Algunas cosas que puedes hacer como docente mientras tus alumnos hacen un examen

En primer lugar recomiendo encarecidamente que no uses un examen como mecanismo de evaluación. Es poco sano, pervierte el objetivo del aprendizaje y, por desgracia, te vas a ver abocado a la ruina pedagógica por no ser de los más guays del mundo mundial. Es por ello que, si por desgracia te has visto impelido a ponerlo o, tu religión te impide encontrar otro método para taxonomizar a tus alumnos -algo totalmente lícito-, te voy a dar unos consejillos acerca de qué puedes hacer mientras tus alumnos se enfrentan a esa hoja llena de preguntas u operaciones que, siendo sinceros con nosotros mismos, también odiábamos cuando estábamos al otro lado.

Fuente: Flickr CC

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El problema es que la mayoría de mis recomendaciones o estrategias para afrontar, con posible éxito, esas horas aburridas en las que sólo oyes algún escape de metano de procedencia desconocida, ves cómo algunos intentan copiar haciendo más o menos ruido (sí, cuando se dedican a sacar hojas es un suplicio aguantarte las ganas de resolverle ya directamente el examen al pobre alumno) y, te hartas de sentarte y levantarte para ir a dar largos paseos por el aula, es que no son muy educativas. Pero, coño, el profesor tiene que tener algunos privilegios.

Una cosa que puede hacerse es cogerse el periódico de la sala de profesores y disfrutar de su amena lectura mientras esperas que suene el timbre. Ya, ahora no queda tan bien y, por desgracia, el periódico cada vez es más penoso como herramienta de comunicación o transmisión de información. Pero bueno, también sirve para no tener que levantarte a resolver dudas y evita el problema de tener que ver cómo alguno de los susodichos personajes que tienen delante copia con fruición. Sí, taparse la visión con un periódico es fantástico. Y, por favor, nada de agujeritos para espiar. Que lo de espiar está muy feo.

Si uno ya quiere ir un paso más allá puede cambiar periódico con móvil. Además con la ventaja de que el móvil puede permitirte soñar con un viaje a una playa paradisíaca, buscar una novia rusa o apadrinar a un tío (sí, yo ya me entiendo) y, cómo no, jugar al Candy Crush. Que el Candy Crush mola aunque, por desgracia, en una hora de examen es más que probable que se te acaben las vidas y te joda el asunto. Eso sí, siempre quedará Facebook, Twitter y Whatsapp.

También queda la opción de la operación bikini. Sí, ya sabemos que queda muy mal ponerte a hacer flexiones o traerte unas pesas para ponerte guapo o guapa pero siempre queda la opción de recorrer unos cientos de veces el aula. Una hora da para mucho y la cantidad de calorías que uno quema si se dedica a hacer de Correcaminos es considerable. Adiós barriguita, bienvenido cuerpo escultural y trabajado.

Hasta ahora todo bastante permitido. Y no, no he incluido el café y las pastitas porque ya sabemos que no queda muy bien. Bueno, el cafelito y si además pides a un alumno que te lo traiga no está nada mal mientras estás pensando en cómo no deprimirte al tener que corregir esos exámenes que por tu inconsciencia obligas a hacer a tus alumnos. Piensas en lo gilipollas que eres al ver las horas que tendrás que pasar usando bolígrafos más o menos coloridos o deprimentes para poner un triste número arriba de eso que han perpetrado tus alumnos. ¿Dónde están los becarios cuando se los necesita?

Antes de que nos entre la depresión ya queda tomar medidas drásticas. Sí, ganas de hacer saltar la alarma de incendios no te faltan para salir huyendo de esa aula. Es por ello que conviene, si lo anterior no funciona y las manecillas del reloj avanzan más lentas de lo que debieran -sí, no sé cómo puede ser que cuando pones un examen ese día el tiempo vaya mucho más lento de lo habitual- plantearse cambiar la sesión de cerveza y tapa por meditación. Bueno, llamémoslo mindfulness, que mola mucho más. Las ganas de ponerte encima de la mesa diciendo ooommmm aumentan cada minuto que estás sufriendo en silencio. Y ya si tienes hemorroides y no te permiten traer el flotador de casa, ya ni hablamos.

Debo reconocer que, más allá de estrategias habituales como las que he comentado anteriormente, pedir que, por favor, si hay vida inteligente en otro planeta -en éste ya es complicado el asunto- te abduzcan y, volver a repetirte que jamás volverás a flagelarte poniendo una prueba escrita a tus alumnos, poco puede hacerse. Bueno, queda el tomárselo con mucha filosofía. Sí, pero de esa que no aparece en el currículum y que nadie te ha enseñado jamás. Finalmente, recuerda que el examen para un docente sólo se acaba cuando lo corriges y entregas las notas a tus alumnos 🙂

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