Adictos a evaluar

Hay una parte del colectivo docente enganchado a la evaluación. Sí, cada curso por estas épocas, vemos como hay docentes que se “pegan” por conseguir ser elegidos para ir a corregir exámenes de Selectividad o, en el caso de oposiciones docentes, formar parte de sus tribunales. Lo anterior tiene difícil cura porque, curiosamente, la evaluación -más bien los exámenes- se convierten en una droga en vena demasiado difícil para que algunos se desenganchen de la misma.

Fuente: http://www.educapamplona.com

Fuente: http://www.educapamplona.com

No entiendo, desde mi limitada perspectiva, la necesidad imperiosa de participar en todos los festivales evaluadores. No entiendo tampoco el plantear como objetivo básico de nuestra profesión el gestionar, cada vez con mayor profusión, exámenes y notas. Sinceramente, me siento fuera de juego. O, quizás, a mí me interesan otro tipo de juegos no tan fáciles de calificar y con más sentido que corregir, de forma neutra, el resultado de un examen puntual sin conocer previamente a los alumnos u opositores.

Cuando a algunos nos cuesta evaluar a unos alumnos con los que llevamos meses trabajando resulta que, por suerte, hay docentes capaces de realizar evaluaciones objetivas (u objetivables) basándose en un triste folio en blanco relleno de garabatos o, mediante la escucha de la exposición de un opositor que, seguramente, estará más nervioso de lo que lo estaría en un contexto más adecuado. Porque, no lo olvidemos, las evaluaciones descontextualizadas sólo dan lugar a malos entendidos y a sesgos numéricos que, en demasiadas ocasiones, poco tienen que ver con la capacidad/habilidad de los que realizan esos exámenes.

Sinceramente, reconozco que no he conseguido hallar el método infalible y efectivo para evaluar de forma objetiva. Al final, por desgracia, siempre me ha tocado optar por el mal menor. Algo que, por suerte, me permite hacer la observación directa de mi alumnado a lo largo de todos estos meses en los que les ha tocado padecerme. Una observación que no siempre se ve plasmada en su trabajo de aula pero que, por suerte, permite disponer de más datos que un simple examen. Exámenes que hace tiempo desterré de mis aulas que, lo único que hacían, era ocupar espacio en unas cajas del Departamento hasta que, al cabo de un par de años, iban a sumarse al combustible de la hoguera de San Juan.

Admiración y respeto a partes iguales desde este post a aquellos que, por suerte, tienen la habilidad de ser juez y jurado teniendo a su disposición tan sólo el resultado final de algunas personas. Por desgracia algunos no la tenemos y, es por eso, que optamos por mantenernos al margen de las candidaturas para evaluar la Selectividad o promovernos a jueces voluntarios de una oposición donde hay, seguramente, docentes mucho más capaces que uno.

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