siempre, la claridad de las cosas siempre depende de la limpieza de los cristales de las gafas con las que uno las mira 🙂

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