25 sombras del sistema educativo

No es porno, es algo peor. Basándome en la novela de la Corín Tellado del siglo XXI y, a falta de una mejor inspiración para un título menos vulgar que el elegido, me pongo a situar en una lista aquellas veinticinco (sí, cincuenta se me hacía demasiado largo) sombras que existen, a mi entender en el sistema educativo. Sombras que, lejos de ser eróticas, se convierten en una mezcla de realidad incómoda y novela de terror. Así pues, vamos a ello.

Fuente: http://www.que.es

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1. Los exámenes tipo test autocorregibles. Sí, una sombra de objetividad que, tomando valores decimales (mayor calidad es mayor número de decimales), permite inferir el aprendizaje de nuestros alumnos.

2. La asignatura de religión. Nadie sabe por qué en un Estado supuestamente aconfesional existe dicha asignatura pero, más allá de desaparecer, su sombra se alarga mande el gobierno que mande.

3. Las programaciones. Sí, una sombra importante del sistema son las programaciones. El intento subjetivo de temporizar un curso sin saber nada de tus alumnos ni, mucho menos, de cómo van a ser las circunstancias personales.

4. Los libros de texto. En formato papel o digital y usados como sanctasanctórum por demasiados tienen una sombra pérfida y muy difusa.

5. Las pruebas de competencias básicas. ¿Alguien sabe realmente qué son las competencias básicas o de dónde han salido?

6. La legislación educativa. Ponga un Ministro en su vida, cambie el articulado legislativo. Por suerte casi nadie lo lee y, más allá de reducir o aumentar horarios lectivos de determinados chiringuitos, motiva realmente poco.

7. La paga extra. Algo que pocos docentes están viendo los últimos años y que, más allá de sentir su aliento en el cogote, se ven obligados a dejarla pasar dirección Andorra o Suiza.

8. La meritocracia. La verdad es que el mérito está derivando últimamente al dedo. Dedos mágicos, más o menos lustrosos, con diferente grado de sensación de tocamiento. ¿Tocados por un ángel? No, tocados por el “jefe” o la “jefa”.

9. El bilingüismo (o trilingüismo). Un ismo maravilloso basado en aumentar las horas de inglés para aprender menos inglés que nunca. Porque el bilingüismo pone mucho a los padres pero muy poco a la realidad educativa que, por desgracia, se empecina de ser muy terca.

10. El dospuuntocerismo ilustrado. Ponga una tableta y deje volar la imaginación. Bueno, si vuela hacia los bolsillos de algunos y permiten que otros vivan de lo anterior… bonita maravilla.

11. Los conciertos educativos. Pague al personal y el mantenimiento de las instalaciones con el dinero de todos para un sistema educativo donde sólo, salvo honrosas excepciones, pueden ir unos cuantos.

12. La marea verde, amarilla o multicolor. Una camiseta, a llenar calles y el gobierno a cambiar las políticas educativas por la presión. Sí, es un chiste y lo sabes.

13. Los sindicatos. Existen, deberían funcionar pero, salvo excepciones, sólo se preocupan por su propio mantenimiento. ¿Los botamos y hacemos algo nuevo más molón?

14. Las asignaturas. Se dividen en tres clases: buenas, bonitas y baratas. Más allá de lo anterior van a depender de las ideas carajilleras del político de turno o de la presión de determinados colectivos. ¿Alumnos? Eso qué es.

15. Las elecciones. Unos botan, otros potan y, finalmente, algunos deciden. Votar es necesario y, en estas que vienen puede ser algo imprescindible para la mejora educativa. Tiempo al tiempo para celebrarlo con un buen cava catalán (vale sidra asturiana, manzanilla andaluza o vino de Castilla).

16. El gin-tonic. Qué haríamos sin el alcohol que ilumina gran parte de las decisiones educativas. Bueno… no sólo el alcohol.

17. Los timbres. ¿A qué alumno o docente no le pone el timbre de finalizar la jornada escolar? A mí sí, y mucho 🙂

18. Los centros que funcionan solos. Mucho centro autogestionado al margen de políticos y equipos directivos. ¿Se puede pedir más que una desidia como la anterior? Además, curiosamente, son los que funcionan mejor.

19. Las PDI. Dedicar un punto a las PDI es imprescindible. Qué dinero tan bien gastado. Por favor, no dejemos de innovar.

20. PISA. Para algunos llamados las pruebas “Telepizza”. Ponga ingredientes, una organización cuyos intereses económicos son incuestionables y unos gobiernos que se empalman cuando les miden. De ahí las maravillosas e imprescindibles pruebas que, a día de hoy, aún no sé lo que miden.

21. Los 3+2 (4+1, 3+4,…). Hacer huelga por unos números. Nadie entiende que debemos subvencionar a las paupérrimas Universidades. Que estudiar debe ser sólo para los ricos. La mano de obra a precio de costo.

22. Los gráficos educativos. Ponga un personaje al que le guste el onanismo gráfico y ya tiene usted distraído al personal. Y si es con colores… ¡el no va más!

23. Los uniformes escolares. Fáciles de lavar con la gran ventaja que, como madre (sí, lamentablemente aún son pocos los padres que se encargan de vestir o lavar la ropa de sus hijos), ya sabes qué ponerle a tu hijo. Regímen donde nadie destaque y así poder tener a los chavales uniformizados. Lo próximo, el mismo peinado. Para ejemplo… Corea del Norte. ¿Quién no quiere un peinado como Kim Jong-un.

24. Reuniones improductivas. ¿Qué docente no quiere pasar parte de su tiempo con sus compañeros discutiendo sobre temas banales? La mejor terapia y, además, gratis. Reuniones al peso.

Por cierto, la última sombra la dejo a vuestra disposición en los comentarios. Porque yo, sinceramente, ya no me atrevo a escribir más despropósitos.

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