Los docentes deben ser exterminados. No lo digo yo, lo dice a diario la OCDE y los principales medios de comunicación. Cobran mucho, tienen demasiadas vacaciones y son responsables del fracaso escolar. También lo son de la extinción de los dinosaurios, del sarampión, los accidentes de tráfico, la impotencia y de la muerte de Chanquete. Y no nos olvidemos de su última maldad, el bombardeo de una determinada refinería para que suba la gasolina. Es que son lo peor y, por ello, aquí os ilustro con algunas formas de liquidar a esos vagos y maleantes (por no decir otra cosa al estar aún, y también por culpa suya, en horario infantil).

Fuente: Wikimedia

El principal método para cargárselos es dispararles a bocajarro. El problema es que, con la mala puntería y con la dificultad de adquirir un arma, por culpa de las excesivas regulaciones en nuestro país, siempre podemos fallar. Y, posiblemente, si es el de Educación Física, posiblemente se nos escape corriendo. Así que, propongo una alternativa bastante más fiable: un pelotón de fusilamiento, con remate final de tiro en la nuca a la mínima duda de supervivencia.

Como alternativa para pobres o catalanes sin ganas de gastar en balas, queda la opción tradicional de la lapidación. Eso sí, siempre procurando que estén en una fosa para que no se nos escape ninguno. Como bonus track les podemos tirar aceite hirviendo. Eso sí, del malo. No vayamos a desperdiciar el aceite de oliva con esa bazofia.

Las cámaras de gas también son una alternativa válida pero, al precio que va el gas, o los apelotonamos igual que tienen a los alumnos en sus clases o no sale a cuenta. Eso sí, efectivo el método lo es un rato. Es que, como todos saben, los nazis si eran expertos en algo no era precisamente en educación.

Existe una opción más cruel para aquellos que tuvieran malos recuerdos de su etapa como estudiante: la de enterrarlos en vida. Si alguno tiene amigos que trabajan en el asfaltado de carreteras, con horarios infumables a cincuenta grados, puede usar como alternativa el alquitranado. Lo de la cal viva también es una alternativa. Eso sí, a ver si procuramos no dejarlos a la vista, no vaya a ser que sus descendientes, pasados unos años, se empeñen en buscarlos.

Inocularles algún virus mortal tampoco estaría nada mal. Seguro que hay alguno más efectivo que el ébola. Lo del gas nervioso creo que también podría ser una buena alternativa. Lo de la cicuta o alguna bebida con arsénico no es muy innovador, aunque como lo importante es que funcione, es una alternativa a tener en cuenta.

Lo de los instrumentos de tortura lo descarto por motivos obvios. No sea que a alguien se le ocurra arrepentirse y se acuerde del docente que le enseñó a leer, el que se lo llevó de excursión o al que le confesó que le gustaban los chicos y, gracias a la comprensión del mismo, pudo salir del armario y estar felizmente conviviendo en la actualidad sin ningún trauma. Eso sí, si se les rompen los huesos y, posteriormente sin dejar tiempo para pensar, se les da un mazazo en la cabeza… creo que puede ser una alternativa válida. Va, la añadimos pero cuenta solo como una porque se necesitan ambas. Bueno, valdría solo la segunda: a martillazo limpio.

El atropello también funcionaría. Al igual que, posiblemente, también lo haría el ahogamiento con un peso en los pies o envueltos en un saco, el ahorcamiento, apuñalamiento,… y un largo etcétera de alternativas más o menos rebuscadas.

Tan solo doy 19 alternativas. Es un número interesante y además se me acaba la imaginación. Eso sí, procurad hacerlo bien, porque tan solo que quede uno es capaz de ponerse a adoctrinar en cascada y volveríamos a las mismas en poco tiempo. Así que, a ponerse las pilas. Que no quede ninguno.

Creo que toca matizar que el post es totalmente irónico. Lo que no es irónico es la campaña de acoso y derribo contra los docentes. Y eso, por decir algo, empieza a ser preocupante.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener el blog, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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