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20 cosas que cada docente debería hacer

Tengo pendiente un reto acerca de escribir 10 artículos en dos horas en este blog (¡no me han puesto como requisito que sean sobre temas educativos!), con un mínimo de 400 palabras, para poder ganarme una paella. Los que me conocen saben que, tanto por horchata como por paella soy capaz de cualquier cosa. Más aún siendo catalán, amante de ambos productos y con algún alelo de esos raros que tengo en mi interior.

Pero no. Hoy no va a ser el día del reto. Estoy pendiente de que acabe la lavadora para tender la ropa y, sinceramente, aunque hoy tenga muchas ganas de escribir, tengo muchas más ganas, una vez se haya despertado el personal de la siesta, de salir a pasear tranquilamente. Eso sí, ello no obsta a que, a lo mejor hoy recibís algún artículo de más los que estáis suscritos o los que tenéis la mala suerte de leerme. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos ni posibles. Eso sí, ahora me voy a embarcar con el segundo de hoy aunque, ya os digo, que más que nada es para desembozar cosas pendientes que tenía previstas compartir con vosotros. O, simplemente, contestaciones en algo más de doscientos ochenta caracteres a algo que van diciendo por X. Por cierto, os adelanto que, cuando no me vea mi mujer (¡que me lo ha vetado, por decirme que ya soy machucho!), a lo mejor me pongo a darle vidilla a Instagram. Nada, ya se verá.

Dentro de las cosas que me apetecía compartir con vosotros está el cuadro de David Wees con las 20 cosas que cree que deberían hacer los docentes (enlace). Un cuadro que da permiso para compartir, traducir y adaptar libremente. Y que, más allá de colgároslo, voy a traducir a continuación. No he hecho un cuadro nuevo porque, siendo sinceros con vosotros, estoy un poco harto de traducir cosas de terceros. Pero, ¡es que lo has traducido!, diréis algunos. Pues sí, lo he hecho pero en otro formato. Bueno, yo qué sé. No me pidáis explicaciones ni busquéis tres pies al gato que, al final, los acabaréis encontrando.

Fuente: David Wees

Después de colgaros el cuadro he estado tentado de dejar que busquéis vosotros la traducción en Google pero, sabiendo que hoy han matado a un montón de gente que todavía respira en las noticias, indexadas por ese buscador, no me atrevo a recomendároslo. Menos todavía cuando el traductor te permite traducir “paella con chorizo” y no saca un aviso de que eso es algo que atenta contra los derechos humanos. Pero bueno, dejémonos de tonterías, y voy a esa traducción.

  1. Escuchar más al alumnado más que hablar. Bueno, no puedo resistirme a dar mi opinión. Yo creo que tenemos que escuchar al alumnado, pero eso tampoco significa pasarse el día escuchando. Con lo bonito que es contar cómo se obtiene la celulosa y para qué sirve. Con lo maravilloso que es decir… Kevin, ¡cállate!, Julia, ¡apaga el p… móvil! o, simplemente, Pepe, ¡deja de tocar esa parte inferior de mi anatomía!, para qué callar.
  2. Recopilar pruebas cada día sobre lo que cada uno de sus alumnos ha comprendido. A ver quién no puede recopilar, en caso de tener cinco horas de clase y treinta alumnos en cada una de ellas, lo que han hecho, en caso de Tecnología (ya veis que hoy barro para casa), cada uno de ellos. Esto de no poder saber qué han comprendido 150 alumnos el lunes para, el próximo día de clase saber en qué ha fallado cada uno de ellos, es de mal docente. Ahora en serio. A lo mejor tenemos algún desdoble y no son tantos o, a lo mejor tenemos algo menos de 100. Cómo no vamos a saber qué han aprendido cada día. A ver, ¿qué somos? ¿Docentes o tirillas? ¡Docentes!¡Docentes!… bueno, tampoco nos vengamos arriba.
  3. Aprender algo nuevo cada día. Quién no aprende algo nuevo cada día que da clase. Se aprende que hay diferentes metodologías para sacar mocos, nuevas estrategias para las chuletas, cantantes que no conocías o, incluso puedes llegar a saber, en determinados grupos, a qué precio van ciertos productos con los que ellos, antes de ingresar en el trullo, van a conseguir comprarse su Lambo.
  4. Convertirse en un experto en las diferentes formas de entender cada tema que se enseña. Reconozco que, conforme van pasando los años, cada vez se es más experto en hacer puentes con pajitas, construir tangrams o saber de memoria los colores de las diferentes instrucciones de ese gatito mierdoso y antipático que aparece en Scratch. Ahora en serio, conforme pasa el tiempo cada vez nos volvemos más expertos en lo nuestro aunque, después de tantos cursos de inteligencias múltiples o mindfulness, reconozco que cuesta. Bueno, lo que sí que cuesta es saberse el nombre de miles de alumnos que han pasado por tus manos. El señor alemán hace estragos entre los docentes.
  5. Seguir el horario de un alumno a lo largo de todo el día. Yo la verdad es que no veo a Paqui, a punto de jubilarse, seguirle el botellón en Fallas del Jose. Ni el de la Maripili. Se lo diré a Paco. ¿Paco, puedes seguir todo el día, como si fueras un detective privado encargado de buscar al amante de la jefa de estudios de nuestro IES, al Yonatan? Lo sé. Conseguiríamos una plaza orgánica más en el centro por fallecimiento, pero es que al Paco y a la Paqui se los quiere. Además, ¿qué harían sus nietas sin que las malcriaran? No seamos malos.
  6. Utilizar diversas modalidades con todos el alumnado para que experimenten la asignatura de distintas maneras. Esta sí que sí. Un must en toda regla. ¿He dicho must? Joder, ahora solo me falta decir en plan o crush y ya la hemos liado. Cómo entiendo que cada vez se preste menos atención a la hortografía. ¿Lo has escrito con hache? Pues sí. Soy la RAE y escribo cómo quiero.
  7. Establecer y mantener normas y rutinas en el aula. A ver cómo os lo diría. No se pueden mantener normas y rutinas en el aula porque el alumnado necesita expresarse en liberad. Cómo podemos censurar un pedo sonoro. Cómo podemos censurar que alguien tire un masclet en la papelera. Cómo podemos hacer que un alumno esté sentado durante una hora. No son los remeros de las galeras. Son alumnado. A ver cuándo algunos se enteran. Es que ya está bien. La culpa es de los que no entendéis que las normas son para pasárselas por el forro. Putos rancios.
  8. Proporcionar a los alumnos información clara, práctica, oportuna, coherente y orientada a objetivos. Misiones imposibles no. La LOMLOE ni es clara, ni práctica, ni oportuna, ni coherente, ni está orientada a más objetivos que el conseguir el orgasmo de alguno de los pseudoliteratos que hay tras su redactado. Así pues que alguien me explique cómo podemos hacer buñuelos sin harina. Lo sé. El símil viene muy cogido por los pelos pero qué le vamos a hacer. Mi mente a estas alturas de post no da más de ella. Bueno, nunca ha dado mucho.
  9. Colaborar con otros docentes para estudiar y mejorar nuestra práctica. ¿Me podéis explicar cómo se puede colaborar con un compañero vegano? A ver, es que hay compañeros que no les gusta la paella. Si no les gusta la paella es imposible sentarse frente a una para debatir acerca de educación. Y así es imposible. Es que es investigar un poco y descubrir que aquellos que defienden el DUA no beben cerveza y les gusta el reggaeton. Así es imposible colaborar con ellos. No se puede. Y si queréis os lo escribo en mayúsculas. NO SE PUEDE. Ya, las mayúsculas no aportan nada, pero me apetecía escribir en mayúsculas algo que no fuera el DUA.
  10. Convertirse en un experto en las formas en que los estudiantes suelen comprender tu asignatura. Pero si no comprenden nada. Si les estoy hablando de dividir y me vienen con un método que les han explicado antes que, al menos para mí, no tiene ningún sentido. Y me dicen que se llama ABN y que es lo más innovador. Cómo puedo ser un experto en algo si no sé ni tan solo qué lenguaje están hablando los alumnos. Y prometo que lo intento. Me he comprado (o más bien pirateado) una licencia de innovamat a ver si entiendo algo. Necesito un traductor ya. Y si es masajista muchísimo mejor.

Llevo diez cosas y se me ha ido completamente la pinza. Me quedan diez más y ya ha sonado la lavadora diciendo que tengo que ir a tender. Supongo que entenderéis que lo primero es lo primero, y me interesa mucho más no llevarme bronca doméstica que seguir escribiendo el punto once. En esta vida hay prioridades. Y eso es algo que la experiencia te dice cuáles son.

Lo siento. Os quedáis con las ganas de la brillante traducción de Jordi. No os quedará otra que acudir a vuestro buscador favorito o tirar de aquel compañero docente que se sacó el B2 en ciertos sitios y que sabe decir ¡my taylor is rich! mientras descubre que las rayas y los cuadros no combinan demasiado bien. Todos tenemos alguno de ellos. Y si no lo tenemos, al igual que hacen otros, nos lo inventamos.

Un abrazo y prometo que mi intención no era escribir algo así. O quizás sí. Chi lo sa.

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